15.6.08

¿Qué arreglar? Por Eduardo Aliverti

Tomado de MARCA DE RADIO
Sábado 14 de junio de 2008.

Hay dos grandes maneras de mirar para delante, que es lo que todo el mundo exige en torno de este choque no insólito pero sí inédito que vive el país. Una es pensar que las cosas se van a arreglar, y la otra es que no. Las siguientes líneas tratarán de explicar que pueden ocurrir ambas cosas a la vez, si es que la mirada avanza más allá de lo estrictamente coyuntural y de la problemática del sector agrario en particular.

En términos de negociación, esta semana el Gobierno dio por terminado el núcleo del conflicto con el movimiento campestre. En realidad, lo que hizo fue formalizar aquello que todos sabían desde el comienzo porque, con seriedad, nadie podía suponer que el oficialismo se suicidaría políticamente aceptando las condiciones demandadas por los ruralistas. La formalidad consistió en que la Presidenta informó qué se hará con la plata excedente de las retenciones, tomando como base, en ligera síntesis, el piso que los gauchócratas querían bajar. A partir de ahí puede discutirse y cuestionarse todo lo que se quiera: que suena a tomadura de pelo haberse acordado recién ahora de notificar el destino del dinero; que la cifra en juego es una porción muy pequeña del presupuesto nacional y que no se requería de retenciones móviles para anunciar nuevos hospitales, viviendas y rutas; que no tiene respuesta oficial la pregunta de qué sucederá en caso de que baje la cotización internacional de cereales y oleaginosas, siendo que en esa hipótesis el dinero no estaría y entonces es el Gobierno quien quedará reconociendo que no hay decisión política firme de adjudicar fondos a la justicia social. Puede debatirse todo eso y bastante más, pero el punto concreto es que los anuncios dejan a las retenciones extraordinarias como hecho consumado e irreversible. Así movió el Gobierno y así es que los campestres tomaron nota oficial de que su exigencia de máxima, virtualmente exclusiva, no tiene concreción posible. Quedaron encerrados entre eso y la impopularidad de volver al paro, lockout o como quiera llamársele a seguir trabajando tranquera adentro y para afuera cortar rutas, o no despachar mercadería, o mermar su entrega o subirse a las tribunas para denominar “Patria” a sus hectáreas propias o arrendadas. Como sea que eso se llame, los campestres ya cansaron tanto como la sucesión de errores gubernamentales y no tienen plafond, en las grandes urbes, para sus medidas de acción directa. Y muchísimo menos si desde las profundidades de lo inimaginable aparece otro actor, los dueños de los camiones, que cortaron el país en nombre de que los demás se pongan de acuerdo porque si no me cargan el camión mi familia no come o no puedo pagar el crédito del camión que renové, o del otro que me compré, y todo el resto me importa tres carajos y ma’qué Patria ni oligarquía ni Monsanto ni soja ni Cristina ni el producido desdentado de la derecha pajuerana.

Estamos ante una reproducción, sólo que esta vez vestida de gaucho, de algunas de las condiciones que generaron 2001/02. Hoy no son los ahorristas porteños unidos por fuerza circunstancial a las calderas tribales del conurbano bonaerense (que alguna izquierda políticamente analfabeta insiste en llamar “argentinazo”). Son sectores de las nuevas clases medias sojizadas de las poblaciones chicas y medianas de la pampa húmeda, que se toman el vermucito en el centro del pueblo y putean contra los políticos de Buenos Aires o contra estos zurdos de mierda que están en el Gobierno; juntados, estímulo mediático mediante, con el tilingaje de las ciudades principales. Esas cosas siempre están como elementos de la puja por el ingreso, ahora con el agregado de este nuevo sujeto social que influye al centro desde la periferia y no al revés. Esa cosa se despierta cada tanto, como un volcán. Y podría no tener arreglo, porque tenerlo supondría contar con un liderazgo político contenedor de las expectativas de consumo de las clases medias urbanas, que son quienes, amplificadas por el coro de los medios, fijan el patrón de humor social. El momento preciso que vive la Argentina produce angustia intelectual acerca de cómo podrá salirse de los caminos cortados y el desabastecimiento, además de que ya resulta sospechoso el nivel de crispación y violencia crecientes con que actúan los campestres. Hay datos que los medios no señalan, a propósito de aprietes y patoteadas contra productores que están en desacuerdo con el carácter salvaje de la protesta. ¿Qué están buscando? ¿Provocar represión para subir la apuesta y qué, si tampoco disponen de una oposición política que pudiera vehiculizar un golpe institucional? ¿Qué van a hacer, seguir amarrocando en sus campos sin comercializar hasta cuándo, con qué objetivo? En algún momento, más tarde o más temprano, estos gauchócratas desaforados no podrán resistir porque el clima social terminará de volvérseles adverso por completo. De modo que eso tendrá solución de alguna manera. Pero el daño generado ya es inmenso si se lo mide por las consecuencias de haber dejado un país exasperado, a punto caramelo para que nuevas reivindicaciones de sector se conviertan en polvorines que acentuarán una atmósfera de convulsión permanente.

Si está claro que este no es un gobierno revolucionario ni mucho menos, que dejó correr el modelo de sojización, que continuó apostando a la concentración de la economía en pocas manos y que dispone casi solo de la extracción agropecuaria como proyecto de producción y recaudación, más claro está todavía que, sin embargo, la pieza que movió con el aumento de las retenciones afectó intereses incapaces de construir nada pero aptos para destruir mucho. Ahora ya está y hay que ir por más, alcanzando a las cadenas de comercialización y a la fiesta de la minería, entre otros aspectos, porque además eso implicaría mostrar la proyección de que no solamente es “el campo” quien sostiene la base de sustentación. Si la réplica apuntara que eso significa abrir nuevos focos de conflicto, la respuesta insistirá con que ya están abiertos o latentes a partir de que tampoco es sostenible construir un modelo más inclusivo dependiendo únicamente del precio internacional de los granos. Ya quedó demostrado cuánto se parece eso a bailar arriba del Titanic.

La pregunta es si el Gobierno se animará a tomar medidas que toquen los privilegios de otras fracciones de la clase dominante. Porque eso requiere apoyo de movilización popular por afuera de los ejercicios electorales. Hay una relación directamente proporcional entre las alianzas gubernamentales y el volumen de lo que se hace o quiere hacer. Si por toda alianza política el oficialismo cuenta con el a parato del PJ y el sindicalismo cegetista, no tiene resto para afrontar mayores desafíos. Y la clase media continuará fugando rumbo a un malestar que, de una u otra forma y aunque hoy resulte muy difícil de percibir, terminará hacia la derecha.

¿Tiene arreglo eso?

MARCA DE RADIO, sábado 14 de junio de 2008.
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11.6.08

"Menjunje" argentino: Del escrache "a la parisienne" al garrotazo "a la jujeña" y otras vergüenzas y desmesuras

Ya van tres meses de esta historieta de la pelea entre el Gobierno y los gauchos sojeros. Tres meses de absurdos y prepotencias. Tres meses perdidos.
Tres meses: Demasiado ¿no?

Me resisto a seguir hablando de éste tema, pero lamentablemente ocupa y preocupa tamaña estupidez en un país que no puede ni debe darse el lujo de parar ni tres minutos.

Se perdieron mercados internacionales, millones de dólares por productos no exportados, tal vez otros cuantos millones por algún juicio que puede haber por falta de cumplimiento de contrato. Se perdieron, también, muchas horas hombre en producción y salarios; cayeron todos los salarios por efecto de la inflación pre-existente y por la provocada a causa de la incertidumbre y el desabastecimiento. Se perdieron millones de litros de leche. Se está perdiendo lo poco que se pudo recuperar el país después del desastre post menemista/delarruísta.
Todo esto se perdió... y más también. Entre otras cosas, se perdió la vergüenza.

El ambiente se empezó a enrarecer desde un primer momento, pero mucho más aceleradamente en los últimos días.
Los camioneros cerealeros comenzaron a hacer sus propios piquetes bajo el argumento de que lo hacen para obligar a las partes a que solucionen el problema. Lo cierto es que lo único que consiguieron fue incrementar las crispaciones y el desabastecimiento. La consigna fue: "O pasan todos o no pasa nadie". Ahora hay cientos o miles de cortes a lo largo y ancho de todo el país y ya no se sabe si son campesinos o camioneros o qué. Y no sé si eso importa a ésta altura.

Esta semana hubo algunas cosas oscuras, no aclaradas del todo.
Primero fue el escrache al ex ministro de economía Lousteau (quien fue el encargado de elaborar lo de las retenciones móviles a la producción sojera). Habría sido en un lujoso restaurante de París, junto al embajador argentino en Francia. Un grupo de argentinos que se encontraban también allí comenzaron a insultarlo y a gritar que él era el responsable de destruír al campo y al país. Se dice que tenían acento correntino, que habían llegado a París para ver el torneo de Roland Garros y que eran ruralistas.
Poco después se desmintió todo. Ahora no sabemos qué es verdad y qué es mentira.
Si fuera verdad, no sólo sería repudiable el escrache, sino que indicaría que aquellos que reclaman tan enfáticamente que no se les cobren las retenciones porque el campo no podría sobrevivir... ¿cómo pueden pasear por París durante varios días para ir a ver tenis y cómo pueden pagar un restaurant que cobra un promedio de 300 euros por cubierto?

Seamos benevolentes y pensemos que fue todo un malentendido y que no sucedió nada de eso y que ningún gaucho sojero estuvo por París.

Ayer, en uno de los piquetes de Entre Ríos, una persona ligada al sector turístico se acercó para hablar con los que estaban allí para pedir que terminaran con su actitud de cortar rutas porque estaban perjudicando muchísimo al sector. La respuesta fue un golpe por la espalda de un valiente campesino... al que siguieron otros cuantos golpes más como forma de solidaridad entre gauchos. Eran como 10 o más contra el intruso. Valientes los muchachos.

Hoy hubo otro incidente en Entre Ríos. Primero se dijo que desde una 4x4 se disparó contra un grupo de camiones con combustibles que, acompañados por la policía provincial, intentaban esquivar los piquetes transitando por caminos vecinales. Al igual que con lo del escrache, al poco tiempo se desmintió que se hubieran efectuado disparos. Se dijo que los camiones mostraban algunas huellas, pero de haber sido golpeados con algun objeto.
Se identificó la camioneta y se la secuestró. El dueño resultó ser un tal Bussi, sobrino nieto del represor Antonio Domingo Bussi. ¿Coincidencias?

Hoy el Gobierno anunció la liberación de un millón de toneladas de trigo para la exportación. En las últimas horas también oficializó por medio de un decreto el destino que se daría a lo recaudado por medio de las retenciones (algo que argumentaban los campesinos... el no saber en qué se destinaría el dinero). Esperemos que estas medidas más algunas que ya se les habían otorgado hace cosa de un mes atrás, sirvan para que al menos los amos de las rutas se sienten a conversar.

Mientras tanto, el Gobierno debería abandonar la retórica y el palabrerío hueco acerca de la redistribución de la renta y comenzar a hacerlo realidad. Como ya dije en otro momento, hace rato que vienen mencionando esto en sus discursos, pero nada concreto se pudo apreciar hasta el momento. Sólo gestos.
Tal vez este conflicto (iluso de mí) sirva para que el Gobierno obligue a los dueños de los campos a que pongan en blanco a sus trabajadores y a que paguen todos los impuestos que se evaden.
También sería hora de revisar el papel que cumplen las aceiteras y las multinacionales de agroquímicos, como Monsanto, Cargill, Aceitera Gral. Deheza y otras más.

Por último: Es admirable la paciencia del Gobierno que soporta estoicamente que con cada corte de ruta los gauchos sojeros le toquen el culo y ni se inmuta. Hace tres meses que están haciendo cortes y paralizando a todo el país perjudicando a la gran mayoría de los 40 millones de habitantes (en especial a los sectores más empobrecidos por éste sistema) y nadie se atrevió a insinuar la posibilidad de desalojarlos de alguna manera. Esto contrasta notoriamente con lo que pasó pocos días antes en Jujuy, donde un grupo de desocupados e indigentes, en una actitud casi desesperada tomaron algunas instalaciones oficiales para pedir el mísero subsidio a la pobreza de $150. Fueron violentamente reprimidos, por supuesto. O, por ejemplo, lo que pasó bastante más atrás en Neuquén, donde fue asesinado el maestro Fuentealba por la policía neuquina al reprimir el corte de una ruta. O los procesos judiciales que soportan desde hace 10 años unos 5 mil luchadores sociales por diferentes protestas, entre otras... cortes de rutas o calles.
La policía española parece que no tiene tanta paciencia como la autóctona: al tercer día de cortes de rutas los sacaron por la fuerza y detuvieron a más de 50 personas.

Yo sé que ninguna represión es buena pero creo que estos señores del campo no sólo se pasaron de la raya sino que, como desde hace más de cien años en éste país, siguen teniendo "coronita".

Ya que no son reprimidos ni expulsados de ninguna manera de las rutas, ¿por qué no luchan, también, por una causa mucho más justa que la suya? ¿por qué no cortan rutas exigiendo que se reduzca o se quite el más regresivo impuesto que existe: el IVA? Cabe recordar que ese impuesto lo pagan por igual (y en las mismas cantidades) los inmensamente ricos, como los inmensamente pobres. Y es, además, el impuesto al valor agregado más alto del mundo: 21 %.

Señores del Gobierno y del "campo", por favor dejen de joder al país y dejen de alimentar fantasmas y alimañas que ya estaban olvidados.
No tiren más de la cuerda porque si se corta, unos y otros (y todos nosotros junto con ustedes) se van a ir al carajo.


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8.6.08

¿Podría pasar? por Eduardo Aliverti

Tomado de Marca de Radio

¿Qué pasaría si la Presidenta, por sorpresa, no más allá de una noche de éstas, apareciera por cadena nacional, sola, nada más que ella y la cámara, con un tono firme pero desprovisto de esas inflexiones arrogantes difíciles de soportar, y dijese “Buenas noches, como están. Están hartos, ya lo sé. Todos estamos hartos. Por eso quiero hablarles y hablarnos a nosotros mismos, el Gobierno, que evidentemente cometió muchos errores en este último tiempo pero no tantos, o no tan graves, como para estar afrontando, junto con la inmensa mayoría de ustedes, este clima raro, enojoso, injusto”?

¿Qué pasaría si después explicase muy brevemente que, en marzo pasado, cometieron el error político (que lo diga así: “error político”) de no medir las consecuencias que supondría aumentarle los impuestos al campo (que lo diga así: “impuestos al campo”, aunque no sean exactamente “impuestos” y “campo” sea una convención en extremo concesiva a los intereses del bloque enfrentado; meterse con “retenciones móviles”, “pool de siembra”, “superficies cultivadas” y precisiones de ese tipo distraería la atención de una audiencia masiva que no entiende nada de todo eso y que, a esta altura, es probable, ya interprete que esa terminología es empleada para, justamente, desviar la atención popular en aras de vaya a saberse cuáles intereses)?

¿Qué pasaría si explicase que no supieron prevenir lo que ocurriría al no diferenciar medidas para los pequeños y medianos productores, y si aclarase que, de todas formas, el problema fue mucho más la forma de comunicación que la justicia de la medida, visto que… (seguirían algunos pocos números, muy pocos, humildemente relatados, sobre cuánto de “sufriente” es la situación de algunos -que lo diga así: “algunos”- de quienes protestan)?

¿Qué pasaría si acto seguido, mirando fijo a la cámara, que eso sabe hacerlo como pocos ayudada por un poder oratorio extraordinario y en parte compensa la altivez compadrita de sus tonos, apelara a un “pero lo que no puede cuestionarse de ninguna manera es el derecho del Estado, que somos todos, a cobrarse más de quienes más tienen y más obtienen, porque la tierra es de todos (que lo diga así: que “es de todos”) y el derecho de propiedad no puede estar por encima de distribuir la riqueza que se genera en el suelo que todos habitamos (que insista con el inclusivo, con el “todos”, que provoca imaginario colectivo de posesión aunque nadie se lo tome demasiado en serio) y tras cartón remarcase un par de ejemplos sobre cómo algunos países desarrollados toman medidas recaudatorias aún más duras en tiempos de bonanza? “Porque no nos oponemos a que ganen más plata”, podría seguir. “Nos oponemos a que hablen de pérdidas cuando sólo se trata de que el momento extraordinario que vive el campo sea solidariamente compartido con el conjunto del pueblo”, podría rematar. ¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría si, ya con cadencia de ir redondeando, apuntase “ustedes se preguntarán qué hacemos con el dinero de los impuestos extraordinarios al campo (que lo diga así: “extraordinarios”; delimita que es una cuestión de coyuntura, en vez de algo que piensan extender para toda la vida porque la pampa húmeda es la única fuente de recursos que se le ocurre a este modelo). No quiero aburrirlos con cifras, ni tampoco dejar de reconocer que en muchas áreas o aspectos cometemos faltas y administramos incorrectamente. Sólo los invito a que se detengan, por un segundo, en el solo hecho de que seguimos disponiendo de un colchón de reservas en el Banco Central que nos permite quedar a salvo de cualquier circunstancia desfavorable, en una etapa crítica del capitalismo global” (que lo diga así: “capitalismo global”; es medio ampuloso, y una buena parte de la audiencia se sentiría ajena al significante pero comprendida en el significado, que consiste en “hay que cuidarse, tiene razón”, y de paso riñe un poquito con el devenir del capitalismo pero sin dejar de comprometerse con él, porque nadie quiere escuchar absolutamente nada que suponga aventurarse a otro tipo de experiencia, no porque no se la considere interesante sino por estimarla entre en extremo arriesgada e imposible)?

¿Qué pasaría si remata con “repito que nos equivocamos en las formas pero no en el fondo y que, también es cierto, quedamos presos de la dinámica que adquirió este lamentable conflicto con el campo. Interpretamos que nos agredieron y agredimos. Interpretaron que los agredimos y agredieron. Tiendo la mano (que lo diga así: “tiendo”, que lo personalice, que recupere autoridad). Acepto errores. Pero comprendan, comprendamos todos, que me votaron para gobernar y no para ceder a una extorsión que ha llegado al límite de tirar leche a la basura en un país donde nos quedan todavía diez millones de pobres e indigentes”? Otra mirada a la cámara, mirada fija, un largo silencio hasta el límite de transformarse en bache, en que la tildó la emotividad, y simplemente un “buenas noches, gracias por escucharme”. ¿Qué pasaría?

Este ejercicio hipotético requiere la aclaración de que un cuadro retórico como la Presidenta es capaz de desplegar una pieza de esa naturaleza muchísimo mejor que lo sugerido por un simple comentarista de la realidad. Pero, antes que eso: “la gente” está efectivamente harta por este choque y necesita, redoblado por las características paternalistas de esta sociedad, que quien ejerce la primera magistratura muestre capacidad de liderazgo, de conducción, de asimilación de un problema grave. Le falta casi todo su mandato y, entre los errores y horrores propios y la insaciabilidad de uno de los bloques de la clase dominante, quedó gravemente afectada. Tiene que mostrar alguna gestualidad de estadista, como se lo dijo la Iglesia con la inteligencia de ese cinismo ancestral que se activa cada vez que advierte la incertidumbre de eclosiones sociales. El ensayo es que si Cristina hiciese eso marcaría la cancha y posiblemente alcanzaría la victoria coyuntural frente al “campo” que, por cierto, como sector es el único que puede permitirse estar tres meses de (fingido) parate, pero no prolongarlo hasta donde se les ocurra ni a sus representantes institucionales ni a sus chacareros desaforados. Son poderosos. No todopoderosos.

¿Por qué no lo hace? ¿Por qué se ensimisma en violentar, poniéndose a la altura de los provocadores? ¿Por qué permite que crezca la imagen de que quien maneja las cosas es el varón de la pareja comandante, alimentando para peor las no determinantes pero sí significativas estocadas de género que se esconden tras las murmuraciones? ¿Por qué? ¿Sólo por razones de personalidad, de resentimiento, de entender que a mejor fotografía monárquica menor contaminación política? ¿Es por eso o porque no puede reconocer que lo del “campo” es sencillamente un conflicto de recaudación fiscal, detrás del que no hay casi más nada en términos de afectar impositivamente a otras fracciones, ni de reactivar el crédito productivo, ni de ampliar el arco hacia políticas estructurales de desarrollo, ni de mejorar un mapa sanitario y educativo que sigue cayéndose a pedazos?

¿Por qué no habla Cristina más que para seguir poniéndole fichas al desgaste de los gauchócratas? ¿Porque no quiere o porque no le da para mostrar que detrás del enfrentamiento hay un proyecto de país que merece ser apostado?

Como dijo el filósofo e investigador Alfredo Pucciarelli en la magnífica entrevista publicada por Página/12 el lunes pasado, detrás de esta puja no hay propuestas. Es sólo una “histórica disputa por la renta”, pero “sin llegar a explicitar modelos opuestos de país, sin darle contenido político a la pugna”.

En otras palabras, lo que pasa debería bastar para saber que “los del campo” son definitivamente los peores malos de esta película. Pero no alcanza para que los menos malos convenzan ni de lejos.

MARCA DE RADIO, sábado 7 de junio de 2008
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5.6.08

¿Están tan mal los que dicen estar mal?

Hoy habló Cristina F. de Kirchner no sé dónde. No escuché lo que dijo, pero sí un concepto que fue extraído por los noticieros.
En realidad es una pregunta que me vengo haciendo desde hace unos días: ¿están tan mal los productores del campo? Si es verdad que están parando porque lo que el gobierno pretende cobrarles con las "retenciones" les hace perder plata al punto de que muchos no podrían subsistir, ¿cómo es que están de paro hace 3 meses y amenazan con seguirlo indefinidamente?
Sin dudas que cualquier laburante no podría aguantar tanto tiempo sin trabajar. Sería una catástrofe. Sin embargo, ellos parece que sí tienen espaldas suficientes como para soportarlo.
Entonces, ¿es redituable el campo o no?
A juzgar por el tiempo que dedican a estar en las rutas, pareciera que les sobra el dinero...

Mientras tanto, todos los argentinos restantes debemos soportar el absurdo de ésta situación, la estupidez de campesinos y gobierno que no quieren dar el brazo a torcer para, al menos, sentarse a negociar en términos razonables.
Cada uno tiene su cuota importante de responsabilidad: el campo porque se coloca en una posición tan rígida que ya es prepotente... y el gobierno porque manejó pésimamente todo éste tema y demuestra su ineptitud para buscar una solución. Al contrario, pareciera que quiere tensionar más y más las cosas.

Y nosotros, el jamón del sándwich, ¿cuándo dejaremos de ser los boludos que terminan pagando los costos de las jodas ajenas?


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Argentina: país del despilfarro / país despilfarrado




Argentina es el país del despilfarro.
En realidad, Argentina es un país despilfarrado.

Desde siempre vengo escuchando la remanida frase de que "Argentina es un país muy rico". Es cierto, es muy rico en materias primas de todo tipo, desde alimenticias hasta mineras, pasando incluso por el petróleo. También con un buen nivel de científicos. Pero pareciera que nada de eso es suficiente para que el país consiga, de una vez por todas, llegar a un nivel de vida digno para todos sus habitantes y mucho menos, que pueda mantener en el tiempo ese nivel.
Este conflicto entre gobierno y campesinos no hace más que confirmar la idea de que los argentinos somos incapaces de trabajar en equipo. Pareciera que eso sólo lo conseguimos en los deportes.

Despilfarramos recursos permitiendo a voraces multinacionales y a arribistas autóctonos que se lleven graciosamente lo que se les ocurra.
Despilfarramos recursos humanos valiosos expulsando del mercado laboral a millones de conciudadanos que quedan literalmente en la calle de un día para otro y que ya no pueden ni les permitimos reinsertarse en el circuito laboral.
Ahora despilfarramos lo poco que se pudo recuperar de aquel terremoto que significó el derrumbe del modelo menemista-de la ruísta. Estamos inmersos en un pantano por la intolerancia, avaricia y necedad de unos y otros.

Ya otras veces tuvimos que ver cómo se tiraban alimentos al costado del camino y hoy lo volvemos a ver.
En el día de hoy se tiró en todo el país un total de 500.000 litros de leche porque no pudieron ser transportados a las plantas procesadoras debido al conflicto entre campo y gobierno y porque ahora son los camioneros los que cortan las rutas sin dejar pasar a nadie. Dicen que lo hacen para obligar a que las partes se sienten a negociar. Además, se calcula en un millón de litros de leche los que se perderán de la misma manera en las próximas 24/48 horas.
No sé a cual de los dos sectores son más afines estos nuevos actores del gran quilombo nacional (hablo de estos camioneros, que aseguran que no están con Moyano) pero lo cierto es que no ayudan en nada a solucionar las cosas. Al contrario, complican todo porque las cosas se tensan cada día más.
Al triste espectáculo de ver a los camiones cisternas arrojar la leche a la tierra, se agrega la afirmación desde varios sectores de que a partir de éste fin de semana comenzará a notarse la falta de todo tipo de alimentos en los comercios. Por supuesto, esto acarreará un nuevo aumento en los precios, que jamás volverán a retrotraerse a los valores de antes del conflicto y será un nuevo cachetazo a todo el pueblo, pero más aún para los sectores menos favorecidos por éste modelo perverso.

Todavía me acuerdo de aquella frase que dijo Duhalde cuando ocupó la presidencia después del derrumbe del 2001: "La Argentina está 'condenada al éxito'". Si no me dieran tantas ganas de llorar, me reiría a carcajadas...

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4.6.08

Macri construirá los 10 kms. de subterráneo prometidos en la campaña... pero más chiquititos.


Según parece, algunos funcionarios del gobierno de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires admitieron que no se podrá cumplir con la promesa electoral de construír ampliciones a la red de subterráneo al ritmo de 10 kms. por año. Esto supondrían 40 kms. más en la red de éste importantísimo medio de transporte cuando Macri concluyera su mandato.

Al parecer, consideran que se podrá llegar a 6 kms. para el año 2010, en lugar de los 20 kms que corresponderían a los próximos dos años.

También había prometido que todas las escuelas dependientes del gobierno de la ciudad estarían con su sistema de calefacción en condiciones para cuando llegara el frío a la ciudad. Según parece, tampoco pudo cumplir ésta promesa. Cientos de chicos, profesores, maestros y padres protestando así lo indicarían.


Vamos mal, Mauricio. Eso no es "PRO"...


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3.6.08

El "Duce" Berlusconi hace de las suyas



En Italia pareciera que hay "saudades" del fascismo mussoliniano, por no decir que el amigo Berlusconi intenta emular al fürer Adolf.

Nuevamente el objetivo son los gitanos, grupo étnico particularmente perseguido durante los años del Reich. Se anunciaron "medidas especiales" para solucionar la "emergencia gitana". Esta expresión hace recordar aquella otra del nazismo que hablaba del "problema judío" y que terminó con la idea y práctica de la "solución final".

Se anuncia que habrá un censo de las comunidades gitanas y que se creará a tal fin un cuerpo especial de agentes. La iniciativa le provee también de facultades para desalojar, trasladar, expulsar, etc a estos ciudadanos de orígen gitano.
Es netamente racista y discriminatorio legislar para alguna minoría en particular. Especialmente si esta legislación está destinada al control y eventual represión de los mismos.

“Mis parientes fueron enterrados vivos en Gorazde (Yugoslavia) en 1940 y 1941. En Auschwitz nos gasearon. Y ahora tenemos miedo otra vez. Vivimos en Italia desde hace 40 años, y el Estado nunca ha hecho nada por nosotros. Están preparando leyes racistas”, dice Hakia Husovic, gitano bosnio llegado a Italia en 1969.
Esto, desde ya, habla muy mal de los italianos en general. Berlusconi ganó las elecciones últimas y fue consagrado presidente de Italia por segunda vez. Los italianos no pueden alegar desconocimiento de la forma de pensar de don Silvio. Sería como si en la Argentina se volviera a elegir a Carlos Menem. Si eso pasara, yo renegaría de mi nacionalidad y me iría a vivir a la isla más remota y perdida... con toda seguridad. No podría soportarlo.
Me imagino que habrá muchos italianos a los que les pasará algo similar. Lo siento por ellos.

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2.6.08

El papel de Argentina en la crisis alimentaria mundial actual (Luis E. Sabini Fernández) 1/3

Desde hace aproximadamente un año se estima que por lo menos en 37 países se han registrado trastornos sociales por la enorme carestía de los alimentos. Fundamentalmente la duplicación repentina y a veces la triplicación de los precios al consumidor de los dos alimentos más básicos de la humanidad, el arroz y el trigo, han desatado manifestaciones callejeras de indignación y protesta que en algunos casos, como Haití, ha significado el asesinato de gente hambrienta, significativamente a manos de fuerzas de ocupación extranjera. [1]

Los porqués del hambre mundial


Se mencionan varios factores como desencadenantes de tales incrementos en el mercado mundial: alguna sequía gigante, el aumento de consumo indio y chino, la presencia en concurrencia de los bio-agro-necrocombustibles que disputan, ahora para los autos, las tierras para cultivo de alimentos para humanos, la economía-casino, que se ha ido desarrollando cada vez más, dedicada a compras-a-futuro, método que indudablemente es muy proclive a la especulación y que por lo tanto empuja a los alimentos (y a todos los productos) a un alza constante, enloquecida, ajena a la vieja estructura de costos.


Hablando de las secuelas del hambre en el mundo, Martín Caparrós en un artículo motivado por una visita suya al África, “Gracias al hambre (Etiopía, 21/5/2008)”, aparecido en el boletín-e Comcosur (Montevideo, 25/5/2008) aporta una valiosa mirada al problema mostrando el no del todo elegante papel que le cabe a la Argentina en la coyuntura del hambre generalizada y provocada no por la ausencia de alimentos sino por su carestía.


Caparrós señala crudamente que “nosotros, los argentinos, vivimos del hambre”. Y reseña el grado brutal de hambre que existe en varios países, una enorme cantidad ubicados en lo que se llama el África negra, que proveen el mayor caudal de una estadística que habla de 25 mil seres humanos muertos al día; “son más de mil por hora, 17 por minuto”. Caparrós insiste con datos que procuran hacer conciencia sobre algo que resulta bastante alejado de la cotidianidad argentina (aunque en el invierno anterior pasamos mediáticamente por la muerte por hambre y desnutrición de varios miembros de etnias originarias en el norte argentino).


“Va de nuevo”, nos dice Caparrós: “son, en los diez segundos que usted tarda en leer esta frase, mi estimado, tres hambrientos menos. En un país como Etiopía, con 75 millones de habitantes, hay 15 millones que están todo el tiempo al borde de la hambruna. A veces caen: entonces vemos 42 segundos terribles en la tele, chicos raquíticos con panzas como globos, madres ramitas secas estirando la mano como quien ya no espera […].”


Caparrós va más allá y describe implacable el proceso de ensimismamiento que, pese a internet y a la globalización comunicacional, parece afectar a la Argentina: “el mundo es una máquina hipercompleja e integrada, por más que los argentinos actuales hayan decidido hacerse tanto más provincianos ciegos que sus padres y olvidarlo: hacer como si no existiera. O, por lo menos, como si no importara.”


El hambre no es joda. Las cifras transcriptas lo testimonian. En Haití se han hecho “populares” una galletas de tierra arcillosa cocida que por ser salobre engaña el estómago de los haitianos más empobrecidos. Alguien pescó “el negocio” con unas tierras del centro del país, zona de Hincha. [2]


En Somalía, la crisis golpea por muy distintos lados: hay un gobierno establecido mediante ocupación, igual que en Haití, desconocido por muchos, una crisis monetaria en parte incentivada por la falsificación de la moneda nacional y una suba de precios tal que en un año se duplicaron los que menos aumentaron y se cuadruplicaron los que más. A fines de 2007 se estimaba en un 20% a la población (diez millones de habitantes) en situación de hambruna, en marzo, con el encarecimiento, un millón más de pobladores cayó en la indigencia y se teme la caída de otro millón de sufrientes en lo que resta del año. Mientras tanto, EE.UU. bombardea regularmente el país so pretexto de luchar contra algo, pero con la precaución de no poner pie en tierra después del “tropezón” sufrido en su último desembarco. [3] Ningún país puede funcionar si entre un tercio y la mitad de su gente pasa hambre de modo estructural, sostenido…


En Haití o en Somalia vemos claramente los daños, la destrucción brutal, que la occidentalización, la modernización, provoca en sociedades ajenas, subalternizadas.

El papel de Argentina


Caparrós desnuda el mecanismo de esa ganancia argentina sobre la base del hambre mundial. Por su importancia lo citaremos in extenso:


“Y nosotros ganamos con esos aumentos. Nos hacemos los boludos, no queremos verlo: nuestra prosperidad le está costando carísima a millones y millones de personas. La Argentina salió de la crisis gracias al aumento del precio de los granos: por estos precios, millones se mueren de hambre. O sea: las ganancias tan legítimas por las que discuten encarnizados los presidentes K y el campo producen sufrimientos espantosos. No digo que sea a propósito. No, por favor. Nosotros pasábamos por ahí cuando los chinos decidieron empezar a comer y las leyes del mercado hicieron que los precios subieran y las leyes del mercado hicieron que millones no pudieran comprar más comida y se murieran pero a mí por qué me miran, yo hago mi trabajo, yo defiendo lo mío y trato de venderlo lo más caro posible porque así son las leyes del mercado y yo justo estaba ahí, qué culpa tengo.”


Y bien: la situación real es todavía más espantosa, mucho más espantosa que lo ya descrito por Caparrós. No es exactamente que “nosotros pasábamos por ahí” como aquel que ve luz y entra. Queda en pie el deslinde radical con toda teoría conspiracionista según la cual los sojeros hambrean, cuando en realidad lo único que quieren es hacer negocio.


Una corrección, empero, basada en dos precisiones: primero, que los sojeros no sólo quieren hacer negocios sino además hacer como que hacen obra, patria o como usted quiera llamar a sus proyectos de ogros filantrópicos, bastante opuestos a los soñados por Octavio Paz, y segundo porque el origen de este escabroso rol que juega hoy Argentina no es tan argentino como parece.


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El papel de Argentina en la crisis alimentaria mundial actual (Luis E. Sabini Fernández) 2/3

Argentina made in USA


Dennis Avery ha sido por años un alto funcionario del USDA, Ministerio de Agricultura de EE.UU., y se presenta como “analista agrícola Senior del Departamento de Estado”. Con la candidez característica de tanto estadounidense explica en la introducción a su libro Salvando el planeta con plásticos y plaguicidas, [4] que estaba “escribiendo otro [libro] que trataba sobre la importancia del libre comercio para la agricultura estadounidense.” Su última frase es reveladora de toda una política: preservar el suministro de víveres por parte de EE.UU. a países que vayan perdiendo así su soberanía alimentaria.


Claro que siempre con las mejores intenciones: frente a una sequía por ejemplo, ir en auxilio con la ley 480, regalar cereales un año, dos, y cuando los agricultores locales no puedan ya no recuperarse de la sequía sino de la competencia con los granos introducidos “solidariamente” por EE.UU. con precios de dumping, es decir, cuando se ha logrado debilitar la soberanía alimentaria y se ha “desarrollado” la dependencia ídem, entonces sí, iniciar el negocio con precios en alza.


EE.UU. se ha especializado, usando los alimentos como arma geopolítica en ir estableciendo en tantos países como sea posible el régimen que Devinder Sharma con lucidez ha caracterizado como “del-barco-a-la-boca”: la población tiene que aguardar lo que va llegando al puerto para poder comer. Mayor esclavitud alimentaria es difícil de imaginar. Sobre todo porque, durante milenios, todos los pueblos aprendieron a alimentarse a sí mismos. Razón elemental: si no lo hacían, no sobrevivían.


Observemos, al pasar, que el libro cuya introducción hemos estado glosando, Salvando el planeta con plásticos y plaguicidas, tiene un título que es de por sí toda una plataforma ideológica y estratégica.


La teoría económica del eurocentrismo encontró una superación científica a aquella vieja, tradicional, soberanía alimentaria: la ley de las ventajas comparativas por la cual cada comarca, cada estado, debe dedicarse exclusivamente a lo que mejor produce; esa optimización económica permitirá agrandar la torta mundial de productos y por lo tanto permitirá que todos reciban más. Oh, maravillas de la ciencia económica.


Como sabemos, para los ideólogos, cuando la realidad choca con la teoría peor para la realidad. Y así hoy tenemos un mercado más globalizado que nunca, adaptado a la “ley” de las ventajas comparativas como nunca antes estuvo el planeta, y sin embargo, cosa curiosa, hay casi mil millones de seres humanos que se acuestan con hambre cada día o que ni duermen por el hambre o que literalmente mueren de hambre. La dependencia alimentaria tensiona y hace sufrir cada vez a más gente.


En la introducción ya citada dice Avery que su tarea desde el Hudson Institute es “comunicarles a los productores agrícolas [estadounidenses] que ellos podían ayudar a alimentar al Asia.” Tal vez porque los indios y los chinos jamás aprendieron a alimentarse… paradójico para tratarse del continente por lejos más poblado del orbe; bastante más de la mitad de la población humana mundial vive, se alimenta, se ha alimentado por milenios, en Asia…


Obviamente, la pretensión de que EE.UU. alimente al mundo es un poco excesiva. Pese a sus excelentes praderas y extensión, no alcanza.

Argentina y EE.UU.: gran tándem con piloto automático ¿o yanqui?


Pero el señor Avery tiene sus soluciones. Que en rigor, debemos entender como políticas públicas de EE.UU. puesto que Avery es todo menos un líbero, un marginal o un intelectual autónomo. Por Avery nos enteramos de los planes que tiene el USDA para la India. ¿El Ministerio de Agricultura de EE.UU. confeccionando la política de la India en su zona rural? Es indudable que ese Ministerio piensa por todos nosotros, dios no nos libra ni nos guarda. Avery nos informa de los planes que a mediados de los ’90 tenía el USDA para el campo indio, compuesto entonces por unos 500 millones de campesinos: reducir esa población, rural, a 50 millones en diez años. Esto, para modernizar el país, consigna sagrada si las hay.


Es curioso el afán bienhechor de ciertas presencias. En el siglo XVIII, por ejemplo, Inglaterra desmanteló prácticamente toda la actividad textil india (para favorecer la propia) y logró así postrar al país en un estatuto de vasallaje. Cuando el subcontinente indio sufre todavía la secuela de aquella “ayuda”, a fines del s. XX, es EE.UU. el que quiere “ayudar” ahora a la India desmantelando toda su estructura agraria… Hasta donde sabemos, el plan del USDA no se ha concretado, al menos con la radicalidad presentada por Avery: en el 2002, la población rural india todavía superaba a su población urbana (totalizando la población del estado más de mil millones de seres humanos).


¿Qué papel desempeña Argentina en la teoría de las ventajas comparativas, a la que son tan afectos los voceros del clan sojero argentino?


Avery nos lo señala bastante claramente. Nos lo señalaba así en 1995, en el momento del despegue de la soja transgénica en Argentina y las consiguientes cosechas que van a ir estableciendo un récord cada año sobre el anterior. Cuando el conocidísimo jurisconsulto y hombre de derecha Carlos Menem desmantela todos los organismos públicos del país y entrega la política agraria a Monsanto, que es como decir, relaciones carnales mediante, a EE.UU. Nos comenta Avery: “Solamente en EE.UU. y Argentina hay suficiente superficie fuera de producción (debido a políticas oficiales) como para alimentar a otros 1500 millones de personas.” (ibíd., p. 123)


Avery nos muestra así como se unen las praderas norteamericanas y las pampas argentinas en una política mundial.


El horror que escudriña Avery a lo largo de su libro es a la “política de autoabastecimiento de alimentos”. Es decir, que haya más y más sociedades venciendo la pesadilla del-barco-a-la-boca. Porque eso perjudicaría… a EE.UU… y a Argentina. Con semejante política “quedarían torpemente ociosas más de 40 millones de hectáreas de las mejores tierras agrícolas del mundo ubicadas en países como EE.UU. y Argentina, y se obligaría al mismo tiempo a los productores agrícolas de Asia a roturar hasta el último rincón de tierra disponible.” (ibíd., p. 286).


Las explicitaciones de Avery nos permiten visualizar mejor el papel de Argentina en la política mundial de alimentos llevada adelante por EE.UU.


En EE.UU., cuando en 1999 un grupo de objetores a los trámites de aprobación de las técnicas transgénicas lleva a los tribunales a la FDA y transitivamente a Monsanto y otras corporaciones por el ejercicio de métodos considerados viciados (o viciosos) para tales aprobaciones, [5] el presidente de EE.UU., a la sazón Bill Clinton, establece el fast track, para dar el visto bueno a los alimentos transgénicos sin tantos miramientos legislativos ni judiciales. El argumento fue lapidario: tales alimentos constituyen parte de “la seguridad nacional de EE.UU.” De más está aclarar que Clinton no hace referencia alguna a la seguridad nacional… argentina. El golpe de mano de la Casa Blanca constituye una excelente demostración de cómo se conciben los alimentos como arma.

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El papel de Argentina en la crisis alimentaria mundial actual (Luis E. Sabini Fernández) 3/3

Alimentos como armas de destrucción masiva


Un arma de destrucción masiva, como bien los definiera Paul Nicholson, de Vía Campesina. [6] “Los alimentos son mucho más que una mercancía. […] La política de ayudas en EE.UU. y Europa, orientada a la exportación, es destructora de la capacidad productiva […] la revolución de la biotecnología ahonda los procesos de exclusión […] la producción agraria se está concentrando en unas pocas regiones del planeta. Se destruyen las economías locales y el mundo rural se empobrece […].”


¿Suena conocido? Es exactamente la situación argentina. Aquí se concentra la producción, se acentúa la exclusión, porque los monocultivos “industriales” constituyen una agricultura sin agricultores (un tractorista por cada 500 ha. de soja alcanza). Y allí detrás, ¡pica el USDA planeando el mundo entero y a sus pies!


Con lo cual, aquel sano rechazo a las interpretaciones conspiracionistas que ilustrara Caparrós necesita un ajuste: hay conciliábulos, hay resoluciones que pasan por encima y afuera de la gente y que marca profundamente sus destinos. Que las hay, las hay.


Por eso, hay que darle una vuelta de tuerca a lo explicitado por Caparrós. Es todavía peor. Somos “los elegidos” para hambrear al mundo (y de paso hambrear un poco adentro, pero poco, porque en Argentina corre guita, mucha guita).


Y el gobierno, los gobiernos, hasta ahora, contentos. Porque administraban una masa excedente, producto de la exportación, como pocas veces antes.

Sojización: por fin mala palabra


No sabemos porqué, en un momento, en marzo de este año, este gobierno K, descubrió la sojización. Que lleva por lo menos diez años. Pero sí sabemos que gracias a esa focalización, empezamos a socializar unas cuantas verdades.


Ya no se puede tapar el cielo con un harnero. Algo que por una década, gracias a una oportunista ceguera, funcionó.


Tal vez podamos empezar a pensar nuevamente. Eppur si muove.



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* Docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, Facultad de Filosofìa y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista y editor de la revista semestral futuros del planeta, la sociedad y cada uno.

[1] Recordemos que en Haití, luego de deponer por las armas a su presidente electo, Jean Aristide, las fuerzas militares de EE.UU. delegaron la custodia del proceso a los ejércitos del Cono Sur americano, a través, por supuesto, de una disposición aprobada por la ONU, que crea el MINUSTAH compuesto por fuerzas militares y policiales de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Fue precisamente en el área bajo la custodia del ejército uruguayo que se asesinó en marzo a por lo menos cinco o seis haitianos.

[2] Véase el conmovedor relato de Hecmilio Galván, “El espejo haitiano”, alainet.org.

[3] En la lucha proclamada contra el terrorismo islámico, EE.UU. hizo un desembarco muy publicitado en los ‘90 sobre la base de que Somalia carecía de estado y de fuerzas militares regulares. Confiados en una superioridad militar aplastante contra “bandas islámicas”, el ejército estadounidense procuró hacer una operación de RR.PP., para poner orden y brindar alimentos a la desmembrada Somalia. Sin embargo, alguna de las tales bandas les tendieron una celada en la cual 18 marines fueron muertos para sorpresa de los invasores que desandaron prestamente el camino.

[4] Editado en Argentina por la Cámara de Sanidad [sic] Agropecuaria y Fertilizantes, Buenos Aires, 1998, aunque el trabajo de Avery fue hecho y financiado en EE.UU. por el Hudson Institute, Indiana. El nombre de la Cámara, ligeramente defectuoso en castellano, en que debería llevar una segunda preposición “de” antes de “fertilizantes”, tal vez pague el precio a una traducción apurada, no ya sólo de frases sino hasta de instituciones...

[5] Nos referimos a la coalición de organizaciones ambientalistas, religiosas y políticas Alliance for Bio-Integrity (Biodeception: How the Food and Drug Administration is Misrepresenting the Facts About Risks of Genetically Engineered Foods and Violating the Laws Meant to Regulate Them [Biodecepción: cómo la FDA falsifica los riesgos de alimentos transgénicos y viola las leyes que se suponen deben regularlos].

[6] Entrevista publicada en castellano en futuros, no 6, invierno 2004.
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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)