7.8.10

La batalla por la OEA (Por Pedro Brieger)





El desarrollo de algunas nuevas instituciones latinoamericanas impulsadas por los gobiernos progresistas de la región descolocó durante un tiempo a los gobiernos de derecha o centro derecha. Sin saber muy bien qué hacer frente a la vitalidad de algunos de estos organismos (como Unasur), decidieron participar de ellos aunque no fueran de su agrado. Así, cuando Álvaro Uribe fue presionado para asistir a la reunión especial de Bariloche y discutir allí el tema de la ampliación de las bases militares en su país, no pudo eludir la cita.
Sin embargo, esto no significa que los gobiernos de derecha hayan perdido la capacidad de tomar iniciativas políticas. Frente a organismos en los cuales la correlación de fuerzas no les es favorable, parecen haber adoptado la estrategia de darle nuevos aires a la Organización de Estados Americanos, la OEA. Hay un factor que para estos gobiernos es fundamental: en la OEA participa Estados Unidos, con todo lo que esto significa. Por esta razón no fueron casuales algunas movidas impulsadas por los gobiernos de Chile, Colombia y Honduras, tres países gobernados hoy por mandatarios claramente de derecha. Álvaro Uribe, todavía presidente de Colombia hasta que asuma Juan Manuel Santos, exige que la OEA denuncie los vínculos del líder venezolano Hugo Chávez con las FARC. Porfirio Lobo, de Honduras, consciente de que Unasur todavía no reconoce su gobierno, está intentando por todas las vías que la OEA lo reconozca como legitimo presidente. Y varios senadores chilenos quieren que la OEA presione a Chávez para que puedan ser observadores de las próximas elecciones legislativas en Venezuela. Revitalizar la OEA implica quitarle relevancia a Unasur y ponerle escollos al nacimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que, sin Estados Unidos y Canadá, convocará a todos los países del continente en su reunión fundacional en Caracas. Algunos gobiernos progresistas quieren que la Celac reemplace a la OEA, mientras otros harán todo lo posible para evitarlo. La pelea recién comienza.

Fuente: Acción Digital
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6.8.10

Opinión sobre Chávez


La agencia Efe publicaba el pasado 24 de junio el resultado de una encuesta realizada por Grupo de Investigación Social (GIS XXI) entre los venezolanos, que reflejaba que su presidente, Hugo Chávez, es valorado positivamente por el 60'9 % de la población. Contrasta con el último estudio realizado en España por el Instituto Elcano que indicaba que, entre los españoles, Chávez es el líder internacional peor valorado, con un 2 en una escala de 0 a 10.

La interpretación por tanto de ese presidente es diametralmente opuesta entre españoles y venezolanos. El primer elemento que puede afectar a esa diferencia es si los encuestados conocen o no conocen su política. Parece lógico que quienes viven en Venezuela puedan tener más elementos de juicio que quienes viven en España, éstos últimos sólo podrán conocer de Chávez a través de los medios de comunicación, en cambio los venezolanos pueden observar día a día cómo le afectan las políticas del gobierno venezolano. De modo que esos medios lo que han conseguido es que los españoles tengan una imagen negativa de un presidente cuyos ciudadanos la tienen positiva, es un caso evidente de desinformación.

También podría ser que las políticas de Hugo Chávez sean positivas para los venezolanos pero no tanto para los españoles, en cuyo caso también sería una muestra de buenhacer del presidente venezolano puesto que son los intereses de su pueblo los que debe priorizar.



Fuente: Pascual Serrano
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El Pentágono exige que WikiLeaks devuelva los documentos de la guerra de Afganistán


El Pentágono exige que el sitio web de denuncias WikiLeaks entregue la totalidad de los documentos militares clasificados sobre la guerra de Afganistán y que borre los que ya fueron divulgados. Wikileaks dijo que tiene 15.000 documentos, además de los 76.000 que publicó la semana pasada. Geoff Morrell, vocero del Pentágono, exhortó a WikiLeaks a "hacer lo correcto" y devolver la totalidad de los documentos.

Morrell dijo: "La divulgación realizada por WikiLeaks la semana pasada de un gran número de nuestros documentos ya amenazó la seguridad de nuestras tropas, nuestros aliados y los ciudadanos afganos que están trabajando con nosotros para llevar la paz y la estabilidad a esa parte del mundo. La divulgación pública de más información clasificada del Departamento de Defensa solo puede empeorar las cosas. Lo único aceptable es que WikiLeaks tome medidas inmediatamente para devolver todas las versiones de la totalidad de estos documentos al gobierno de Estados Unidos y los elimine definitivamente de su sitio web, computadoras y archivos".

En una respuesta aparecida en su página de Twitter, WikiLeaks comentó: "El aborrecible vocero del Pentágono lanza amenaza formal contra WikiLeaks: destruyan todo o ya van a ver".



Fuente: Democracy Now!
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5.8.10

Los documentos de WikiLeaks y el delirio bélico de EE.UU.

Un descenso al infierno de una guerra que no parece tener un fin próximo.

En la noche del 11 de junio de 2007, un grupo de soldados norteamericanos se aproximaba a un caserío en el valle de Jalalabad. Su objetivo: capturar o matar a un supuesto comandante talibán llamado Qarl Ur-Rahman. Al llegar al lugar fueron descubiertos y en el combate subsiguiente el lugar fue arrasado por el fuego del apoyo aéreo pedido por radio. La misión fue abortada y el escueto informe sobre la acción terminaba diciendo: “Contacto con el enemigo finalizado. Retorno a la base. 7 x KIA, 4 x WIA.” Traducción: siete enemigos muertos en acción, cuatro heridos. Lo que omitía el lacónico informe era que los supuestos enemigos eran en realidad policías afganos víctimas de una mortal confusión. Tampoco decía que esa patrulla era parte de una unidad ultrasecreta llamada Fuerza de Tareas 373 (TF 373) cuya principal misión era asesinar o capturar e interrogar supuestos elementos dirigentes de Al Qaeda y los talibanes. Este y otros miles de hechos ocultos hasta ahora por el secreto de las operaciones militares en Afganistán fueron revelados el 25 de julio pasado por el sitio online WikiLeaks que –bajo el título “Los diarios de la guerra afgana”– publicó más de 92.000 informes militares clasificados como secretos. El New York Times en Estados Unidos, The Guardian en Inglaterra y el semanario Der Spiegel en Alemania fueron los encargados de analizar el material antes de publicar extensas notas, reportajes y análisis sobre los informes que sacudieron al gobierno norteamericano y su comando militar. Quedan aún más de 15.000 archivos que –por su carácter sensible con respecto a la seguridad de personas y unidades involucradas– están siendo analizados antes de publicarlos, según aseguró el fundador del sitio y editor en jefe, Julian Assange.
Los archivos consisten básicamente en los informes que desde el el escenario de combate envían las tropas a los distintos niveles de comando para su estudio y clasificación. Su lectura es un verdadero descenso al infierno de una guerra que luego de nueve años no parece tener un fin próximo.
Ataques con decenas de civiles muertos, ejecuciones sumarias de sospechosos, tiroteos indiscriminados contra la población, un civil sordomudo baleado por no escuchar el alto de una patrulla, fuerzas especiales actuando como escuadrones de la muerte en la caza de miembros de la resistencia, bombardeos equivocados de aviones no tripulados, la corrupción de militares y funcionarios afganos y la sospechada complicidad de militares y miembros de la inteligencia paquistaní con el talibán desfilan en un fresco que impactó en la opinión pública norteamericana con la misma contundencia que, en el pasado, los papeles del Pentágono revelados al New York Times por un miembro de la Secretaría de Defensa evidenciaban cómo el presidente Lyndon Johnson había mentido con respecto a la marcha de la guerra en Vietnam.
Pero una cosa es la opinión pública, bombardeada por la maquinaria de los medios y los magos del marketing político, y otra muy distinta es la compleja trama de la política en la que revelaciones como la de WikiLeaks operan simplemente como catalizadores, como disparadores o atenuadores de procesos que hunden sus raíces en las relaciones de poder. Las palabras del presidente Obama, hablando del informe luego de reunirse con los líderes del Congreso para discutir el apoyo al aumento de los fondos para la guerra, fueron reveladoras: si bien lamentó la filtración de los informes y manifestó que su difusión podía ser potencialmente dañina para la seguridad de los individuos o las operaciones militares, fue taxativo al afirmar que “(los documentos) no revelan nada que no haya sido ya tratado en el debate público que hemos mantenido sobre Afganistán” y que el material “destaca los desafíos que lo llevaron a adoptar, a fines de 2009, una nueva estrategia que implicaba el envío de 30.000 soldados adicionales a Afganistán”. Como lo hicieron notar los analistas del New York Times , el período que cubre el informe de WikiLeaks se corresponde mayormente con la presidencia de Bush y la afirmación de Obama de que –hasta el cambio de estrategia de comienzos de este año– Estados Unidos había estado perdiendo el tiempo por una visión equivocada del conflicto es consistente con aquellos que opinan que a pesar de las protestas del establishment militar, los daños reales a la seguridad de las tropas son muy bajos y el informe apuntala la necesidad de profundizar el esfuerzo bélico. La aprobación en la Cámara de Representantes, por 308 votos contra 114, de un nuevo paquete de 33 mil millones de dólares para la guerra en Afganistán y de otros adicionales 29 mil millones, demuestra que los legisladores estuvieron más atentos a las necesidades políticas del Ejecutivo que a las quejas de los militares. El senador McCain fue muy explícito al respecto: “En realidad, la imagen que emerge de estos documentos es muy poco más que lo que ya sabíamos y es que la guerra en Afganistán se estaba deteriorando en años pasados. Ahora estamos en el camino correcto”.
Lo que verdaderamente está en debate en los pasillos del Congreso, en los salones de la Casa Blanca, en los bunkers de los servicios de inteligencia y en los comandos militares, es la estrategia correcta para Afganistán, qué medios emplear y por cuánto tiempo aplicarlos. Los especialistas señalan que –más allá de matices y sutilezas– hay sólo dos caminos posibles: el del contraterrorismo (CT) y el de la contrainsurgencia (COIN). El primero, apoyado por el vicepresidente Joe Biden, la comunidad de inteligencia, las fuerzas especiales y sectores republicanos, consiste en abandonar la idea de ayudar a reconstruir las instituciones estatales afganas y concentrarse en matar insurgentes. En esta visión no hay despliegue geográfico de tropas, el peso de la guerra recae en el poder aéreo y las operaciones especiales. El otro camino, apoyado por Obama, los demócratas, la burocracia gubernamental y las tropas regulares consiste en ganar el apoyo de la población brindándole condiciones de seguridad, generando cierta estabilidad politica y económica y reconstruyendo poderes locales para aislar a los militantes. Esta es la visión del actual comandante David Petraeus, pero el flanco débil es su costo económico y el tiempo que implica su concreción. Tiempo que no abunda cuando los votantes pierden la paciencia y le bajan el pulgar a la guerra.



Fuente: Miradas al Sur
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2.8.10

Populismo



La palabreja populismo está dando mucho juego en los medios. No está claro qué significa, de hecho su acepción no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero como es algo malo se le endosa a todo lo indeseable. Hace unas semanas observamos cómo el diccionario del periódico El Mundo tenía como primera acepción “Movimiento político ruso de finales del sigloXIX, que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental”. Ahora, un editorial de El País el 11 de junio, titula “Populismo en auge”, y trata sobre la subida electoral en Holanda de un partido ultraderechista y xenófobo contra inmigrantes y musulmanes. No acaba ahí el asunto, el diario oficial del Vaticano llamó a José Saramago, con motivo de su muerte, “extremista populista”.

En conclusión, que para nuestros medios, populistas son los socialistas rusos, los ultaderechistas holandeses, los escritores críticos con la Iglesia, el gobierno indígena boliviano, pero también el xenófobo europeo que odia a los inmigrantes indígenas latinos. Y por supuesto Chávez, ese lo tiene todo: es socialista, ultraderechista, xenófobo contra los latinoamericanos aunque le acusan de perseguir a las empresas e inversores españoles en Venezuela, y xenófobo contra los musulmanes, pero apoya, dicen, a los fundamentalistas islámicos de Hezboláh.

La idea es que, sea usted de la ideología que sea, no tenga duda de que quienes ellos califican de “populista” es malo. Usted ya no debe preocuparse en pensar nada más.



Fuente: Pascual Serrano
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La fotografía que prueba el apoyo de Venezuela a la guerrilla colombiana

Tenía dudas sobre la veracidad de las afirmaciones del gobierno colombiano que acusaban a Venezuela de proteger a los guerrilleros de las FARC. Pero gracias al riguroso trabajo informativo de los corresponsales de la prensa española y la veracidad de sus trabajos ya no tengo ninguna duda. Esta fotografía de la agencia Efe publicada en el diario ABC es la mejor prueba. De ahí su claro y contundente pie de foto: "Guerrilleros de las FARC en un campamento en suelo venezolano, una de las pruebas aportadas a la OEA"



Nadie discutirá que basta una rápida mirada para comprobar que se trata de cuatro intrépidos y peligrosos guerrilleros, que cuentan con armamento sofisticado de última tecnología, que disponen de suministros alimentarios para soportar una dura guerra contra el ejército colombiano, y que el paraje donde han sido sorprendidos por el fotógrafo no permite albergar dudas de que es territorio venezolano. Comprobado todo esto, es lógico concluir que cuentan con la complicidad y ayuda del presidente venezolano Hugo Chávez.


Mi agradecimiento al diario ABC por la información, a la agencia EFE por la fotografía y al gobierno colombiano por esa espectacular prueba que nos ayuda a todos a descifrar la realidad latinoamericana. Un claro ejemplo de su política informativa sobre la región.

ABC, 24-7-2010 http://www.abc.es/20100724/internacional/colombia-denunciara-venezuela-ante-20100724.html

Fuente: Pascual Serrano
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Folletines (Por Eduardo Aliverti)


¿Hay mucha diferencia entre el culebrón de Maradona/Grondona/Bilardo y el que rige a unos cuantos escenarios de la vida política argentina? Depende de cómo se lo mire.

En los aspectos formales, puede asegurarse que se parecen demasiado porque, incluso, algunos componentes son idénticos. Traición y mentira, los dos elementos conductivos en la denuncia del ex técnico de la Selección y a los que acompañan el engaño, las tretas, las medias palabras, las advertencias, resultan análogos a ciertos episodios que atraviesan el mundo político de oficialismo y oposición; aunque, si se recorre con objetividad, la segunda contribuye mejor a lo novelesco. Maradona, quien avisó que bastaría con la expulsión de su utilero para tomar la decisión de irse, viene a ser Carrió advirtiendo que se va del Acuerdo Cívico y Social si la fórmula no la encabeza el hijo de Alfonsín, porque con el masajista Cobos no quiere saber nada de nada. Y las cuentas bancarias que cuida Grondona, según Diego, serían “los ministros corruptos” con quienes se junta Binner, según ella. “Tienen que dejarse de joder todos”, dijo Adrián Pérez desde la Coalición Cívica. Y agregó: “Hay que construir un espacio progresista serio, que pueda gobernar como la sociedad reclama”. En otros términos, admitió que ese espacio neonato por ahora es una joda. Lo mismo que Maradona, en su señalamiento de que lo importante es la Selección y el fútbol argentino. Pero claro: uno es Maradona y el otro es Pérez.

Otra analogía deliciosa apareció el jueves, al trascender que habría grabaciones muy comprometedoras para el entorno maradoniano. No lo nombran, pero dejan obvio que en esas escuchas aparecería uno de los ayudantes de campo transando inclusiones de jugadores a cambio de lo que también es obvio. Mancuso sería Ciro James, pero a la inversa. Escuchado, en lugar de escuchador. Bilardo, con ese gesto sempiterno de yo no fui, adelanta que no permitirá que le toquen el culo. Su cara es asombrosamente asimilable a la de Rodríguez Larreta, cuando éste previene que detrás del Macrigate están los Kirchner. O a la de Duhalde, que pide reglas limpias (¡Duhalde!) para competir en una interna. Y de Grondona, replicando con el rostro de piedra mayor que nunca jamás echaron al Diego, sino que simplemente le pidieron que borrara a sus colaboradores, ¿alguien diría que no es el hijo de Franco cuando afirma que todo es producto de una conspiración? El, Grondona, no lo sostiene en forma tan directa; pero sí lo hacen algunos o varios dirigentes de la AFA, que tienen razón aunque en diagonal: Clarín le aportó a la imagen de Maradona-víctima dos insólitos títulos principales de portada, para facturarle a Grondona y al Gobierno que le sacaron el negocio de la televisación del fútbol. Sí, es cierto: a esta altura todo aparece largamente contaminado. Pero no es el periodista quien lo envicia.

Y con Macri caído en desgracia reapareció... López Murphy. Casi nadie tenía idea de su paradero, desde que eliminó su sello partidario fundiéndolo con el PRO. Pero justo ahora se le dio por recorrer la Rural, donde la oposición se trasladó en masa para montar una suerte de Congreso paralelo. También de casualidad almorzó con la carriotista Patricia Bullrich en el restorán central de la muestra de Palermo. Y salió con trompetas a indicar que “para ganar la elección nacional tenemos que ganar la ciudad de Buenos Aires”, que está dispuesto a ser candidato y que para eso vienen trabajando hace meses. No en vano, la mayoría de los legisladores macristas porteños que proceden del extinto partido lopezmurphysta son, para el macrismo, grandes sospechosos de no atreverse a respaldar al jefe de Gobierno porteño, en su patética pretensión de autojuicio político. ¿De dónde salió López Murphy con el hacha sobre el árbol caído? Viene a ser Ramón Díaz, que irrumpió como si tal cosa para fanfarronear que le dan la Selección y arma un equipo competitivo en dos minutos. Y cuando Maradona previene que quien dirija el equipo argentino deberá contemplar que lo espera la traición a la vuelta de la esquina, dice lo mismo que Macri podría sostener sobre los viscosos aliados que le soltaron la mano.

Si es por tretas, el kirchnerismo desplegó las suyas con el anuncio de aumento a los jubilados. Recién para septiembre, de modo que hablamos de lo que ya estaba funcionando y previsto en lo que el propio oficialismo dictaminó. Y bien que está, por fuera de que haya sido para responder a la demagogia opositora con su bandera del 82 por ciento móvil. Pero no vengan con que se trata de una novedad estructural. Kirchner también se despachó con un tácito respaldo a Moyano para la conducción del PJ bonaerense, porque desde la derrota frente a De Narváez en el conurbano no confía en los barones de la zona. Medias palabras, a través de los gestos. Dice que no es momento de hablar de candidaturas, como si no fuera él quien las estimula para que del río revuelto, y de los resultados que arroje la militancia de ego de cada quien, salga lo que más le conviene. Artimañas. Algunos las usan sin dirigirlas hacia la vocación de poder, sino en función de haber quedado presos de la presunta mística de sus propios personajes. Es el caso de ciertos asambleístas de Gualeguaychú, caídos en el no-importa-qué-pero-me-opongo. Su lucha acredita enormes conquistas, pero lo difícil de asumirlas los sumerge en el fracaso del éxito. Los presidentes de ambas márgenes del río han llegado a un acuerdo tras años de conflicto. Hay un dictamen internacional al que se sometieron todos. Hay que el control ambiental será mutuo y generalizado. Pero amenazan con volver a cortar el puente porque ahora no están de acuerdo con la integración de los equipos supervisores, ni con la cantidad de veces en que pueden supervisar. A cada paso una piedra, como la del conjunto opositor en su pretensión de ganar iniciativa sin importar que las retenciones, o el impuesto al cheque, o el 82 por ciento a los jubilados, requieren de alguna propuesta que no tienen, o no hacen, sobre vías de financiamiento alternativo para las arcas estatales. Son como la AFA: discutamos cuál técnico de la Selección podría impactar mejor, y después veamos el proyecto. Nunca al revés.

Las comparaciones se terminan ahí. El culebrón post Sudáfrica es un entretenimiento masivo, tinellesco; susceptible de que las prendidas de ventilador de los unos y los otros conformen, realmente, una novela que, a la vez de compleja, está al alcance de la comprensión de todo el mundo. Llena ese tiempo con el que tanta gente no sabe qué hacer. Y basta. Sólo pasa que el equipo de fútbol nacional volvió a quedarse afuera de un campeonato del mundo. Y que estaba conducido por el jugador más grande de la historia. Y que le hicieron una cama y/o que se equivocó en muchas cosas. Y que el tipo es un entrañable que despierta amores y odios sin términos medios, como corresponde a un morocho de Villa Fiorito con un tatuaje del Che e incondicionalidad con Fidel, capaz de putear al poder y de suscitar el espanto de la tilinguería biempensante. Hasta ahí. A nadie le cambia la vida un avatar futbolístico. En cambio, detrás del culebrón político se muestran y juegan factores que podrían determinar si la sociedad marcha hacia consolidar algunos logros. O hacia retroceder sobre sus propios pasos.

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Duhalde en la Rural (Por José Pablo Feinmann)


La vida (ha escrito Héctor Tizón) no se mide en años, sino en asombros. Dios nos conserve entonces a la Sociedad Rural y al señor Biolcati. Ayer nos han entregado asombros casi como para aspirar a la inmortalidad. El señor Biolcati le ha robado el discurso a la izquierda. Esa pregunta que tanto se ha formulado en relación con el kirchnerismo (¿hay algo a su izquierda?) ha perdido vigencia. Ha sido ampliamente respondida. Su formulación ha perdido sentido. A la izquierda del kirchnerismo está la Sociedad Rural. Ni el Proyecto Sur ni el PO. Sería difícil ver a sus representantes tan preocupados, casi en estado de lamento continuo, conteniendo lágrimas de dolor e indignación, como se lo vio al veterano trosco Hugo Biolcati en el atril de la Rural. Ahí pronunció un discurso bien escrito (vaya a saber qué pluma al servicio de la patria se encargó de esa tarea, pero si la patria, que es el campo, llama, hay que acudir) pero plagado de mentiras asombrosas. Son tan intensos los asombros que esas mentiras han despertado en nosotros que –como dijimos– si la vida se mide por ellos tenemos años por delante. Sé que todos vamos a andar escribiendo de esto. Pero hay que comprender: pocas veces se ofreció a la ciudadanía un dislate tan profundo. Primero) Mayo se hizo por y para el campo. No en vano Moreno escribió la Representación de los hacendados, esa apología del librecambio para posibilitar los negocios con Inglaterra. El “otro” Moreno –el que tanto entusiasma a los nacional populares– no existe para Biolcati. Además, cada día se prueba con más certidumbre que el Plan de Operaciones es apócrifo. ¿Qué queda, entonces, de la gesta de Mayo? El librecambio con Inglaterra. Segundo) El campo fue creciendo y muy pronto se vio que era la fuente principal de recursos que tenía el país. José Hernández (no citado por Biolcati) habrá de decirlo: “Vale tanto un vellón de oveja como una máquina fabricada en Liverpool” (cito de memoria). Se llega así al glorioso Primer Centenario. ¡Que se sigue honrando en la Sociedad Rural! Eramos el “granero del mundo”. El primer país exportador de América latina. Lugones escribía su Oda a los ganados y las mieses: “Allá la vaca fértil como el campo/ su sustancia elabora/ en el músculo, en la ubre y en la pella,/ con una grave plenitud geórgica/ Si anda, parece que en su marcha pende/ el talego del rico, si reposa/ su aspecto familiar de cofre tosco/ es la seguridad del pobre./ La honda paz de los campos en su ser vegeta” (Ver: Odas seculares). Así, Biolcati fija el momento esencial de la grandeza argentina en el primer centenario. Ese centenario que fue la fiesta de ellos. La fiesta ajena. La fiesta de la oligarquía y la celebración de la inextinguible riqueza del campo, del granero del mundo. Pero luego el país empieza a extraviarse. Uno cree que Biolcati va a empezar a ladrar contra el peronismo, según es habitual. ¡Pero no! ¿Cómo va a hacerlo si ahí, a pocos metros está sentado don Eduardo Duhalde? Don Eduardo y su Chiche: ahí están. En la fiesta de la Sociedad Rural, entidad que tan bien se llevó siempre con el peronismo. (Y todavía mejor con el gaucho Menem, que les dio todo lo que le pidieron y más.)

Que esté Duhalde es serio. Que esté Macri no importa. Que esté la trajinada Mesa de Enlace tampoco. Al señor Buzzi –uno conjetura– en cualquier momento sus bases se lo comen, cansadas de ir detrás de los proyectos de los poderosos, cansadas –como dice un amigo que suele utilizar un lenguaje algo directo, que desapruebo– de ser usadas “de forros” por los grandes terratenientes. Pero está Duhalde. Sigamos –por ahora– con Biolcati. Lo que dice a continuación es tan asombroso que tal vez nos conceda la eternidad de tanto que lo es. Porque si la vida se mide en asombros, el que Biolcati nos dio cuando dijo que la culpa de la desgracia argentina la tenían los golpes de Estado que habían derrocado a gobiernos constitucionales fue la joya de la jornada. ¿En serio, señor Biolcati? ¿Fueron los golpes militares los que arruinaron la prosperidad y el crecimiento argentinos? Pero si todos esos golpes contaron no sólo con el apoyo de la Sociedad Rural, sino que algunos se planearon bajo el calor de sus lujosas residencias. Caramba, ¿hasta dónde es posible mentir? Este es un tema teórico: ¿cómo es posible mentir hasta un límite ya lindante con el delirio? ¿Cómo alguien puede decir tan abiertamente algo totalmente contrario a la facticidad de la historia, fácilmente refutable con cualquier diario de cualquier época cercana a un golpe de Estado? ¿Con qué se cuenta para algo así? ¿Con la mala memoria de la gente? ¿Con su estupidez? ¿Con sus intereses? ¿Con su mezquindad? ¿Con la certeza de que la mentira no importa en la política si sirve para acumular poder? “Mil repeticiones hacen una verdad.” “Mientan, siempre algo queda.” Es posible. ¿Pero tanto? ¿A quién le habla Biolcati? ¿A qué idiotaje insalvable cree que se dirige? Ni Morales Solá le va a creer algo así. Pero eso no importa. No tiene que creerlo. Tiene que confirmarlo. Lo que crea es secundario. Lo que importa es que hoy diga que es verdad. Dentro de todo, en algún punto hasta es tranquilizante que Biolcati afirme eso. Reniega de los golpes de Estado. Los está descartando para el presente. No olvidemos que con Grondona –en televisión– planeaban un golpe a cara descubierta y entre risitas cómplices. Estos muchachos.

Pero la cumbre de la impostura, de la impúdica patraña, llegó con la preocupación –acaso conmovedora por lo que conlleva de autocrítica, ¿o no?– por los pobres. La Sociedad Rural ha incurrido en la “opción por los pobres” tal como algunos maltratados representantes del sacerdocio católico. Biolcati habló del hambre, de la pobreza, de la exclusión. Notable: ellos fueron los que crearon el hambre durante la fiesta de los noventa. Ellos y los altos financistas y ese imperdonable Partido Justicialista y ese sindicalismo de traidores a sus bases que se hincaron ante Menem, que se vendieron, que dijeron sí a todo. Biolcati, con la convicción de un sindicalista combativo, denunció el hambre que arrasa el país. Se puso a la izquierda de todo y de todos. Quienes quieren ocupar esa franja deberán denunciar esta impostura. Hay que decirlo claro: quienes crearon a los hambrientos por su sed infinita de ganancias no tienen derecho a hablar del hambre.

Pero ahí estaba Duhalde. También Macri, pero no importa. Es un perdedor. También De Narváez, pero no importa: es un ET. Pero Duhalde sí, él importa. Es en el peronismo donde las batallas se van a librar. Nadie puede gobernar (hoy, todavía al menos) este país sin el apoyo del aparato peronista. Duhalde controla una buena parte. ¿Quién es Duhalde? Es un político que fue al acto de la Sociedad Rural. Alguien que sorprendió a todos hablando amablemente de los militares desaparecedores y pidiendo se les conceda la libertad. O que cesen los juicios. Alguien que presentó el libro de Alberto “Tata” Yofre (el último: el que festeja la represión clandestina que Perón ejerció sobre la Tendencia durante su oscuro y, en efecto, clandestino tercer gobierno). Yofre es, también, ese autor que lee Alfredo Astiz, que se presenta con su libro en las audiencias y lo pone a la vista de todos: “Señores, yo leo esto”. Acaso Duhalde lo ponga de ministro del Interior o le restituya el puesto de jefe de la SIDE que tuvo con Menem. Esto es más posible. En suma, toda la llamada “oposición” tiene su verdadera fuerza, no en los medios, no en la Sociedad Rural, no en esos patéticos políticos que ponen la cara por ella, sino en el aparatismo duhaldista, parte importante del aparatismo peronista. La otra parte del aparato la tiene Néstor Kirchner, que es un tigre para dar esas batallas. En suma, las elecciones de 2011 (al margen de las caras visibles que se presenten como “candidatos”) deberán elegir entre Kirchner o Duhalde. Biolcati y la Sociedad Rural –ayer– eligieron a Duhalde. Un peronista. El ex vicepresidente de Carlos Saúl Menem. ¿Esperarán otra fructífera década neoliberal como la que disfrutaron con el riojano en los noventa?

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Gula (Por Sandra Russo)


“Los gobiernos pasan, son un mero episodio, pero la tierra permanece.” Tal el sustrato del discurso del liderazgo opositor más consolidado y visible hasta el momento. El mechón rebelde de Biolcati, que flameaba mientras al anochecer él leía su pieza oratoria y política, colaboraba en la pantalla, tan colocada en el primer plano, para ubicarlo en ese papel. Un papel, según definió, histórico: él, el más poderoso del núcleo duro opositor, viene a ser el heredero de las otras grandes luchas que libró la Sociedad Rural Argentina.

¿Qué luchas libró la Sociedad Rural Argentina? Todas y cada una, contra el pueblo. Todas y cada una, para sí. ¿Cómo llegamos a esta escena, en la que casi todos los dirigentes políticos opositores se arrastran a los pies de la gran corporación? Estaban allí, escuchando los insultos a la política. ¿Qué hacían Duhalde y Chiche escuchando que los pobres son la basura que genera la política para rejuntar votos, esa escoria que si es explotada por alguien, es por la política? Digo que es la clase política que se arrastra a los pies de la corporación, porque para alinearse ahí hace falta tragarse el sapo completo de la antipolítica. Ese sujeto histórico que dice representar Biolcati es el antipolítico por excelencia. Lo único que florece a su alrededor es servilismo y entrega.

Ese sujeto histórico embrionó en los financistas de la Campaña del Desierto. El país del que hablan no tiene pasado: lo fundaron ellos cuando les entregaron las tierras ya liberadas de indios de los que no hace ni falta acordarse, puesto que confirmó ayer, nosotros bajamos de los barcos. El embrión de ese país fue un pacto entre ricos y militares. Fue el Roca militar el primer político que aceptaron. Están acostumbrados a que les hagan esa clase de favores, y a que los pactos con los políticos sean de esa especie: con los políticos jugando para ellos y un territorio inmenso para ser sus dueños.

Los gobiernos pasan, la tierra queda. Ellos creen que son la tierra. Los dueños de las tierras se identifican con su propiedad privada, y es así en todo, claro, ellos son los que han tenido el poder durante casi toda nuestra historia. Todas las luchas populares de estos doscientos años se libraron contra los intereses que representan Biolcati y su Mesa de Enlace. El discurso de ayer lo consagra también para eso: es el que tiene la estancia más larga.

Si la política tiene sentido para millones de argentinos, ciudadanos, militantes, dirigentes, es precisamente para que gente como Biolcati tenga menos poder. Ellos no quieren ser sectores que pugnen con los otros, como en cualquier democracia. Quieren ser lo que han sido siempre, menos en los gobiernos peronistas: los que tutelan que lo mejor para todos, ese abstracto invocado por los políticos, siempre sea lo que les convenga a ellos. No quieren entrar en discusión. Desde el 2008 que se niegan a bajarse del caballo del dueño. No quieren negociar. No saben ser una parte. Siempre han hablado en nombre de la Patria, incluso cuando cobijaron a los asesinos o cuando eran amigos de Menem. Todos pasaron, la tierra queda. La tierra no son ellos, la Patria no son ellos. Tarde o temprano tendrán que darse cuenta.

Y si se preparan para una más de sus grandes luchas, Biolcati será el verdadero comandante. Tiene el carácter, la gula y el impudor que suelen enamorar a la derecha golpista argentina.

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Inmejorable, Biolcati (Por Juan Sasturain)


El talentoso y circunspecto Carlos Trillo, un amigo, suele emplear una expresión muy útil en su precisa imprecisión para calificar lo incalificable, aquello que sólo se puede describir acudiendo a la elegante ambigüedad que presta un polisémico adjetivo: inmejorable. Una película, una torta, incluso la impresión que alguien causa pueden ser, ante la pregunta interesada del curioso más o menos impertinente, inmejorables. En todos estos sentidos, por ejemplo, el discurso de Biolcati en la Rural fue inmejorable.

Así se lo habrán hecho saber sus compañeros de cruzada al pie de la tribuna y al cabo de la sucesión de sofismas encubiertos y exabruptos explícitos que hilvanó tan coherentemente rodeado, en la Rural, donde De Narváez presta la casa y Macri juega de local. Porque lo de Biolcati fue sin duda inmejorable –sin ironías– para los que, sin que se les cayera la cara, se sintieron representados al oírlo afligido por la exclusión social y la pobreza cuando, en realidad, más allá de algún gesto pour la galerie electoral, en la reputísima vida ése ha sido el eje de su preocupación empresaria-propietaria-gremial-política. E inmejorable fue la calificación de esa audiencia, complacida ante la pieza retórica compuesta a medida para la ocasión, al escuchar, en una primera persona del plural retóricamente inclusiva, definiciones para el bronce y la cita: “Cuando alteramos el rumbo institucional, nos perdimos”. Y sin transición ni vergüenza: “Cada vez que castigamos al campo, nos equivocamos”. Qué bárbaro. “Inmejorable, tano –lagrimearon de emocionada gratitud a su lado–. En una sola operación sacamos tardía y mentirosa chapa de demócratas, y equiparamos los golpes militares y la represión criminal (que en realidad consentimos y apoyamos) con las ocasionales políticas de Estado respecto de uno de los actores principales de la economía nacional. Qué maestro.” Inmejorable.

Uno trata de no sacarse. Sobre todo porque criticar y desmenuzar las falacias y agachadas de un discurso tendencioso y mentiroso como éste de Biolcati podría ser interpretado como una manera de avalar sin cuestionamientos una gestión de gobierno llena de agujeros negros y graves errores de concepto y ejecución. Y no es así. Uno trata de no sacarse, porque al atacar el oportunismo y la hipocresía del discurso inmejorable –-ahora sí desde nuestra irónica calificación y lectura– del vocero “del campo” puede parecer que (uno) no discrimina los grises dentro de un sector productivo que no debe identificarse con una clase, ni con un sector social, ya que incluye desde gente poderosa como este ocasional presidente de la SRA (fortuna de entre 70 y 80 millones, calculados sin cálculo en charla-reportaje con Jorge Fontevecchia, el año pasado) y, con todas las variantes intermedias, una multitud de argentinos, “gente de campo”, tan maltratados como mucha otra “gente de ciudad” o –para ir más lejos– “gente de villa”, por la falta de equidad y oportunidades. Por eso uno trata de no sacarse.

Pero es difícil. Sobre todo cuando la retórica inmejorable, tras pasearse por todos los lugares comunes del golpe bajo sin pudor ni registro alguno de memoria histórica, a la hora de prender el ventilador reparte la mierda de moda (la corrupción y el autoritarismo) por todas partes, incluso a su muy próximo alrededor, pero siempre más allá del alambrado que circunda el coto cerrado de la supuesta única reserva económica y moral de la patria: la tierra. Esa tierra que, según el remate del discurso, y como en la famosa y bellísima novela de George R. Stewart, siempre, y para siempre, permanece. “La tierra permanece”, concluye Biolcati. Inmejorable.

Considerarse parte de un elemento/componente inamovible, casi a-histórico, del ser nacional debe ser una sensación muy fuerte, soberbia y placentera. Lo notable es que la cita completa es que los hombres van y vienen, pasan, y –ahí sí, más allá, antes y después de ellos– la tierra permanece. En fin... Si era por terminar con una alusión culta el discurso ocasional, yo hubiera utilizado otras referencias. Por ejemplo, esa que recoge Viñas sobre “los dueños de la tierra”, o aquella otra, incómoda acaso, de “la tierra para el que la trabaja”. Pero eso hubiera perturbado el hilo del razonamiento, introducido otras variables.

Así, como está, su discurso es realmente inmejorable, Biolcati.

Fuente: Pagina 12
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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)