23.9.09

G-20: un año después del "crack"



Justo cuando se cumple un año del estallido de la “gran crisis”, el G-20 afronta su nueva cumbre en Pittsburgh. Este tercer round, después de los encuentros de Washington y Londres, llega en medio de una intensa cháchara desplegada por los principales gobiernos acerca del fin de la crisis. El coro de voces es claro: lo peor ya pasó, la recuperación se aproxima y enfilamos la recta final. Asunto concluido. Y dentro de poco tiempo, business as usual. Quizá, en el fondo, la cosa no era tan grave. La realidad, sin embargo, es bien distinta. Como señala el economista francés Michel Husson: “Suponer que la recesión pueda ser borrada por una minirrecuperación es no ver más allá de la punta de la nariz (…). Los próximos meses verán, pues, ponerse en marcha un nuevo bucle recesivo alimentado por dos mecanismos que no actúan aún. En primer lugar, la demanda salarial va a acabar por estancarse debido a la bajada del empleo y el bloqueo de los salarios. A la vez, las medidas destinadas a reabsorber los déficits presupuestarios van a anular progresivamente el efecto de arrastre de los gastos públicos y sociales sobre la actividad económica. Tenemos, al contrario, ante nosotros varios años de crecimiento deprimido y de medidas de austeridad destinadas a enjugar los planes de relanzamiento”.

A pesar de la retórica grandilocuente de la anterior reunión del G-20 y su pompa escenográfica, las medidas adoptadas durante este año por los principales gobiernos del mundo han buscado transferir el coste de la crisis a los sectores populares, socializar pérdidas y apuntalar los cimientos del modelo económico, sin cambios significativos del mismo, más allá de la corrección de algunos “excesos” negativos desde el punto de vista del propio funcionamiento del sistema. Contrariamente a algunas ilusiones, a menudo sacadas de lecturas poco sólidas de los años treinta y haciendo abstracción de las diferencias de contexto, no ha habido giro neokeynesiano alguno. La crisis, como indica el filósofo Daniel Bensaïd, “es también, aunque no guste a los profetas de la salida de la crisis gracias a los prodigios de un New Deal verde, una crisis de las soluciones imaginadas para superar las crisis pasadas”. Bajo el impacto del shock del hundimiento de Wall Street y las medidas de rescate bancario, algunas voces desde la izquierda hablaron hace un año de forma excesivamente optimista del “fin del neoliberalismo”. Lo acontecido ha sido distinto. El neoliberalismo ha sufrido una crisis de legitimidad muy profunda y las falacias y contradicciones del discurso neoliberal han quedado más descubiertas que nunca. Pero esto no significa que las políticas neoliberales estén enterradas, ni que la salida a la crisis haya comportado una ruptura con el paradigma neoliberal, ni la adopción de medidas favorables a los intereses populares. Para ello haría falta construir otra correlación de fuerzas entre capital y trabajo. No habrá reformas espontáneas desde arriba sin más.

La incapacidad para arrancar cambios significativos en las políticas dominantes se explica fundamentalmente por la debilidad de la respuesta social frente a la crisis. El desfase entre el malestar social y el descrédito del actual modelo económico y su traducción en movilización colectiva es claro. Las respuestas a la crisis, sobre todo en los centros de trabajo, son limitadas, eminentemente defensivas, de poco alcance, y la mayoría, con algunas excepciones, han terminado en derrotas. Esta dinámica es favorecida, además, por la política de concertación de los grandes sindicatos. Ante un contexto de crisis, las reacciones de los sectores populares pueden estar dominadas por el desánimo, el miedo y el egoísmo, o por la rabia ante la injusticia, la movilización colectiva y la solidaridad. Pueden orientarse hacia opciones progresistas y de izquierda o girarse hacia alternativas populistas y reaccionarias. A pesar de la tibieza de la respuesta colectiva ante la crisis no hay que sacar de ello conclusiones pesimistas o prematuras. Conviene recordar, por ejemplo, que después del crack de 1929 el movimiento obrero norteamericano tardó cuatro años en responder, pasar a la ofensiva y sacudir el panorama político y social del país. Estamos, pues, todavía en una primera etapa. Las promesas de moralización del capitalismo entonadas desde hace meses y las proclamas recientes de que lo peor ya pasó tienen en común el intento de negar el carácter sistémico de la crisis y de evitar que la misma abone el cuestionamiento del propio sistema económico. Nicolas Sarkozy lo señalaba bien claro hace un año en su discurso de Toulon, justo después de la debacle de Wall Street: “La crisis financiera no es la crisis del capitalismo, es la crisis de un sistema alejado de los valores fundamentales del capitalismo a los que, en cierto modo, ha traicionado. Quiero decírselo claro a los franceses: el anticapitalismo no ofrece ninguna solución a la crisis actual”.

¿Seguro? En realidad, la crisis económica, transformada en grave crisis social, en conjunción con la crisis ecológica, energética y alimentaria plantea con más fuerza que nunca la necesidad de una ruptura con el actual orden de cosas. Sin duda, el anticapitalismo aparece hoy como un doble imperativo, moral y estratégico, insoslayable. Lo vamos a recordar estos días desde las calles de Pittsburgh.

Josep Maria Antentas

Josep Maria Antentas es Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona

Ilustración de Mikel Jaso

Fuente: Dominio Público

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Estadios del terror


La voz de Radio Liberada, casi un susurro en su transmisión por Internet, denuncia desde algún lugar oculto de Honduras: “El estadio Chochi Sosa nos recuerda al Estadio Nacional de Chile. Y nos pone la carne de gallina”. La dictadura de Roberto Micheletti comenzó a utilizar desde ayer dos campos deportivos de béisbol en Tegucigalpa –el otro es el Lempira Reyna Zepeda– como lugar de detención para los partidarios del presidente Manuel Zelaya. Militantes de organismos de derechos humanos y familiares estimaban anoche que en el primero había entre 150 y 200 personas alojadas.

Curioso destino tiene este tipo de escenarios en la nación centroamericana. El 27 de enero de 2006, el mandatario ahora asilado en la embajada de Brasil asumía su cargo en el estadio Nacional de fútbol de la capital hondureña. Y el Chochi Sosa, hoy utilizado como campo de concentración, también era empleado para festejar con varios espectáculos musicales la asunción de Mel.

Zelaya, como séptimo presidente consecutivo desde el retorno de la democracia a Honduras, inició su gobierno en aquel estadio rodeado de dos mil militares y policías. Los mismos que en estas horas reprimen a sus seguidores en varios puntos del país. El Chochi Sosa, donde se encuentra el grueso de los detenidos, está ubicado en la Villa Olímpica, al oriente de Tegucigalpa. Las denuncias coinciden en que allí se separó en dos grupos a los arrestados. Alrededor de 60 fueron acusados de sedición y protesta ilegal. Y el resto por violar el toque de queda. Entre los primeros se encuentra Melvin Ortez, dirigente estudiantil del Frente de Reforma Universitaria (FRU).

En 2008, al estacionamiento de ese estadio de béisbol fueron a parar varios vehículos transformados en chatarra. Los medios de comunicación opositores a Zelaya lo acusaban de haberlos enviado hasta ahí porque molestaban en el parking de la Casa de Gobierno. Un año más tarde, son personas las que el gobierno de facto de Micheletti trata como chatarra encerrándolas en el Chochi Sosa y en otro estadio que está en pésimas condiciones.

Se trata del viejo campo de béisbol Lempira Reyna Zepeda, que a principios de este mes el diario El Heraldo describió así: “...no luce sus mejores galas: las graderías con capacidad para más de 6 mil aficionados están destruidas, las cabinas de radio son un nido de ratas, la malla está deteriorada, los baños son muy pequeños y la pintura casi ni se distingue”. La nota se titula “En peligro de ser demolido el estadio Lempira Reyna”. Un número indeterminado de militantes movilizados contra el régimen hondureño fueron alojados en ese lugar y se desconoce en qué condiciones se encuentran.

El recuerdo del Chile de Augusto Pinochet está muy presente en las emisiones de Radio Liberada. Se nota que sus voces, desde la clandestinidad, conocen muy bien la trágica historia de ese escenario que fue utilizado como centro clandestino de detención y torturas después del golpe del 11 de septiembre de 1973. La transmisión que se escucha con total nitidez también mencionó al célebre Cilindro de Montevideo, un estadio de básquetbol que la dictadura uruguaya transformó en lugar de detención. Ahora es Honduras el que sigue con esa tradición golpista copiada a los militares sudamericanos. A cielo abierto, bajo un sol impiadoso, los detenidos son depositados sin que, en muchos casos, se sepa qué ocurrirá con ellos.

Gustavo Veiga - Pagina 12
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Gustavo López: “Lo importante es que la ley se apruebe”


Interventor del Comfer durante el gobierno de Fernando de la Rúa, desde donde trabajó en la elaboración de un proyecto de ley de medios, en 2001, Gustavo López insiste en la necesidad de una ley de medios adecuada jurídicamente y apta para la incorporación de las tecnologías futuras.

1. Uno de los puntos más polémicos es la autoridad de aplicación. A pesar de los cambios, la oposición sigue sosteniendo que hay demasiado control del Ejecutivo.

Eso no es cierto. Se cambió por un proyecto en el cual el Ejecutivo tiene minoría y el Parlamento es la fuerza mayoritaria, además se incluyó a dos representantes del Consejo Federal.


2. Justamente, una autoridad bicameral era lo que usted planteó en 2001, cuando era interventor del Comfer.

Efectivamente, es muy similar. En ese entonces, habíamos planteado la necesidad de introducir la mayoría parlamentaria dentro de la conducción ejecutiva del órgano, con tres representantes del Ejecutivo y dos del Legislativo. Ahora, pretender que quien gobierna no tenga mayoría en ese órgano es desconocer el sistema democrático. Critican la presencia de representantes del Consejo Federal cuando ni siquiera sabemos quiénes van a ser. Además, estamos hablando de dos representantes que deben ser elegidos por un consejo formado por los gobiernos provinciales, universidades, sindicatos y otras organizaciones. Más democrático es imposible.


3. El argumento en contra plantea que quede directamente fuera de la órbita presidencial.

En todos los países del mundo, como Inglaterra, está bajo la órbita del Ejecutivo, porque es un órgano del Ejecutivo. Su función es hacer aplicar la ley.


4. La decisión de dejar afuera a las telefónicas, ¿debe ser leída como una primera derrota?


Nosotros, desde el espacio de la Concertación, habíamos planteado ciertas objeciones y a la mayoría de los bloques parlamentarios les pareció que el asunto debería tener un tratamiento más estricto. Durante la discusión, la Presidenta decidió que fuera el próximo gobierno el que terminara encontrando otra alternativa.


5. Sin embargo, para algunos especialistas, negar el ingreso de las telefónicas es desconocer la dinámica del mercado.


No se puede desconocer que, en unos años, todo va a pasar por el mismo caño. Es más, en nuestro proyecto de 2001 se planteaba el ingreso de las telefónicas en cinco años. Eso quiere decir que, de haber sido aprobado, hubieran ingresado en 2006. Creo que, de todas maneras, la decisión fue sana porque evita cualquier tipo de sospecha.


6. Pero, ¿no hubiera sido mejor aumentar las condiciones de control y regulación?

Lo racional hubiera sido un ingreso restrictivo. Pero también es racional garantizar que esta ley salga y luego, si se quiere, nos sentamos a discutir este punto. Para algunos diarios se quiere controlar a los medios, cuando nosotros estamos intentando avanzar con una ley democrática, con restricciones a la posible formación de monopolios y un desarrollo que tenga en cuenta la convergencia tecnológica.


7. ¿Cree que ahora, finalmente, se podrá?

Justamente lo que digo es que, para poder cambiar completamente, hoy se plantea la ley posible, es decir, la que surja con mayor acuerdo en el Congreso. Por eso, si todos los bloques dicen que “no” a las telefónicas y no hay manera de convencerlos, por ahora, se saca. Cuando la cuestión tecnológica se nos venga encima, volveremos a discutirlo.


8. ¿Considera que hay sectores de la oposición que quieren bloquear el debate a toda costa?

Claro, la oposición por derecha, la UCR, la Coalición Cívica y Unión-PRO, en ningún momento mostraron voluntad de discutir y mejorar aspectos del proyecto.

9. Una de las voces más críticas es la de la diputada Silvana Giudici con quien, de hecho, hace algunos años compartió una iniciativa sobre este tema.

Un proyecto que, hasta hoy a la mañana, todavía no había terminado de ser redactado.


10. ¿Cuenta el Gobierno con una base de consenso lo suficientemente amplia como para poder avanzar con una nueva ley de medios?

Creo que, en general, tiene amplio consenso. Muchos bloques la van a apoyar. Tal vez, en el Senado cueste más y, es posible que con esta campaña feroz, la opinión pública esté dividida. Pero lo importante es que la ley se apruebe. Hace ya veinte años que venimos debatiéndola.


Reportaje de Carolina Keve para la revista Debate



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22.9.09

Honduras: El perverso rostro de los dictadores y sus cómplices...



Los golpistas hondureños van mostrando su verdadero rostro a todos aquellos que aún hoy miran para otro lado o directamente ni les interesa (como la "derecha y humana" autóctona, Mirtha Legrand... que dijo más o menos que "¿A quién le importa lo que pasa en Honduras? Queda tan lejos...").
Brasil le brindó protección al presidente democrático derrocado, Manuel Zelaya y los golpistas mostraron su cara más salvaje al reprimir al pueblo que se concentró en torno de la embajada brasilera. Hubo gases lacrimógenos, palos y disparos. Se habla de 3 muertos, uno baleado y dos ahogados por los gases.
Según Política y Medios, "el presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (CODEH), Andrés Pavón, manifestó que los detenidos en todo el país ya se cuentan 'por millares, hay torturados, gente desaparecida y estamos confirmando la muerte de dos personas'”, y que habrían trasladado a los detenidos al Estadio Nacional de Béisbol, en Tegucigalpa... algo que inmediatamente nos remite al terrorífico recuerdo del Estadio Nacional de Santiago de Chile, durante la dictadura de Pinochet... donde se torturó y asesinó a muchísimos chilenos, entre ellos al músico Víctori Jara.
Todo esto condimentado con el asedio a la embajada de Brasil, a la que le cortaron el suministro de electricidad y agua potable y se habla de que podrían entrar por la fuerza para detener a Manuel Zelaya. Si lo hicieran, sería gravísimo y de consecuencias que no se pueden prever.
Desde el mismísmo momento en que tomaron el poder por la fuerza, Micheletti y la banda de represores y civiles cómplices que lo sostienen, violaron todas y cada una de las leyes hondureñas e internacionales... ¿O queda alguna duda de esto...?
Sin embargo, una y otra vez siguen dando muestras de un cinismo inmundo e insultante... como, en éste caso, el de la vicecanciller golpista, Martha Lorena Alvarado que declaró (sin ponerse colorada) que "el gobierno brasileño "lastimosamente" permitió que Zelaya se dirija a sus seguidores y llame a que las personas violen las leyes (!) y se trasladen a la capital Tegucigalpa, a pesar del toque de queda existente."
Un verdadero asco...!!!
El mesianismo y la ceguera de estos criminales son descomunales. Saben que están aislados, con una población que no ha dejado de movilizarse un sólo día, reclamando el regreso del legítimo presidente de la Nación, y sin embargo (o justamente por eso...) cada día muestran más su bestialidad y desafían a toda la región que los repudia...
Estas bestias finalmente tendrán que irse, no me caben dudas... pero, como siempre, los que habrán pagado el precio más alto por la locura, la ambición y los ideales dictatoriales de civiles y militares (los directamente culpables del golpe y sus cómplices), como siempre será el pueblo...
Sólo puedo decir que me alegra la actitud del Brasil de hoy y la reacción de todos los gobiernos de la región, que rechazaron cualquier tipo de reconocimiento a los golpistas y reclamaron y reclaman la restitución sin condiciones del presidente Zelaya... Y, por supuesto, repudiar a gran parte de la prensa argentina que prácticamente ignoró lo que viene sucediendo en Honduras desde el primer día, salvo pequeños artículos de vez en cuando. O como la CNN que aún hoy, con toda la gravedad de lo que pasa ahora mismo, apenas si lo menciona a la pasada...
Imagino que toda esa "prensa independiente" estaría llenando páginas y páginas de los diarios y miles de horas de pantalla de televisión vomitando falacias y mentiras si en vez de haber sido el gobierno de Lula el que le dió protección a Zelaya, hubiera sido el gobierno venezolano, el boliviano o el ecuatoriano. Ni qué hablar lo que dirían en Argentina si hubiera sido nuestro país el que hubiera tenido esa actitud...
Es que, no sólo son canallas los golpistas, evidentemente...



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21.9.09

Cambiar la pregunta (Por Eduardo Aliverti)


El asunto central potenció una pregunta que no tiene prensa y para la que no hubo ni hay, todavía, respuesta satisfactoria.

Se trata de esa gente que no percibe tener compromiso alguno con el tema. Porque le parece que es así o porque sencillamente no le importa. Gente de esa que se llama “del común”. Y que ni siquiera dispone de una postura preconcebida –de la que ya no la saca nadie– según sea que se posicione frente al Gobierno muy a favor o muy en contra. De modo que no hablamos de esa gente horrorizada por creer que ahora vendrá Hannibal Lecter a comerse periodistas. Ni de esa otra que por asistir a algo así como la caída del Imperio Romano, en versión mediático-criolla, perdió pensamiento crítico respecto del kirchnerismo. Esta gente de la que hablamos es la que, no desde la bronca por cómo le va en la vida –aunque también– sino con la humildad de reconocerse ignorante del tema, o de aspectos que confiesa se le escapan, pregunta por qué carajo tiene que importarle de quiénes son los medios de comunicación, o quiénes podrían manejarlos en lugar de los que están, y cuál es la relación entre eso y sus problemas, dramas o felicidades cotidianos. Y en verdad, no es que hasta hoy no existe una contestación convincente porque no se le encontró el gancho a la vuelta. Es que no hay vuelta para responder, como no fuere un apunte más bien de orden filosófico, moral, político “sólo” muy globalmente.

En primer lugar: aun si se descuenta que el proyecto sobre medios audiovisuales pasará con éxito la Cámara alta y no aparece una Banelco corporativa capaz de torcer la voluntad de algunos senadores... ambiguos, digamos, restará un período impreciso pero siempre largo, muy largo, en el que se reacomodarán las piezas operativas (y más extenso todavía, tal vez, si se cuentan amparos judiciales, impugnaciones parlamentarias, eventuales intentos de la oposición para revocar la ley, etcéteras). Suponiendo que todos esos muros son sorteados, pasará que los nuevos actores sociales, empresarios, culturales, en disposición de acceder a una licencia de radio o tevé, deberán demostrar su actitud y –sobre todo– aptitud para semejante cosa. Y a fin de que lo demuestren, en ese momento de no se sabe cuándo, tendrá que colaborar decisivamente un Estado dispuesto al apoyo concreto. Porque no hay dos tortas publicitarias. Hay una sola. Es fantasioso que podrá repartirse lo que no se genera. O lo que sí se produce pero para seguir distribuyéndolo entre unos pocos. Las radios (que por razones de baratura tecnológica son el gran sujeto del eventual cambio), e incluso los canales de televisión, dan antes pérdidas que ganancias; y no solamente por algunos sueldos estrafalarios, incompatibles con los ingresos de un mercado achicado. Mucho más que un negocio en sí mismo, son un estilete de poder para marcar agenda y obtener otros negocios, colaterales, gracias a la influencia periodística ejercida. En un país pobre como éste no hay lugar para que un nuevo ejército de aspirantes conduzca y administre medios, a menos que el Estado cargue pilas con una política de promoción y subsidios de pymes, cooperativas y combinados de esa naturaleza. E incluso haciendo eso, deberá haber una orientación que segmente las audiencias por rama de gustos y colectivos sectoriales, al estilo de la radiofonía norteamericana, so pena de que los pequeños se devoren entre sí con ofertas de idéntica o similar raíz comunicacional. Si la respuesta a “en qué me cambia la vida según gane éste o aquél” pretende ser técnica, directa, facilonga, mejor dejar de buscarla porque no la hay. Más también: la respuesta es “en nada”, si es cuestión de qué se percibirá, en el andar diario de las clases medias y populares, a corto-mediano plazo. Y hasta en el largo, si no se dan las condiciones apuntadas.

Lo que quizá quepa hacer, entonces, es promover el cambio de la pregunta. Mudarla de “en qué me cambia la vida” a “cómo podría cambiarme la cabeza”. Porque la ley de medios audiovisuales, como debe repetirse sin cansancio y como toda ley, al fin y al cabo, es nada menos pero nada más que una herramienta. El punto es que para tenerla en las manos se debió haber llegado, primero, a un enfrentamiento con los gigantes mediáticos. Y con uno en particular (por los motivos que fuesen, incluyendo desde revanchismos personales hasta el formidable trabajo militante de los imprescindibles que durante años, literalmente, pujaron por construir un escenario mediático novedoso, valiente, provocador). Eso marca un antes y un después en las revelaciones públicas acerca de los manejos e intereses del intocado poder de la “gran prensa”. Como lo señaló con precisión notable el diputado Carlos Raimundi, que no es oficialista, en el comienzo de su intervención parlamentaria, a partir de este proyecto –y, antes, desde la caída del contrato entre la AFA y Clarín– empezaron a circular al aire libre conceptos tales como concentración, monopolio, fijación de estados de ánimo gracias a campañas “periodísticas”, negociados de los medios, empresas desconocidas, testaferros. ¿Acaso no sirvió ni sirve para nada todo eso? ¿Acaso tantos despreocupados y tanto tilingaje no tomaron nota de que estaban viviendo en un tupper, y acaso mucho receloso del proyecto oficial no ratificó que además debe desconfiar de los medios de comunicación que consume, y acaso eso no abre una perspectiva de debate en la que deban contar las operaciones de prensa? ¿No despierta eso que la lucha por la conciencia popular, si es que no por la razón, sea un poco más pareja?

Este último concepto, también acaso, puede parecer soberbio. Pero pensemos si no es más soberbio suponer que el pueblo puede usufructuar razonamiento examinador, si no cuenta con instrumentos informativos. Para el caso, todos los debates y propuestas habidos acerca de la necesidad de derogar la ley mediática de la dictadura, y su reemplazo por una que fugue hacia adelante, tuvieron sede en ámbitos reducidos o ampliados pero jamás transmitidos ni publicados por los grandes medios. Jamás. Fueron congresos, mesas redondas, declaraciones institucionales, proposiciones cajoneadas en el Congreso, charlas en carreras de comunicación, señalamientos gremiales, foros varios. Valiosos. Los medios no tomaron nota. Fueron impermeables. Nunca permitieron que esa discusión transitara por sus vías. Pues bien: no se habrá dado de la manera más prolija y pasa que tiene contornos de conflicto ensuciado, pero resulta que se reveló como la única forma de llamar la atención. De disputar terreno. Y, encima, con un formato de ley ante el que los multimedios se quedaron sin más argumentos que la denuncia política sin sustentación específica. Más una derecha patética a la que sólo le queda discutir aspectos reglamentarios.

¿Me cambia en algo la vida todo esto? No. Pero seguro que me va a cambiar menos que menos si no apunto que el Poder no pasa únicamente por el Gobierno.

FUENTE: Marca de Radio
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19.9.09

¿Quién le teme al Pentágono? (Por Telma Luzzani)



La cumbre de Unasur en Bariloche ha reafirmado su creciente unidad y autonomía regional. La pregunta es quién decide sobre las bases de Estados Unidos en Colombia: un Barack Obama cada vez más cercado o el poderoso complejo militar-industrial.

Por primera vez en la historia, los doce presidentes que integran América del Sur discutieron en forma abierta y multilateral el espinoso tema de la injerencia militar norteamericana en la región.

Que EE.UU. ha mantenido una constante presencia de sus tropas (a través de bases, ejercicios militares conjuntos con nuestros países u operaciones “humanitarias”) no es una novedad. Sí lo es el hecho de que se hayan discutido y difundido por T V, para quien quisiera enterarse, los planes, intereses y estrategias que tiene el ejército más poderoso del mundo sobre nuestro futuro. Un escenario como el de la cumbre de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) en Bariloche el último 28 de agosto era absolutamente inimaginable apenas una década atrás, no sólo por la exposición pública de datos que hasta ahora tenía una circulación restringida (como el documento del Pentágono presentado por el venezolano Hugo Chávez que da cuenta de las intenciones “non sanctas” del Comando Sur para nuestra región) sino porque se dejaron planteados preguntas y objetivos fundamentales. Una de las más importantes estuvo a cargo del presidente de Brasil, Lula da Silva, que, tras recordar que Sudamérica es la única zona en el mundo donde no existe ni un solo conflicto bélico, preguntó: “¿Qué queremos construir en nuestra región, un clima de paz o uno de guerra? La idea de un conflicto en Sudamérica sería algo terriblemente malo para nuestro desarrollo”. E inmediatamente se interrogó: “¿Cuál es el rol de EE.UU. en Sudamérica? Tenemos que solicitar una reunión con el presidente Barack Obama para dilucidar este punto”. Y aunque en la declaración final no figuró la posibilidad de pedir este encuentro con el norteamericano (lo que para muchos fue uno de los fracasos de la cumbre, el otro fue que no figurara explícitamente el rechazo a las bases norteamericanas en Colombia) quedó clara cuál es la dirección hacia la que se dirige Unasur. EE.UU., por su parte, se limitó a enviar a la Argentina, un día antes de la cumbre de Bariloche, al vicesecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental, Christopher J. McMullen, que explicó al canciller Jorge Taiana y al jefe de Gabinete Aníbal Fernández que el acuerdo con Colombia es el mismo desde hace muchos años y que su objetivo es “atacar amenazas de seguridad dentro de Colombia, como el narcotráfico y el delito transnacional”.

Es importante analizar las palabras de McMullen que, lejos de tranquilizar, alarman. Varias investigaciones sobre el impacto del combate a la droga diseñado por el Pentágono para América del Sur arrojaron resultados muy negativos. Una de ellas, Droga y democracia en América latina, realizada por Wola (Washington Office on Latin America) es bien clara: “Después de 25 años y de 25 mil millones de dólares no se ha registrado reducción ni en el consumo ni en la disponibilidad de droga en EE.UU. pero, en cambio, los efectos han sido terriblemente negativos en América latina”. El informe detalla minuciosamente cómo el plan norteamericano antidroga “ha dejado daños colaterales como el empobrecimiento desproporcionado de los campesinos (que no encuentran cultivos alternativos para sembrar), el crecimiento de la producción (los cultivos migran de un lugar a otro y se amplían las zonas cultivables cuando son perseguidos) y, finalmente, ha propiciado violaciones a los derechos humanos y minado la democracia en los países donde se producen y trafican drogas”.

La investigación de Wola prueba que es totalmente ineficaz la teoría de que el combate a la droga desde el lugar de origen (cultivo, tránsito, etc.) es la forma de acabar con el flagelo. La ONG reclama en cambio “una nueva política que trate de llegar además a las raíces del problema: la demanda de droga en EE.UU. y los bajos niveles de desarrollo económico en América latina”.

¿BASES? ¿WHAT BASES?

Otro punto de fuerte discusión en Bariloche fue la autonomía de acción que tienen las tropas estadounidenses y el control que Colombia puede ejercer sobre sus propios puestos cedidos al Pentágono. Basado en su experiencia, el presidente Rafael Correa aseguró que Ecuador no pudo tener ningún control durante los diez años que EE.UU. estuvo en su base de Manta (recordemos que justamente el desalojo de esta plaza, a fin de año, obligó a EE.UU. a buscar nuevos asentamientos y Colombia fue el único país de Sudamérica que aceptó). La investigación de Wola descarta cualquier transparencia. “La política antidrogas de EE.UU. está socavando las democracias también de otras maneras. Es común que Washington, a través de su poder diplomático y económico, dicte lo que deben ser las políticas antidrogas en Sudamérica a pesar de la oposición de importantes sectores políticos y de la sociedad civil. En todos los países analizados, las políticas y programas antidrogas se negocian directamente entre funcionarios estadounidenses y un pequeño grupo de la elite local que incluye las fuerzas militares y policiales. Quedan al margen el control legislativo o el debate público.

En este sentido el acuerdo de Bariloche representa un importante paso dado por la región al incluir la posibilidad de que se organicen controles de Unasur para garantizar el funcionamiento de las bases en Colombia. Por último, otro punto fundamental debatido en Bariloche es el objetivo militar de EE.UU. El documento final proclama una cuestión crucial: que el Consejo de Defensa Sudamericano estudie detalladamente “las estrategias de rutas globales” del Comando Sur que aparecen en el “Libro Blanco” de EE.UU., donde dice claramente que una base en Colombia le permite movilizar aviones hasta el Cabo de Hornos o a África con autonomía de vuelo. Aunque el portavoz del Pentágono dijo que el “Libro Blanco” era sólo un “aporte académico y no una estrategia militar”, varios investigadores norteamericanos creen ver también en esta presencia norteamericana y en su supuesta cruzada antidrogas, un plan de expansionismo hacia el sur.

Esto dice la “Estrategia Militar Nacional de 1997”: “Nuestras fuerzas necesitarán acceso a infraestructura de apoyo en el exterior para proyectar nuestro poder en tiempos de crisis. Una infraestructura que asista a nuestras fuerzas para establecerse rápidamente y posicionarse para dominar cualquier situación. (…) EE.UU. buscará la cooperación de otros gobiernos pero no siempre va a contar con esa cooperación. Teniendo capacidad para penetrar a la fuerza, EE.UU. podrá garantizar el acceso a puertos marítimos y aéreos y a otras instalaciones (…) que le ofrecerán la posibilidad de estar presente allí donde sus intereses lo requieran”.

El giro (o el abrupto abandono) que le imprimió Barack Obama a sus primeras declaraciones en política exterior convierten al tema de las bases en Colombia en un tema aún más peligroso. A finales de marzo, el vicepresidente Joe Biden dijo en Chile que se había acabado “la época en la que les dábamos órdenes”. Y quince días después, en la Cumbre de Trinidad y Tobago, Obama propuso un diálogo entre iguales. “Queremos escuchar y aprender, además de hablar y esa aproximación de respeto mutuo y de buscar intereses comunes servirá a todo el mundo a la larga”. Cuatro meses después, el presidente norteamericano se encuentra casi acorralado. La crisis económica no cede; la guerra en Afganistán empeora; su gran apuesta política –la reforma del plan de salud de EE.UU.– tiene cada vez más desprestigio y los medios de comunicación, fogoneados por los sectores más conservadores del país, reclaman agresividad y mano dura en política exterior. A esto debe sumarse otro factor. Desde hace años la diplomacia estadounidense (el Departamento de Estado) ha cedido terreno, influencia y poder a los militares. Un ejemplo: por la Ley de Asistencia Exterior de 1961, cualquier ayuda militar al extranjero debía ser aprobada por el Congreso, lo que al menos permitía poner requisitos (aunque de alcance limitado) en derechos humanos y democracia. Desde el 11-S, el presupuesto lo ejecuta directamente el Pentágono y no está sometido a ninguna restricción ni control. Esto no ha cambiado con Obama que, por otra parte, ratificó en el cargo a todos los funcionarios del Ministerio de Defensa. Cada vez queda más en duda cuánta es la injerencia que el presidente de los EE.UU. tiene sobre las decisiones militares de su país. Y en ese contexto cabe preguntarse cuán útil sería para la Unasur un diálogo sobre las bases con Obama.

FUENTE: Caras y Caretas


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Bigard: Las mentiras del informe del 11S con humor e ironía francesa... (5)




Los aviones "vaporizados"

Jean-Marie Bigard razona con los franceses los argumentos de la versión oficial acerca de los atentados del 11S (capítulo 9. El avión de Chanceville). En este capítulo Bigard nos habla de los dos únicos aviones que se han vaporizado en la historia de la aviación: el del Pentágono y el de Chanceville. Y añade una referencia a las increíbles llamadas de los pasajeros que hicieron con sus propios móviles.



Guantánamo

En este episodio Bigard nos habla de lo ocurrido con las acciones de las dos aerolíneas implicadas en los atentados tres días antes, y sobre todo del famoso centro de Guantánamo y sus métodos



Ultimo episodio

Bigard despide esta serie de cortos sobre la inquietante versión oficial de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Manhattan. En este último episodio, antes de decir adiós, hace una breve descripción de la Ley Patriótica (Patriot Act), promulgada por el gobierno de los EUA con la excusa de estos atentados y el inicio de la tan famosa "guerra contra el terror" (o guerra sin enemigo y sin fin). Una ley de la que dicen no es más que un mecanismo para excederse impunemente sobre las libertades y derechos de los ciudadanos, regulados entre otras por la Constitución.

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Bigard: Las mentiras del informe del 11S con humor e ironía francesa... (4)




Ben Laden, Iraq y las armas de destrucción masiva

En este episodio Bigard cuenta cómo se culpó automáticamente a Ben Laden sin pruebas y cómo se fue tras él y se escapó. También cuenta cómo se invadió Iraq sin pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva.




La caída de las torres

En este episodio Bigard muestra su extrañeza por la manera en que dicen que cayeron las torres. Según la versión oficial se desmoronaron piso a piso, cayendo uno sobre otro. Lo extraño de esto es la velocidad a la que se produjo esto, dado que tardó lo mismo que si los pisos hubieran caído sin resistencia alguna, es decir, sin que nada los frenase debajo. Alcanzaron el suelo a la velocidad de caída libre, como ocurre en una demolición controlada, y tanto en las dos torres gemelas como en el edificio 7.



Los secuestradores de los aviones

En este episodio Bigard cuenta cómo identificaron a los secuestradores de una manera rapidísima, y cómo algunos parece ser que aparecieron vivos después de haber declarado que ellos no habían sido. Además, algunos parece ser que no tenían reputación de ser precisamente el modelo ideal de secuestrador de aviones y mártir

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Bigard: Las mentiras del informe del 11S con humor e ironía francesa... (3)




"El cuento de Bush en la escuela" es el tema en éste otro video de Jean-Marie Bigard.
El quinto capítulo de la serie...

Aquí nos habla de la reacción de George Bush y sus laderos al "enterarse" de los atentados...

Ya saben, hablado en francés y subtitulado en inglés y en español...

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Bigard: Las mentiras del informe del 11S con humor e ironía francesa... (2)



Ahora Jean-Marie Bigard toma otros dos temas del informe sobre el 11 de septiembre.

En la primera parte del video habla sobre "El avión del Pentágono" y a continuación, "El señor Silverstein y el edificio 7"

Excelente humor que nos refresca datos que tal vez ya conocíamos, pero que es necesario tener siempre presente...

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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)