4.1.12

El desempate de Obama (Juan Gelman)

Barack Obama acaba de superar a W. Bush: no cerró Guantánamo, inaugurado por su antecesor; amplió a Pakistán las guerras en Irak y Afganistán y su política económica y social no cambió la dirección que le imprimiera W. Pero pocos días después de cumplirse, el 15 de diciembre, el 220º aniversario de la Carta de Derechos que los Padres Fundadores de EE.UU. erigieron en modelo democrático, Obama promulgó una ley que recorta las libertades civiles más, pero mucho más que la Patriot Act de su predecesor. La National Defense Authorization Act (NDAA), aprobada por el Congreso, faculta a las fuerzas armadas a encarcelar por tiempo indeterminado, sin cargos ni proceso y en prisiones militares, a todo estadounidense sospechado de terrorista, aunque viva en el extranjero. Adiós al derecho de defensa y a un juicio civil, adiós a la presunción de inocencia del acusado hasta que su culpabilidad se pruebe.

Son conocidas las torturas y humillaciones propinadas a los presos en Guantánamo y aún padecen, los que quedan, exactamente la misma situación. Este hecho despertó protestas débiles en EE.UU., finalmente se trataba de extranjeros. La amenaza de que los estadounidenses mismos se vean sometidos a semejante trato provocó las reacciones más inesperadas, aun antes de que Obama diera su plácet al engendro. El New York Times publicó una columna de opinión de los generales (R) Charles C. Krulak y Joseph P. Hoar, del cuerpo de marines, nada avara en adjetivos (www.nytimes.com, 12–12–11).

(La NDAA) “es equivocada e innecesaria: el presidente ya cuenta con el poder y la flexibilidad que requiere una lucha efectiva contra el terrorismo... las leyes en vigor facultan a los militares a detener a los capturados en el campo de batalla, pero esta disposición extendería el campo de batalla a EE.UU.”. Agregan que la disposición no sólo viola el espíritu de la legislación que limita el uso de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad interna, “sino también nuestra confianza en el personal de servicio, que se alistó pensando que nunca se le pediría que volviera sus armas contra nuestros compatriotas”. Subrayan que la medida “reduce, si no elimina, el papel de las cortes federales en los casos de terrorismo... desde el 11/9, las inciertas e inexpertas comisiones militares condenaron solamente a seis acusados de terrorismo, mientras que los tribunales civiles sentenciaron a más de 400”. Una consideración muy práctica.

Forbes distrajo un poco de su permanente atención a los multimillonarios para titular así una de sus columnas: “La NDAA es la amenaza más grande a las libertades civiles que los estadounidenses enfrentan” (www.for bes.com, 5-12-11). “Y qué hay de la inocencia hasta que la culpabilidad se pruebe. Y qué hay de un gobierno con límites. Estamos afrontando el acabóse. O mantenemos las libertades intrínsecas de nuestra república constitucional o rompemos ese proyecto entero en nombre de la seguridad librando sin término esa infructuosa, cara y en última instancia contraproducente Guerra contra el Terror.”

Al parecer, juicios tan duros hicieron vacilar a la Casa Blanca y varios asesores sugirieron la posibilidad de que la ley fuera vetada. Pero Obama, citando vagos cambios introducidos en el texto, pegó la vuelta en U y descartó el veto incurriendo en lo que un editorial del New York Times calificó de “una rendición política completa, que refuerza la impresión de una presidencia que se mueve a tropezones” (www.nytimes.com, 15-12-11). A saber si fue realmente así.

El patrón de la Casa Blanca agitó el fantasma del veto “pero no porque tuviera alguna objeción a la sustancia de la ley –señaló el Christian Science Monitor–. En realidad el presidente, que es un ex profesor de derecho constitucional, quería retener la facultad de aplicar sus disposiciones, es decir, el encarcelamiento militar por tiempo indeterminado, a los ciudadanos estadounidenses que, en virtud de la Constitución, tienen derecho a un juicio expeditivo y público y a la protección jurídica debida. El Congreso capituló” (www.csmonitor.com, 28–12-11). No fue Obama el que izó bandera blanca.

El profesor de derecho Jonathan Turley, de la Universidad George Washington, trazó el historial de las violaciones de los derecho civiles y humanos cometidas por el gobierno Obama, desde el permiso para usar ese tormento llamado “submarino” hasta el bloqueo de la investigación y procesamiento de torturadores del ejército y la CIA (www.latimes.com, 29–11-11). “Con el tiempo, la elección de Barack Obama podrá considerarse como uno de los sucesos más devastadores en nuestra historia de las libertades civiles”, concluye Turley.

La Carta de Derechos, primera enmienda de la Constitución de EE.UU., aprobada en 1791, garantiza, entre otras, la libertad de expresión y de reunión, el derecho, entre otros, a no ser sometido a torturas y a un juicio rápido con un jurado imparcial. Pareciera que el ex profesor de derecho constitucional olvidó todo lo que sabía.

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22.9.11

Los hombres de negro (por Juan Gelman)

Actúan en 70 naciones del mundo –por ahora– y no precisamente en la TV. Son comandos de las fuerzas de operaciones especiales de los EE.UU. que así visten y en este minuto mismo están haciendo algo de lo suyo en alguna parte: ejecuciones extrajudiciales, secuestros, espionaje, construcción de bases y prisiones secretas, financiación y entrega de armas y entrenamiento en prácticas idénticas a nacionales de numerosos países del planeta. Entre otras cosas, enseñan cómo matar a civiles paquistaníes o somalíes con aviones no tripulados (www.nationinstitute.org, 12.7.11). El manto de clandestinidad que los envuelve empezó a rasgarse con el operativo que terminó con Osama bin Laden.
El Comando de Operaciones Especiales de EE.UU. (Socom, por sus siglas en inglés) se estableció en 1987, su misión consiste en combatir al terrorismo en todo el mundo y es una fuerza combinada de marines, comandos de la fuerza aérea, boinas verdes, rangers, asesores y militares de otras ramas. No ha cesado de crecer desde su creación: de 37.000 efectivos a comienzos de los ‘90 pasó a unos 60.000, su presupuesto se ha cuadruplicado y asciende hoy a 9800 millones de dólares (www.bloom berg.com, 7.6.11) y, sobre todo, se ha convertido en una suerte de Pentágono dentro del Pentágono. Goza de independencia para adquirir armas y puede organizar sus propios equipos de tareas, prerrogativas en general reservadas a instancias de mayor jerarquía, como el Departamento de Marina y el Departamento de Ejército.
El almirante Eric T. Olson, ex jefe del Comando, lo dijo con todas las letras: “El Socom es un microcosmos del Departamento de Defensa, lo integran componentes de tierra, mar y aire, y tiene una presencia global y facultades y responsabilidades semejantes a las de los departamentos, servicios y organismos militares” (//armed-services.secate.gov, 1.3.11). La criatura preferida de ese hijo preferido del Pentágono es el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés): su misión fundamental es perseguir y asesinar a sospechados de terrorismo. Informa y responde directamente a Obama, como la SIDE a Videla, y en su lista de candidatos a difunto figuran ciudadanos estadounidenses (www.washingtonpost.com, 27.1.10). Para John Nagel, ex asesor de contrainsurgencia del próximo director de la CIA, el general David Petraeus, el JSOC es “una máquina contraterrorista de matar casi a escala industrial” (www.pbs.org, 17.6.11).
Centenares de yemenitas que protestaban para liberarse de la tiranía de Abdullah Saleh fueron asesinados gracias a la ayuda militar, el entrenamiento del ejército del país, las armas y los ataques con aviones no tripulados de EE.UU. y resulta difícil sospecharlos de terrorismo. Más bien son víctimas del terrorismo de Estado que Washington fomenta en la región según sus intereses. No es curioso que “el arco de inestabilidad”, como lo bautizara W. Bush, que según él abarcaría a 97 países del Medio Oriente, Asia, Africa y aun del sur de América latina, coincida en gran medida con territorios de grandes reservas petrolíferas. La extendida presencia de los hombres de negro es otra expresión de la voluntad del gobierno estadounidense de imponer su dominio en todo el mundo.
El Socom tenía presencia en 60 países al concluir la era W. Bush y Obama aumentó su despliegue a 75 (www.washingtonpost.com, 27.1.10). El 85 por ciento de sus efectivos opera en veinte países del Gran Medio Oriente, desde Afganistán, Yemen y Egipto, hasta Siria, Jordania y Turkmenistán (//armedservices.house.gov, 3.3.11). El resto, desde el sudeste asiático hasta el Cono Sur pasando por Centroamérica. Pero esto no ha de quedar así: el coronel Tim Nye, vocero del Socom, anunció que los hombres de negro estarán a fines de este año operando en 120 países, el 60 por ciento de las naciones de la Tierra. En fin, no es el mundo entero todavía.
El periodista Ron Suskind recuerda en su libro The One Percent Doctrine (Simon & Schuster, Nueva York, 2006) el plan destinado a llevar a cabo “operaciones detalladas contra terroristas en 80 países” que preparó la CIA en el 2001. Casi al mismo tiempo, el entonces jefe del Pentágono Donald Rumsfeld declaró que EE.UU. estaba embarcado en “un amplio esfuerzo conjunto que probablemente englobe a 60 países” (//news.bbc.co.uk, 16.9.01). Obama, por lo visto, le duplica la apuesta.
El mandatario estadounidense ha aumentado además el número de bases militares, secretas y no, en la región del “arco de inestabilildad”, que llega hasta las fronteras con China. Se ha convertido en un eficaz vendedor de armas a esos países y “documentos del Pentágono y de otras fuentes públicas indican que los organismos militares y de inteligencia de EE.UU. operan en todas las naciones del arco, sin excepción” (www.tomdispatch.com, 3.8.11). En este campo, Obama no sólo ha vencido a W. Bush: también se ha derrotado a sí mismo, al Obama que se opuso a la guerra de Irak aun antes de que comenzara.

Fuente:Pagina 12
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31.10.10

Plata, plata, dinero (Por Juan Gelman)


De todo se puede hacer plata en EE.UU., hasta de los inmigrantes a punto de ser deportados. Varias empresas privadas administran prisiones por las que alrededor de un millón de sin papeles han pasado en espera de su expulsión y en condiciones de pesadilla: mujeres y niños violados por los guardianes y muertes causadas por falta de atención médica básica. Las más importantes son la Corrections Corporation of America (CCA) y el GEO Group, las financia el gobierno y gozan del pleno apoyo de Wall Street. No es raro entonces que alienten con fuerza la criminalización y el encarcelamiento de centroamericanos, mexicanos y otros que entraron a la potencia del Norte en busca de trabajo.

La T. Don Hutton, una verdadera cárcel con sede en Taylor, Texas, es un caso que grita: en los primeros días de marzo de 2006 se comenzó a encerrar en ella a los padres y los hijos que iban a ser echados y no tardaron los informes y denuncias sobre el maltrato que el personal de la CCA propinaba a los niños. La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) documentó los hechos en una querella judicial y se prohibió alojar a familias en T. Don Hutton, sólo podían ingresar mujeres (www.aclu.org, 26/8/07). El remedio fue peor que la enfermedad: se incrementaron los abusos sexuales y violaciones (www.aclu.org, 20/8/10). La Casa Blanca se ocupa de otras cosas, de guerras, por ejemplo.

Los presos deben pagar su atención médica y que puedan es difícil y aun imposible: en el centro de detención del condado texano de Reeves murieron cinco hombres entre agosto de 2008 y marzo de 2009 –dos suicidios incluidos– por inatención a su salud. El 12 de diciembre de 2008 falleció encerrado en solitario Jesús Manuel Galindo, aquejado de epilepsia, y los guardianes retiraron su cuerpo en una bolsa. Esto desató a mediodía un motín de proporciones: el 12 de diciembre se celebra el Día de la Virgen de Guadalupe, un hondureño y un mexicano recluidos en un calabozo quemaron un colchón y los demás cautivos obligaron a sus vigilantes a liberarlos (www.texasobserver, 7/10/09). Acudieron Rangers, agentes del FBI, policías y efectivos del Departamento de Seguridad Pública, pero no pudieron sofocar la protesta.

Comenzaron las negociaciones y los intermediarios descubrieron, para su sorpresa, que no se trataba de un enfrentamiento gangsteril, una cuestión racial o un estallido espontáneo de violencia: los presos tenían sus demandas por las pésimas condiciones en que los sume el GEO Group. Exigieron una reunión con miembros del Consulado mexicano, el FBI y los guardianes para exponer sus reivindicaciones. Por la tarde, una delegación de siete detenidos –un venezolano, un nigeriano, un cubano y cuatro mexicanos– denunciaron la comida incomible, el abuso del solitario para castigar a quienes pedían tratamiento médico y, sobre todo y ante todo, una completa falta de atención en la materia. Las autoridades prometieron soluciones y el motín terminó al día siguiente.

Promesas son promesas y menos de dos meses después, el 31 de enero del 2009 los presos tomaron nuevamente el control de la cárcel. Esta vez la rebelión duró cinco días y el valor de los daños causados por la represión y la resistencia ascendió a 20 millones de dólares. El GEO Group fue obligado a pagar compensaciones por los maltratos que su personal había infligidos a los internados en Pennsylvania, Texas, Illinois y Nuevo México –hasta 40 millones de dólares por la muerte de un preso en Raymondville–, pero esto poco dañó sus finanzas: acopia 1700 millones anuales.

El sitio Seeking Alpha, que presenta análisis de mercado muy tenidos en cuenta por Wall Street, reveló que los ingresos de la CCA ascendían a 1600 millones de dólares en 19 estados, con un margen de ganancia del 9,4 por ciento (//seekingalpha.com, 23/3/10). Y no es casual que en el presupuesto federal ocupe cada año más espacio el rubro de la represión a los inmigrantes. Estas empresas practican un lobby muy eficaz en los departamentos gubernamentales competentes: cada dólar que el GEO Group invirtió en dicha actividad en el período 2005/2009 se convirtió en 662 billetes verdes en los contratos que obtuvo por un valor total de casi mil millones de dólares. Por algo la inversión del gobierno en la materia aumentó un 51 por ciento desde 2006 a la fecha.

La Casa Blanca aplica la legislación aprobada en 1995 con más dureza cada vez. El número de operativos para detener inmigrantes en lugares de trabajo, vecindarios y hasta en paradas del transporte público y estaciones del subte se duplicó en 2007 en relación con el 2006, según las últimas cifras conocidas, y la cantidad de los encarcelados pasó de unos 250.000 a más de 310.000 en ese lapso. En tanto, los cerebros de Wall Street aconsejan a sus clientes comprar acciones de la CCA y el GEO Group. Perseguir, detener y deportar inmigrantes es un buen negocio en EE.UU.

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26.8.10

Una suciedad chiquita (Por Juan Gelman)

Hay guerras sucias de todo tipo, enormes como la que segó la vida de 30.000 personas inermes a manos de la más reciente dictadura militar argentina. Otras son chicas y, al parecer, el Pentágono habría desatado una contra Julian Assange, el coordinador del sitio WikiLeaks que difundió 75.000 mil documentos internos de las fuerzas armadas que combaten en Afganistán (ver Página/12, 29/7/10). Abundan en informes sobre matanzas de civiles y ejecuciones extrajudiciales, entre muchas otras cosas, y su publicación en periódicos importantes puso los pelos de punta a la Casa Blanca.

Assange, ciudadano australiano que reside actualmente en Suecia, fue acusado de violar a dos mujeres y todo resultó muy extraño. La fiscal María Häljebo Kjellstrand emitió en las últimas horas del viernes 20 una orden de arresto contra Assange en razón de la denuncia de las dos presuntas violadas, que afirmaban que lo fueron en un espacio de tres días. Eva Finné, la fiscal general, anuló la orden 24 horas después por falta de pruebas. Declaró que estaba en curso una investigación por acoso sexual, un delito mucho menos grave que la violación para la Justicia sueca (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). Lo mejor vino después.

Una de las dos mujeres dio marcha atrás rápidamente: el domingo dijo al diario Aftonbladet que la sorprendía el cargo de violación propinado a Assange, negó que hubiera violencia en el encuentro que tuvieron y sugirió que, en realidad, habían discutido porque él se negaba a usar condón. En tanto, el ombudsman del sistema judicial ordenó que se investigue cómo se filtró la noticia a la prensa, ya que apenas habían transcurrido minutos entre la emisión de la orden de arresto y su aparición en un tabloide. Según el británico The Guardian, la información habría sido proporcionada por la policía sueca (www.guardian.co.uk, 22/8/10). Curioso, sí.

Assange se apresuró a señalar con el índice al Pentágono, que calificó de “absurda” esa pretensión. “El 11 de agosto –señaló Assange–, los servicios de inteligencia de Australia me advirtieron que debía esperar cosas de este tipo” (//news.smh.com.au, 24/8/10). Afinó luego esta imputación: “No tenemos evidencias directas de que esto viene de la inteligencia estadounidense o de alguna otra. Algo podemos sospechar pensando a quién beneficia la historia”. No parece casual que el escándalo estalle ahora: Assange había prometido publicar otros 15.000 documentos secretos de la guerra de Afganistán y ofreció al Pentágono que los leyera antes para borrar todo aquello que podía afectar el curso de la guerra y/o la seguridad de los informantes. El Pentágono se negó: su política es borrar a WikiLeaks de la faz de Internet.

Otra extravagancia. Una de las mujeres afirmó que había conocido a la otra en una conferencia impartida por Assange (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). No existen estadísticas sobre el número de violadas que asisten a las conferencias de sus violadores, pero no deben ser muchas. Según The Telegraph, la segunda se acercó a la primera, le confió lo sucedido y logró que ésta la acompañara a la policía para presentar la denuncia. ¿Es que las mujeres que padecen esa bárbara violencia se reconocen a primera vista?

Algo interesante: la entrevistada por Aftonbladet “descartó la idea de muchos teóricos de la conspiración de que las incriminaciones de violación se debían a alguna ‘sucia trampa’ por la actitud de desafío al gobierno de EE.UU. asumida por WikiLeaks. Dijo: ‘Los cargos contra Assange no fueron, desde luego, orquestados por el Pentágono’”. Un “desde luego” que no puede evitar el olor a excusa anticipada. En particular, porque el Pentágono difundió las acusaciones por Twitter con bastante frenesí.

Scott Horton reveló hace meses la existencia de un documento clasificado del Centro de Inteligencia del Ejército que subrayaba la necesidad de no limitarse a anular los servidores y las bases de datos de WikiLeaks: además había que neutralizar a los individuos que operan el sitio (//file.wikileaks.org, 15/3/10). En las 32 páginas del informe se nombra a Assange a saciedad, se califica de “acto delictuoso” su labor y se aboga por incoar un proceso que “logre con éxito destruir el centro de gravedad” de WikiLeaks. Ese centro no es otro que Assange mismo.

Las denuncias contra el australiano fueron precedidas de una campaña contra Bradley Manning, analista de inteligencia preso en Kuwait por filtrar a WikiLeaks el video Asesinato colateral. Filmado desde un helicóptero Apache, muestra claramente el asesinato de un miembro de la agencia Reuters y el ataque a quienes acudieron a ayudarlo, entre ellos dos adolescentes que resultaron heridos. Manning es sospechoso de pasar los documentos que Assange difundió y la campaña se centró en su condición declarada de gay. Típico de EE.UU.: es notorio que las noticias, ciertas o falsas, sobre la sexualidad de un político, un candidato, un periodista, pueden acabar con su carrera. Casi le quitan la presidencia a Bill Clinton.

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15.5.10

De la mala a la peor (Por Juan Gelman)


Se apaga el concierto de voces que proclaman la salida de la crisis económica mundial: el sismo europeo es una fuerte réplica del epicentro que sacude a EE.UU. desde el 2008. Hasta el FMI subraya que las medidas adoptadas para salvar a Grecia son apenas calmantes de una enfermedad grave. Pero no explica en qué consiste el mal. Sólo propone la “cura” de las medidas de ajuste que afectan a millones y millones de habitantes del planeta.

El distinguido profesor emérito de Economía de la Universidad de Ottawa, Michael Chossudovsky, y el investigador independiente Andrew Gavin Marshall acaban de reunir en el volumen titulado The Global Economic Crisis. The Great Depression of the XXI Century (Global Research Publishers, Centre for Research on Globalization, Montreal, 2010) los trabajos de 16 especialistas que exploran a fondo las causas y consecuencias de un fenómeno que no se debe precisamente a un puñado de banqueros sin escrúpulos, como Barack Obama propone: es el desemboque de un largo proceso de cambio del modelo económico occidental que se inició en los años ’80. La llamada “desregulación” que nació entonces estuvo normada por la implantación progresiva de complejos instrumentos creados por el aparato financiero.

Los editores sintetizan las conclusiones de los estudiosos en el prólogo de la obra (www.globalresearch.ca, 9-5-10). La central: “La humanidad se encuentra en la encrucijada de la crisis económica y social más grave de la historia moderna”. Se subraya que no consiste sólo en la burbuja inmobiliaria que estalló hace dos años: el hundimiento de los mercados financieros en el período 2008/09 fue secuela del fraude institucionalizado y la manipulación financiera. En obediencia, claro, a la ley del beneficio máximo.

Es notorio que esto ensancha las distancias entre base y cima sociales en materia de distribución del ingreso nacional. Un estudio que el profesor Emanuel Saez, del Departamento de Economía de la Universidad de Berkeley, llevó a cabo hace dos años revela que en EE.UU. ese distanciamiento “es particularmente brutal a partir de los ’80: el 10 por ciento más rico (de la población) acaparaba el 35 por ciento del ingreso nacional en 1982, una proporción que alcanza el 50 por ciento 25 años después, reinstalando la situación que precedió al crac de la Bolsa en 1929” ( , 15-3-08). Pese a las declaraciones optimistas de la Casa Blanca, el desempleo en la superpotencia va en aumento.

Otros análisis inquietantes se resumen en el prólogo de The Global Economic Crisis: esta recesión económica no tiene un origen acotado, sino que se inscribe en el desarrollo de una militarización a escala mundial. “La dirección de la ‘guerra prolongada’ del Pentágono se vincula estrechamente con la reestructuración de la economía global..., la arquitectura financiera global alimenta objetivos estratégicos y de seguridad nacional. A cambio, la agenda militar de EE.UU. y la OTAN sirve de apoyo a una poderosa elite empresarial que socava incesantemente las funciones del gobierno civil.”

El traslado de una ingente masa de capital a las actividades financieras ha “desmaterializado” la producción y provocado un cambio estructural en la economía estadounidense: crece el número de quiebras de empresas pequeñas y medianas, al mismo tiempo que la economía de guerra, engordada por un presupuesto de defensa de casi un billón de dólares, goza de muy buena salud. La industria de armas de alta tecnología y la contratación de mercenarios para las guerras de Irak y Afganistán conocen, entre otros, un esplendor sin precedentes. “Basta echar un vistazo a la escalada (bélica) en el Medio Oriente y Asia Central, así como a las amenazas de EE.UU. y de la OTAN dirigidas a China, Irán y Rusia, para percibir hasta qué punto la guerra y la economía están íntimamente vinculadas.”

Las relaciones de la banca con el complejo militar-industrial y los gigantes del petróleo, el papel central que la política monetaria desempeña en la recesión, el peso de la deuda pública y privada, las repercusiones socioeconómicas y políticas que acarrearon las reformas del libre mercado, son aspectos que, entre otros, escrutan analistas destacados como Claudia von Werlhof, Richard C. Cook y Peter Dale Scott. Desde distintos puntos de vista y desde disciplinas diferentes, todos los autores coinciden –señala el prólogo– en que se trata de una crisis con alcances verdaderamente mundiales que influyen en todas las naciones y en todas las sociedades. La estadounidense incluida, desde luego.

“Nunca vi algo semejante –señaló Noam Chomsky sobre el estado de ánimo imperante en EE.UU. (www.legrandsoir.info, 24-4-10)–. Escucho la radio para enterarme de lo que dicen los que llaman por teléfono. ¿Qué me pasa?, se preguntan. Hice todo lo que me dijeron que hiciera. Soy un buen cristiano. Trabajo duro para mantener a mi familia. Tengo un arma. Creo en los valores de este país y, sin embargo, mi vida se derrumba.”




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11.4.10

Curiosidades afganas (Por Juan Gelman)


“Si me siguen presionando, juro que me convierto en talibán” (www.cba.ca, 5-4-10). La frase pertenece a Hamid Karzai, impuesto por EE.UU. como primer ministro antes y luego como presidente de un Afganistán en guerra y devastado. Occidente lo presiona para que erradique el cultivo de las amapolas del opio que terminan en heroína, fuente de la corrupción del gobierno y alimento financiero de la guerrilla talibán, presente ya en extensas zonas del territorio del país. Para los ocupantes se trata de un problema militar.

Karzai critica a Obama y fabrica otras curiosidades: acusó a la Casa Blanca de un intento de amaño de las últimas elecciones para impedirle ocupar la presidencia. Amaño hubo, fraude, mejor dicho, pero a favor de Karzai y hasta las Naciones Unidas legitimaron su triunfo. El pretexto del mandatario afgano oculta que no quiere o no puede terminar con el opio y sus consecuencias en el que se ha convertido en el primer narco-Estado del mundo. EE.UU. mucho contribuyó para que así sea.

No había amapolas en Afganistán cuando las tropas soviéticas lo invadieron, en 1979. Los señores de la guerra alentaron su cultivo para conseguir armas, pero se convirtió en un verdadero instrumento político sólo cuando la CIA decidió financiar a los mujaidines por intermedio de los servicios secretos de Pakistán (ISI, por sus siglas en inglés). La CIA realizó operativos de contrabando de heroína y en diez años destinó casi 2 mil millones de dólares a “los combatientes de la libertad” (Ronald Reagan). La guerra antisoviética encubierta del espionaje estadounidense convirtió las zonas fronterizas de Pakistán/Afganistán en las mayores productoras de heroína del planeta.

A medida que los mujaidines ocupaban áreas agrícolas, comenzaron a llevar grandes cantidades de opio a los centenares de laboratorios pakistaníes protegidos por el ISI. La producción opiácea afgana pasó de 250 a 2000 toneladas entre 1981 y 1990; de Pakistán llegaba el 60 por ciento de la heroína consumida en EE.UU. La Casa Blanca detuvo esta actividad de la CIA en 1991, dos años después de que los soviéticos se retiraran de Afganistán. Dejaba atrás un país devastado, una guerra civil, un millón de muertos y cinco millones de refugiados.

Los talibán tomaron el poder en 1996 y promovieron la expansión de los cultivos de amapola, la producción llegó a 4600 toneladas, equivalente al 75 por ciento del consumo mundial, y el régimen impuso un impuesto del 20 por ciento a la cosecha anual. Impulsó además la instalación de centenares de laboratorios de refinación de heroína. Pero en el 2000, el líder talibán Mullah Omar, deseoso de ganar el reconocimiento internacional, cometió un acto de economía suicida: prohibió el cultivo, arrasó con el 94 por ciento de territorio sembrado, redujo la producción de opio a 185 toneladas y dejó sin sustento al 20 por ciento de la población afgana.

Derrotado el talibán, la CIA empleó sus métodos habituales para que los señores de la guerra, siempre activos en el narcotráfico, se apoderaran de ciudades y pueblos en el este de Afganistán, zona lindante con Pakistán. A su juego los llamaron: la producción de opio subió abruptamente a 3400 toneladas sólo en el primer año de la ocupación. Cinco años después, su cultivo abarcaba una superficie superior a la de los cultivos de coca en toda América latina, de acuerdo con un informe de las Naciones Unidas (www.nytimes.com, 28-8-07). Las 185 toneladas de antes de la invasión se fueron a 8200 en el 2007, es decir, un 53 por ciento del PBI nacional y un 93 por ciento del suministro mundial de heroína. Del opio vive al menos un 30 por ciento de la población afgana.

Otra curiosidad: la necesidad de ganarse el apoyo de los habitantes de Marja, verdadera capital mundial de la heroína, ubicada en la provincia de Helmand y recuperada del control talibán, “ha puesto a los comandantes de EE.UU. y la OTAN en la inusual posición de oponerse a la erradicación de los cultivos de opio” (The New York Times, 20-3-10). Los efectivos norteamericanos ya no los arrasan (www.mercurynews.com, 20-3-10) y se entiende: del 60 al 70 por ciento de los campesinos de la zona siembra amapola.

El general McChrystal, comandante en jefe de las tropas ocupantes, visitó un pueblo del lugar acompañado del vicepresidente segundo de Afganistán, Karim Khalili, y presenció la ira de los 200 campesinos cuidadosamente preparados para recibirlos. “Si vienen los tractores (utilizados para erradicar) –les gritó una viuda afgana vitoreada por todos los presentes–, tendrán que pasar encima de mí y matarme antes de matar a mis amapolas” (www.nytimes.com, 1-3-10). El general entendió el mensaje y Karzai se siente sostenido en su voluntad de cambiar nada.

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6.12.09

Explicaciones repetidas (Por Juan Gelman)

Barack Obama tardó 92 días en decidir, sin sorpresa para algunos y con desilusión para muchos: enviará 30.000 efectivos más a Afganistán, serán ahora 100.000, y prometió que en 18 meses comenzará a retirarlos (lati mesblogs.latimes.com, 1-12-09). El enemigo que amenaza la seguridad de EE.UU. –subrayó, y parecía W. Bush– es Al Qaida, una opinión que no comparte, o no compartía, su asesor en materia de seguridad nacional, general (R) James Jones: “Ha disminuido mucho la presencia de Al Qaida (en Afganistán), se estima que tiene, como máximo, menos de cien hombres operando en el país, carecen de bases y de la capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados” (www.huffintonpost.com, 4-10-09). Es una estimación que comparten la Comunidad de Inteligencia y el Pentágono (abcnews.go.com, 2-12-09). ¿Entonces?

El costo del aumento ascenderá a 30.000 millones de dólares, es decir, un millón de dólares anuales por soldado, y valdrá 300 millones la vida de cada terrorista de Al Qaida que se mueve en Afganistán. Funcionarios del Pentágono y de la Casa Blanca se apresuraron a justificar de manera anónima semejante exageración: declararon que cien miembros de Al Qaida pueden hacer “muchísimo daño” y sugirieron que los talibán “obedecen sus órdenes”. Hace un año decían que éstos habían roto todo vínculo con las redes de bin Laden (edition.cm.com, 6-10-08). ¿Entonces?

El presidente estadounidense apuntó: “En los últimos años, el talibán ha hecho causa común con Al Qaida, ambos tratan de derribar al gobierno afgano”. No aclaró que sus fines son diferentes: la causa del primero es la destrucción en el territorio continental de EE.UU.; la del último, el derrocamiento del gobierno de Karzai y la retoma del poder. Obama incurrió en una curiosa omisión: “Es bien conocido el agudo debate sobre la guerra de Irak y no hay necesidad de reiterarlo ahora”. El presunto arsenal de armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein pasó al olvido.

Barack Obama anunció el incremento de las fuerzas armadas norteamericanas en un discurso pronunciado en West Point ante un auditorio militar que sólo lo aplaudió dos veces y sucintamente. Comparó la guerra de Vietnam con la de Afganistán: y rebatió a quienes dicen que la última es como la primera: “Arguyen que no se puede estabilizar al país y que mejor sería poner fin a nuestras bajas mediante una retirada rápida. Este argumento es producto de una lectura falsa de la historia. A diferencia de Vietnam, estamos acompañados por una amplia coalición de 43 naciones que reconocen la legitimidad de nuestra acción”. Esta afirmación pasa por alto el hecho de que tropas de Canadá, Francia al principio, Australia, Corea del Sur, Taiwán, Nueva Zelanda, Tailanda y la España de Franco combatieron junto a EE.UU. en Vietnam. En efecto, hay lecturas falsas de la historia.

El mandatario afroamericano amplió el tema: “A diferencia de Vietnam, no estamos enfrentando a una insurgencia de amplia base popular”. ¿Para qué enviar más tropas, entonces? Funcionarios de inteligencia especulan que hay varios centenares de terroristas de Al Qaida en Pakistán y Obama aseveró: “Estamos en Afganistán para prevenir el cáncer que una vez más se extiende desde ese país. Pero el mismo cáncer se ha instalado en la región limítrofe de Pakistán y por eso necesitamos una estrategia que funcione a ambos lados de la frontera”. ¿Qué entrañaría ese funcionamiento eficaz? ¿Una invasión a Pakistán, dada la notoria incapacidad de acabar con su propia insurgencia que Islamabad exhibe?

Pocos días después del 9/11 –manifestó Obama– el Congreso autorizó el uso de la fuerza contra Al Qaida y contra aquellos que lo amparan, una autorización que sigue en pie hoy.” Recoge así el legado de W. Bush para insistir en aventuras bélicas. “Es fácil olvidar que cuando comenzó esta guerra (los estadounidenses) estábamos unidos por la memoria aún fresca de un ataque horrible y por la determinación de defender nuestra patria y los valores que apreciamos. Me niego a aceptar que no podamos reconstruir esa unidad.” ¿Con base en el mismo miedo que W. y su equipo sembraron entonces? La sociedad norteamericana no parece dispuesta.

Las palabras del presidente suenan vacías para ellos”, titula Los Angeles Times del día siguiente al del discurso; “ellos” son miembros de una organización de familias de militares, reunidos frente a un televisor para escucharlo. “Cuando el comandante en jefe sugirió que los críticos se equivocaban al comparar el esfuerzo militar en Afganistán con la guerra de Vietnam, varios se carcajearon”, testimonia el periodista Louis Sahagun. Cunde el desánimo entre quienes votaron a Obama creyéndolo pacifista. Es natural: les espera la pérdida de sus seres queridos.

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18.10.09

La Madre de todas las Burbujas Financieras aún está por llegar...???

No aprenden

Por Juan Gelman


Se escucha a líderes de los países desarrollados declamar que ha tocado fondo la crisis económica global. Para el presidente Obama ha terminado, aunque el número de desocupados en EE.UU. alcanzó en pocos meses la cifra record real del 16,9 por ciento de la fuerza laboral (foro.univision.com, 27-9-09). Se saldrá del pozo con lentitud, atenúan, y la Organización de Cooperación y De-sarrollo Económico (OCDE) ha dado a conocer indicadores alegres: “Ahora son visibles las claras señales de recuperación de todas las economías más importantes, en particular de Italia y Francia”, afirma (www.oecd.org, septiembre 2009). Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal y considerado un mago de las finanzas, pronostica una tasa de crecimiento del 3 por ciento para su país. Aparece la luz al final del túnel. O más bien parece que aparece: los que derraman optimismo hoy son los mismos que decían en 2008 que todo estaba bien, que nada había que temer y que el peligro de una depresión era inexistente.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI) –del que muy poco y nada se habla– tiene otras opiniones que merecen atención. Este banco central de los bancos centrales del mundo coordina sus operaciones a nivel global y es la institución financiera más prestigiosa del planeta. No rinde cuentas a ningún gobierno y a su sede en Basilea acuden cada dos meses los representantes de los bancos centrales para analizar la situación imperante. El BPI les garantiza “una confidencialidad y un secreto que superan a los de cualquier banco clasificado triple A” (James Calvin Baker, The Bank for International Settlements, Greenwood Publishing Books, 2002). Conviene tomar en cuenta sus advertencias, sobre todo porque acostumbra no equivocarse: ha insistido en la presencia de graves desequilibrios del sistema financiero global desde el año 2003, pero no conmovió a quienes estaban ocupados en acumular ganancias fabulosas con infatigable rapacidad.

El BPI señaló en su informe más reciente que se corre el peligro de que estallen otras burbujas financieras, más graves aún que la inmobiliaria que llevó a la Casa Blanca a destinar billones de dólares al salvamento de los bancos. Señala, entre otras cosas, que la inversión en mercados derivativos había aumentado un 16 por ciento en el segundo trimestre de 2009, lo cual entraña “grandes riesgos sistemáticos” en el sector financiero internacional (www.bis.org, 14-9-09). El especialista Andrew Gavin Marshall subraya que al día siguiente de la publicación de este informe el ex jefe del departamento económico del BPI, William White, avisó que las acciones del gobierno estadounidense “para socorrer a la economía a corto plazo podrían estar sembrando las semillas de crisis futuras” y acarrear una recesión aún más profunda y prolongada (www.global research.ca, 8-10-09).

El llamado “paquete de estímulo económico” de la Casa Blanca no es pequeña cosa. “El gobierno de EE.UU. y la Reserva Federal invirtieron, prestaron o destinaron 12,8 billones de dólares (al salvamento), suma 14 veces superior al efectivo circulante. El PBI del país fue de 14,2 billones en el 2008” (www.blo om berg.com, 31-3-09). Esta evaluación fue en marzo. Cuatro meses después, el monto del paquete llegaba casi al doble. Los bancos más importantes utilizaron la ayudita para consolidarse, comprar bancos más pequeños y absorber unidades productivas. También los destinaron a especular y a inflar las cotizaciones de la Bolsa. Movidos por una sed insaciable del beneficio máximo, no quieren aprender nada de la crisis actual y la burbuja crece.

Gerald Celente dirige el Trends Research Institute (Instituto de Investigación de Tendencias) y suele acertar con sus análisis: predijo el derrumbe de la Bolsa de 1987, la implosión de la Unión Soviética, la crisis económica rusa de 1998, la recesión del 2001, el colapso del mercado inmobiliario de 2007, entre otras cosas. De él dijo el New York Post: “Si Nostradamus viviera, le sería muy difícil competir con Celente”. En mayo pasado anunció que se avecina “la Madre de todas las burbujas” provocada por “el paquete de estímulo”, que definió así: “Dólares fantasmales, impresos en aire inconsistente, respaldados por nada y produciendo casi nada” (geraldcelentechannel.blogspot.com, 13-5-09). Cuando esa burbuja estalle no habrá recursos para inflar otra y Celente piensa que esto podría empujar a EE.UU. a lanzar una guerra de proporciones impensables. ¿Será por eso que Obama enviará otros 45.000 efectivos a Afganistán, elevando el número de sus tropas a más de 100.000 (www.telegraph.co.uk, 14-10-09)? ¿Para combatir a los menos de 100 terroristas de Al Qaida que, según estimaciones de la Casa Blanca, siguen allí? (AP, 6-10-09). Qué desperdicio.

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1.6.09

El presidente que hablaba con Dios (Por Juan Gelman)


Es notorio: cuando presidente de EE.UU., W. Bush hablaba con Dios o, mejor dicho, Dios hablaba con él. “Me conduce una misión de Dios. Dios me dice ‘George, ve y lucha contra esos terroristas en Afganistán’. Y lo hice. Y luego Dios me dice ‘George, ve y termina con la tiranía en Irak’. Y lo hice” (The Guardian, 7-10-5). Son afirmaciones ciertas para algunos, blasfemas para otros. En su rancho de Crawford, Texas, W. mantuvo en el 2002 la reunión con el premier británico Tony Blair en la que se decidió invadir a Irak y trascendió que ambos rezaron juntos por el éxito de la empresa. El autor cristiano Stephen Mansfield relata en su libro The Faith of George W. Bush (Strang Communications & Penguin Group, USA Inc., 2003) numerosos hechos y dichos de la misma índole.

Menos conocido –más bien poco conocido– es el razonamiento que el ex mandatario norteamericano manejó para convencer a sus aliados de que brindaran apoyo militar a las dos aventuras. Jean-Claude Maurice lo revela en su libro Si vous le répétez, je démentirai (Si usted lo repite, yo desmentiré, Plon, París, 2009). El periodista francés tuvo encuentros frecuentes con Jacques Chirac, entonces presidente de Francia, que le relató que poco antes de la invasión a Irak de marzo del 2003 recibió un llamado telefónico de Bush instándolo a participar en la guerra. “Bush Jr. utilizó un argumento singular, afirmando que ‘Gog y Magog están actuando en Medio Oriente’ y que ‘las profecías de la Biblia están a punto de cumplirse’. En ese momento Chirac quedó estupefacto y no reaccionó” –documenta Maurice–, pero pidió asesoramiento al especialista suizo Thomas Römer, profesor de teología de la Universidad de Lausana. Cuando supo, Chirac no se rió: pasó del pasmo al miedo.

Se trataba de lo que podría llamarse el Código Ezequiel. Gog y Magog aparecen en el Génesis y sobre todo en dos de los capítulos más sombríos del Libro de Ezequiel (38 y 39) del Antiguo Testamento, en los que Jehová pronuncia la profecía apocalíptica de un ejército mundial que libra en Israel la última batalla y barre a los enemigos de su pueblo para que comience una nueva era: tal es la voluntad de Dios. Este oráculo se repite en el Apocalipsis o El libro de la Revelación del Nuevo Testamento, en el que San Juan prenuncia la derrota de la Bestia por los ejércitos del Cielo, su captura y encierro de mil años en los que quienes no adoraron al Diablo revivirán y reinarán con Cristo (Apocalipsis, 20). Chirac entiende –subraya Maurice– que las palabras de W. Bush debían interpretarse así: “Un ejército mundial islamita fundamentalista amenaza al mundo occidental que apoya a Israel. La prueba son los atentados del 11/9 contra las Torres de Manhattan”. Y fue la invasión y fueron muertos miles y miles de civiles iraquíes y soldados estadounidenses que seguramente ni idea tenían de Gog y Magog.

Thomas Römer, el especialista consultado por el Elíseo, escribió sobre el tema dos años antes que Maurice, pero su artículo, publicado en el número de septiembre de 2007 de la revista Allez savoir, de la Universidad de Lausana, pasó inadvertido. En ese texto, Römer señala los enigmas de El Libro de Ezequiel que han originado diferentes explicaciones y especulaciones a lo largo de veinte siglos. En las distintas traducciones de la Biblia –indica– puede leerse “Gog y Magog” o “Gog de Magog” o “Gog del país de Magog”, es decir, “Gog, príncipe de Magog”. W. Bush lo buscó en Irak y Afganistán y en esto no fue el primero.

“Ronald Reagan conocía bien la Biblia –apunta Römer– y estimó que la Guerra Fría y la existencia de la bomba atómica tornaban realizable la profecía apocalíptica de Ezequiel.” Gog fue entonces la URSS del socialismo real, pero la caída del Muro de Berlín le evitó el apocalisis. Muchos historiadores y teólogos buscan hoy en el pasado, no en el futuro, la explicación de la batalla contra la coalición de ejércitos encabezada por Satán. “Algunos identifican a Gog con un cierto Gygnos, rey de Anatolia en el siglo VII antes de Cristo, quien podría haber sido el origen del texto apocalíptico –indica Römer0. Otros piensan que Nerón es el famoso 666 evocado en el Apocalipsis de San Juan, que la Gran Prostituta es Roma y que la caída anunciada es la del imperio romano.” Según este especialista, un análisis histórico permitiría aclarar las profecías bíblicas apocalípticas mirando atrás.

Se explica que el poderoso lobby proisraelí de EE.UU. presione a la Casa Blanca y al Congreso en favor de políticas favorables a Tel Aviv, incluida la ocupación de territorios palestinos que dura ya 42 años. Paradójica es la concepción de los evangelistas fundamentalistas, que votaron a Bush masivamente: piensan que el Apocalipsis o Armagedón caerá sobre Israel y lo apoyan para que éste se destruya y vuelva el reino de Cristo.
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21.8.08

¿Qué pasó, qué pasará? (Por Juan Gelman)

Hay muchos puntos oscuros en el conflicto ruso-georgiano, pero algunos están claros. Georgia atacó a Osetia del Sur y prácticamente destruyó la capital, Tsjinvali. Zonas residenciales, la universidad, los hospitales, fueron barridos con el resultado de 1500 civiles osetios muertos, según fuentes rusas y occidentales. “El bombardeo de la fuerza aérea y de la artillería dejó a la capital sin agua, alimentos, electricidad y gas” (AP, 9-8-08). La respuesta rusa fue aplastante y también eso está claro. Lo oscuro es por qué Tiflis, amiguísima de la Casa Blanca y viceversa, emprendió una aventura condenada al fracaso de antemano.

Georgia es una avanzada militar de EE.UU. y la OTAN en la frontera con Rusia y no se encuentra lejos del conflicto que arde en Asia Central. No sólo: Osetia del Sur es la encrucijada de oleoductos y gasoductos estratégicos para Occidente.

En abril pasado, W. Bush apoyó en todos los tonos el pedido de Georgia de ingresar en la OTAN, no sin cierta inquietud de los europeos. No obstante, la OTAN prometió enviar asesores militares en diciembre próximo. Se adelantó el Pentágono: en julio instaló más de mil marines y soldados en la base militar georgiana de Vaziani, en la frontera con Osetia del Sur, para adiestrar a las tropas georgianas en misiones de combate. Efectivos estadounidenses –1200– y georgianos –800– efectuaron maniobras conjuntas a mediados de julio en un operativo bautizado “Respuesta inmediata”. El ataque fue en agosto. Rara coincidencia, ¿verdad?

Georgia incrementó notoriamente su capacidad militar en el 2007. El Ministerio de Defensa de la Federación Rusa asentó en el documento titulado “Sobre la ayuda militar a Georgia de otros países” (blog.wired.com/defense, 19-5-08) que Tiflis había recibido “206 tanques, de los que 175 fueron proporcionados por los estados de la OTAN, 186 vehículos blindados (126 de la OTAN), 79 cañones (67 de la OTAN), 15 helicópteros (12 de la OTAN), 70 morteros, diez sistemas de misiles tierra-aire, ocho aviones de reconocimiento sin piloto de Israel y otras armas”. No es difícil colegir que la acción fue preparada y coordinada por militares estadounidenses y otaneros. También israelíes: el diario Ha’aretz, de Tel Aviv, informó que Temur Yakobashili, ministro georgiano de Asuntos de Reintegración (de las repúblicas autónomas de Abjasia y Osetia, territorios que alguna vez fueron de Georgia) declaró que “Israel debería sentirse orgulloso de sus militares, que entrenaron a los soldados georgianos”. Esto sugeriría que el tablero de juego es mucho más amplio que Osetia del Sur.

Georgia no forma parte de la OTAN. Oficialmente. De hecho, sí: en abril de 1999 acordó, apenas finalizada la guerra en Yugoslavia, una alianza militar con la OTAN y desde entonces Tiflis ha recibido un incesante flujo de armas de técnica avanzada. Este acuerdo sirve para proteger los intereses de los gigantes petroleros en Medio Oriente y Asia Central. Israel, por su parte, está asociado a la explotación del ducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, controlado por la British Petroleum, que transporta petróleo y gas natural de Azerbaiján: recibe por ese medio más del 20 por ciento del oro negro que necesita. Este ducto ha cambiado la geopolítica de la región y fundado un nuevo bloque prooccidental que integran Azerbaiján, Georgia, Turquía e Israel. Ahí no terminan las aspiraciones israelíes en la materia.

Tel Aviv no sólo quiere energéticos para su propio consumo: también aspira a reexportar el petróleo del Caspio a los mercados asiáticos vía el puerto de Eliat y negocia con Turquía la construcción de ductos que transportarán agua, electricidad, gas natural y “petróleo que Israel destinará luego al Lejano Oriente” (www.jpost.com/serviet), desempeñando así un papel estratégico en la protección de esa red. Se explica que destine ayuda militar y entrenamiento a Georgia y Azerbaiján. Y luego, qué más cerquita queda Irán.

¿Qué habría perseguido EE.UU. al alentar al ataque georgiano, sabiendo cómo reaccionaría Rusia y que no tendría futuro? ¿Fue un “juego de guerra”, como sus militares acostumbran a planear? ¿Busca Occidente crear un duro enfrentamiento, no necesariamente militar por ahora, con Rusia? Es el incidente más grave que los enfrenta desde la crisis de los misiles en Cuba de 1962. Moscú declaró que sus barcos de guerra no bloquearán los buques-tanque petroleros que parten del puerto georgiano de Poti en el Mar Negro, pero que se reserva el derecho de registrar todas las naves que van y vienen para impedir que Tiflis reciba armamento por mar. Los rusos hundieron ya una embarcación georgiana dotada de misiles que pretendía atacarlos (www.counterpunch.org, 12-8-08). Esto recién comienza.


FUENTE: Página 12

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20.7.08

¿Hay un millón de terroristas en EE.UU.? (Por Juan Gelman)


Desde 2003 el Centro de Detección de Terroristas (TSC, por sus siglas en inglés), organismo dependiente del FBI alimentado además por la CIA y otros servicios, elabora listas de sospechados de preparar, o tener la intención de preparar, atentados en suelo estadounidense. Son gordas esas listas. En septiembre de 2007, el inspector general del Departamento de Justicia informó que el TSC tenía registrados 700.000 nombres en su base de datos y que ese número crecía a razón de más de 20.000 asientos cada mes. Dicho de otra manera: habría actualmente más de un millón de presuntos terroristas en suelo estadounidense o con la pretensión de entrar en él. Bastantes muchos.

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El Centro proporciona a las compañías aéreas los nombres de tales sospechosos, que pasan a integrar una llamada “No-Fly List” con ciertas consecuencias. En los vuelos internos no los dejan subir al avión o los bajan del avión y algo más: los agentes del FBI estacionados en el aeropuerto suelen detenerlos, interrogarlos durante horas, revisar su persona y su equipaje, someterlos a ninguneos varios. Al menos doce Robert Johnson han padecido y aún padecen esos problemas por mera portación de nombre: ése fue el alias de un afroamericano de 62 años condenado por planear la voladura de un templo hindú y de un teatro en Toronto, pero figura en la lista negra sin mayores especificaciones. El periodista Steve Kroft, de CBS News, entrevistó a los doce homónimos, entre otros un empresario, un político, un entrenador de fútbol, incluso un militar. A todos les espera lo mismo (www.cbsnews.com, 10-6-07).

“Casi siempre tengo dificultades para abordar un avión, me ha pasado por lo menos 15 o 20 veces”, contó uno de los Robert Johnson. Otro declaró que, para él, lo peor era la humillación sufrida: “Tuve que sacarme los pantalones, tuve que sacarme los zapatos, después tuve que sacarme las medias. Me trataron como a un criminal”. Nadie ofrece disculpas, la seguridad antiterrorista ante todo. Pero los Robert Johnson no están solos: los acompañan viajeros de prestigio nacional e internacional, como el senador Edward Kennedy. Su caso fue el primero en adquirir notoriedad.

No era para menos: el hermano del ex presidente asesinado, miembro de una familia de abolengo y senador desde 1962, fue detenido e interrogado cinco veces en aeropuertos de la costa este de EE.UU. en marzo del 2004. Le costó tres semanas que quitaran su nombre de la lista de sospechados de terrorismo merced a la intervención de la Casa Blanca. (The Washington Post, 21-8-04). Al más que famoso músico británico Cat Stevens le fue peor: convertido al islamismo, adoptó el nombre de Yusuf Islam y el vuelo a Washington que lo traía de Londres fue desviado a Maine. Seis robustos agentes federales lo esperaban y lo sometieron a un curioso interrogatorio. Viajaba con su hija para grabar un disco y finalmente fue expulsado (ABC News, 1-10-04).

No es la única figura extranjera de relieve que padece cuestiones semejantes. El ex presidente de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz Nelson Mandela figura en el padrón de presuntos terroristas y debe pedir un permiso especial para entrar a EE.UU. (USA Today, 30-4-08). Nahib Berri, vocero del Parlamento libanés y ex abogado de la General Motors, suele reunirse con Condoleezza Rice, pero eso no lo saca de la lista. También está incluido el presidente boliviano Evo Morales, al que han registrado con tres nombres: Evo Morales, Juan Evo Morales Aima y Evo Morales Ayma. Los tres nacieron el 26 de octubre de 1959 y tal abundancia –se supone– es por las dudas.

A la monja McPhee, que supervisa todos los niveles de la educación católica en el marco del Departamento de Educación estadounidense, le fue peor que a Ted Kennedy: tuvo que luchar nueve meses para que la borraran de la “No-fly list” y cesaran de apartarla de la fila de pasajeros para revisarla de arriba abajo. Nada diferente le ha sucedido al mayor general (R) Vernon Lewis, condecorado con la Medalla de Servicios Distinguidos, la más alta distinción que otorga el ejército de EE.UU., ni a Jim Robison, ex asistente del fiscal general de la nación (AP, 14-7-08). Pero no todas son celebridades: se estima que más de 30.000 pasajeros han presentado protestas por tratos semejantes.

La Casa Blanca afirma que esa lista negra es la herramienta más eficaz para la lucha “antiterrorista” en EE.UU. Quién sabe si lo mismo piensa Ingrid Sanders: iba a tomar un vuelo de Phoenix a Washington cuando le anunciaron que su hija de un año de edad estaba registrada como sospechosa de actividades terroristas. Es apenas una de los catorce infantes de menos de dos años que el TSC considera posibles terroristas (AP, 10-7-08). No está claro contra quién combate realmente W. Bush. ¿Contra los terroristas? ¿Contra los norteamericanos?

FUENTE: Página 12
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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)