5.3.10

La venganza de los saqueadores del Estado...

Ahora la "oposición" (ese rejunte informe de Egos e intereses "inconfesables") va por la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont...

Creo que si algo hacía falta para probar que ese susodicho rejunte no discute políticas sino que sólo apuesta y juega al fracaso del actual gobierno, con la "embestida" o la "dura acometida" o el "ataque" (según adora titular Clarín cuando habla del gobierno respecto a la "oposición") a del Pont quedaron totalmente al descubierto. Porque ellos mismos admiten que la nueva presidenta del Central es absolutamente idónea desde lo técnico y desde su trayectoria personal y profesional. Sin embargo están dispuestos a hacer rodar su cabeza sólo para obstaculizar más al gobierno.
Es, ni más ni menos, que la ciega actitud del vengativo...
No admiten que nadie tenga la osadía, la impertinencia de recortar mínimamente sus privilegios...
Y se lo quieren cobrar a toda costa, aunque en ello vaya el futuro de todos nosotros.
Añoran los '90s y hacia allí están apuntando...

Creo que este artículo de Raúl Dellatorre es muy clarificador al respecto...

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Algo habrá hecho para que no la quieran

Por Raúl Dellatorre

¿Qué es lo que impugna la oposición cuando rechaza el pliego de Mercedes Marcó del Pont? ¿Su idoneidad para el cargo? ¿O su pensamiento en materia de política económica? ¿Será que, como dice esa misma oposición, se condenó sola al haberse prestado a facilitar el uso de las reservas internacionales para el pago de la deuda? En todo caso, hay razones de fondo y profundas convicciones que la llevaron a tomar tal decisión. Quizás allí se encuentren los motivos de tan airada resistencia opositora. Ningún miembro de la oposición se atrevió a poner en duda, en privado o en público, la idoneidad y antecedentes de la funcionaria. Hasta hubo elogios a su capacidad de parte de Carlos Menem, antes de votar en su contra. Además de costarle más de una cargada a la funcionaria –hubo hasta quien le sugirió que el riojano la había confundido con María Julia–, la anécdota refleja el desprecio de la Comisión de Acuerdos del Senado por las facultades que le corresponden: evaluar la idoneidad para el cargo de quien es propuesto por el Ejecutivo.

La mayoría opositora de la comisión rechazó el pliego de Marcó del Pont después de escuchar el discurso crispado de la líder derechista Elisa Carrió y los argumentos del ex directivo de la banca de inversión extranjera Alfonso Prat Gay. Dos representantes de intereses económicos bien concretos. Por la defensa corporativa de los grandes capitales que han asumido en reiteradas veces, se entiende por qué se oponen a que el Gobierno pague con reservas propias los vencimientos de deuda y prefieren que salga a endeudarse pagando comisiones a agentes financieros y altos intereses a la banca acreedora.

Los sectores que acompañan la embestida contra Marcó del Pont constituyen un conjunto heterogéneo pero con afinidades. El Peronismo Federal, el radicalismo y los grupos de derecha vinculados con los negocios con el Estado en épocas de dictadura han demostrado, en igual medida, sumisión al capital financiero cuando éste imponía las reglas en la etapa más floreciente del neoliberalismo. Las distintas refinanciaciones ruinosas para el Estado que ayer repasó Cristina Fernández (Plan Brady en los ’90, megacanje en el 2001, pesificación asimétrica en 2002) y otras anteriores, en las que esos mismos sectores hoy en la oposición estuvieron involucrados, no fueron actos de “maldad” de sus autores, sino el producto del sometimiento de los respectivos gobiernos a los grupos financieros dominantes. Esta diferencia de origen también marca un abismo entre los que piden la destitución de Marcó del Pont y esta economista, militante del Plan Fénix, integrante de la Mesa de Coyuntura de la CTA y meticulosa analista y conocedora, como pocos, de la estructura industrial argentina.

Mercedes cree que la pelea no es por su cargo, sino por el modelo económico. Pagar con reservas disponibles es liberar recursos del Estado para mantener las políticas de transferencias sociales y obra pública. Obligar al Estado a buscar financiamiento por 55 mil millones de pesos es sinónimo de recortes de recursos y políticas de ajuste.

Pero la pelea también es por su cargo: sacar a Mercedes del camino es el paso que necesitan los viejos aliados del capitalismo financiero para iniciar el camino de regreso al poder.

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17.12.09

Claramente, con Menem estaban mejor


No hay que buscar en hechos recientes la explicación a los dichos de Arturo Valenzuela y sus temores por la “falta de seguridad jurídica” en la Argentina. Hay que hurgar en su pensamiento. “En los Estados Unidos se observa cierto malestar en el sistema financiero con la manera en que se manejó la crisis de la deuda; eso generó desconfianza y una reticencia muy grande para invertir, porque se percibe cierta inseguridad jurídica”, expresaba el mismo personaje al diario La Nación en un reportaje de julio de 2008. Parte de lo que está irresuelto y molesta, explicaba luego el mismo matutino, es el reclamo de ahorristas tenedores de bonos de deuda impagos.

Para tranquilidad del señor Valenzuela y los representados por sus opiniones, podría pensarse, Argentina retomó el camino de la negociación con los holdouts prometiendo un nuevo canje de deuda para los que no entraron en 2005. Y puso a disposición del mercado un fondo de garantía con sus propias reservas para despejar sospechas en un eventual default. Pero, como si nada de eso hubiera pasado, lo dicho ayer por el representante de los intereses estadounidenses en la región se parece demasiado a lo de julio de 2008: “A las empresas de mi país les preocupa la inseguridad jurídica y el manejo de la economía que hace el Gobierno; a menos que haya cambios, quedarían comprometidas las inversiones que estarían interesados en hacer”.

La desconfianza y la inseguridad jurídica, está claro, no dependen de lo que haga o deje de hacer este Gobierno. El problema es “este” Gobierno, como otros de la región, a los que el propio Valenzuela calificó como “una aberración de la democracia”. Fue el término con el que, en otro reportaje, se refirió al de Evo Morales, al cual le reprocha sus enfrentamientos con la oposición, pese a los intentos de la misma por voltearlo mediante fórmulas políticas, primero, y por vía sediciosa después.

“Hay una tendencia a pensar que la democracia es de las mayorías”, dijo en septiembre de 2006 hablando de Latinoamérica y los gobiernos con liderazgos fuertes, que Valenzuela y los suyos consideran “populistas”. “Es como tomar la declaración de Lincoln sobre la democracia, esa que dice que es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y cambiarla por el gobierno de la mayoría del pueblo, por la mayoría del pueblo y para la mayoría del pueblo”, completó el concepto.

La negación de la existencia de mayorías populares y minorías que se oponen es ocultar las tensiones de una sociedad en proceso de cambio, en búsqueda de redistribuir la riqueza o simplemente el ingreso. No es una formulación inocente: es la estricta argumentación en defensa del statu quo vigente. En nombre de ese gobierno de “todos”, se reacciona ante leyes o reformas que impliquen sacarles algo a “algunos” en beneficio de una mayoría. Así, se alcanzan piezas oratorias tan sorprendentes como la de un monopolio de los medios que, ante el intento oficial de limitar su posición dominante abusiva, se exhiba como víctima del “abuso y la arbitrariedad”. O las de la compañía norteamericana Kraft-Terrabusi, que después de avasallar los derechos gremiales de sus trabajadores, se siente dañada en su seguridad jurídica por la intervención arbitral del Estado.

Quienes ostentan estas categorías de pensamiento, qué duda cabe, con Menem estaban mejor.

Raúl Dellatorre

Fuente: Pagina 12
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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)