29.7.11

Lo vimos (Por Mempo Giardinelli)

Lo digo como hombre de provincia, de lo que ustedes llaman “interior”: me consta que a muchos ciudadanos/as que no votamos en la Ciudad de Buenos Aires nos preocupa enormemente la perspectiva de que nuestra vieja Capital Federal vaya a seguir gobernada, cuatro años más, por una persona a la que desde el comienzo de su gestión vimos achicar presupuestos y reparticiones de educación y de cultura, y que llegó a designar a un troglodita en el Ministerio de Educación y tardó once días en darse cuenta.

A muchos argentinos que no estaremos allí el próximo domingo 31 nos alarma un jefe de Gobierno al que vimos designar a ex policías de pésima trayectoria al frente de la naciente Policía Metropolitana; que ordenó la compra de pistolas-picanas y que está procesado por haber ordenado escuchas telefónicas ilegales.

La verdad es que sin agraviar uno puede sostener que es muy peligroso que ese hombre haga de la mentira política un estilo tan fuerte. Es un político que dice no serlo, pero que cuando fue diputado nacional vimos que fue un campeón de mediocridad porque casi no apareció por el Congreso, aunque seguramente cobró todos sus sueldos.

Lo vimos esta misma semana previa al ballottage decisivo, aplaudiendo las exageraciones del nunca sutil señor Biolcati en la Rural. Y después en Santa Fe, junto al señor Del Sel, lo vimos engañar a la ciudadanía al sostener, con la complicidad del terrorismo periodístico, que “no son políticos”. Pretenden ser representantes de una “nueva política”, pero tienen detrás, aunque los ocultan vergonzantemente, a los señores Duhalde, Venegas, Barrionuevo, Amadeo, Puerta o Toma, que de nuevos, precisamente, no tienen nada.

De igual forma, cuando el señor Durán Barba, talentoso publicista y acaso padre del triunfo PRO en la primera vuelta porteña, aparece coludido en una causa penal por enlodar al adversario mediante recursos ilegales, vimos que este hombre niega que eso sea “campaña sucia”, pide infantilmente “basta de agresiones” y le reclama a Daniel Filmus que haga “alguna autocrítica”, materia que él mismo desconoce por completo.

Vimos también que es duro para perseguir a miles de trapitos que se ganan la vida cuidando coches, pero es muy blando para combatir con los que lucran con la prostitución. Persigue con más saña a los pobres que a los explotadores de mano de obra esclava, de los que hay tantos en su ciudad.

Vimos que pintó bicisendas y acertó con el Metrobús, que es una idea de transporte público imperante en muchas capitales latinoamericanas, pero no cumplió su promesa de construir diez kilómetros de subte por año. Al contrario, la ampliación de la red de subtes porteña es una realización del gobierno nacional.

Vimos cómo aumentó un 300 por ciento el impuesto de alumbrado, barrido y limpieza, pero mantiene a la ciudad insólitamente mugrienta, contrariando la Ley de Basura Cero.

Vimos que otorgó reiterados beneficios al Grupo Clarín y otros monopolios, como una licitación por 275 millones de dólares por computadoras que valen menos de la mitad.

Vimos que permitió y defendió la participación de represores y aliados de la dictadura en el Gobierno de la Ciudad.

Vimos que vetó decenas de leyes votadas por la Legislatura, la mayoría sobre políticas sociales. Asimismo cerró centros culturales en todos los barrios y desalentó la participación de los vecinos. Vimos que cerró cursos gratuitos de capacitación laboral en el Centro Cultural Ricardo Rojas.

Vimos el desmanejo del Teatro Colón, con cuyos músicos está en permanente conflicto, además de que avanzan la reconversión del coliseo en una especie de ópera-shopping y la tercerización de su producción operística.

Vimos cómo vació los hospitales públicos, hoy carentes de insumos básicos como el gas. Y vimos cómo también las escuelas públicas carecen de gas y sus problemas edilicios incluyen riesgo de derrumbes. Y vimos y escuchamos denuncias sobre la compra de netbooks con altísimos sobreprecios.

Y también vimos y vemos que no controla la construcción en la ciudad, lo que implica una pérdida de patrimonio histórico y arquitectónico, que es de la nación entera.

Vimos cómo permite el accionar de matones que golpean y maltratan a las personas en situación de calle, al mismo tiempo que vetó leyes que promovían beneficios para construir comedores y alojamientos temporarios.

Vimos cómo cerró el Servicio de Zooterapia para niños y adolescentes discapacitados, donde se usaban animales, en particular perros, para la rehabilitación.

Y vimos, asombrados, cómo decidió también reducir el presupuesto del Hospital Garrahan, con el argumento de que no todos los niños que se atienden en el hospital son porteños. ¿A ustedes realmente les parece que los argentinos de fuera de Buenos Aires no merecemos el Garrahan?

Y vimos al Hospital Borda sin gas y en peligro de cierre, como el Moyano, donde se rumorea que hay ofertas inmobiliarias inconfesadas.

Vimos cómo se subejecutan presupuestos en salud, educación y vivienda, mientras crece el endeudamiento.

Y vimos también que es un dirigente que huye de los debates, acaso porque no podría tener un apuntador a sus espaldas, como vio todo el país por la tele. Ese tipo que desde atrás le dictaba al oído lo que tenía que decir... ¿a ustedes no les produjo algo así como vergüenza ajena cuando lo vieron?

A mí me cuesta entender cómo se puede votar a un político así, devenido mezcla de Susana-Mirtha-Tinelli de la política. Un hombre vacío de ideas, de discurso, que frivoliza todo y así descoloca lo mejor de la ciudadanía porteña, históricamente de vanguardia, innovadora y culta.

Yo digo que es un hombre que no merece a esa ciudad, porque siempre tiene excusas, echa culpas a los demás, no se hace cargo de nada y hace la plancha como una especie de inimputable autodeclarado y autoimpune. Dios no lo quiera, pero, ¿ustedes se imaginan una tragedia como la de Cromañón con este hombre en el gobierno?

Apenas soy un hombre de provincia sin intención de ofender a nadie, que respetuosamente le propone que este domingo 31, antes de votar, reflexione sobre esto que usted también ha visto. Porque todos lo vimos. Lo vemos.


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29.10.10

Néstor y lo que viene (Por Mempo Giardinelli)



Escribo esto en caliente, en la misma mañana de la muerte anunciada de Néstor Kirchner, y ojalá me equivoque. Pero siento dolor y miedo, y necesito expresarlo.

Pienso que estos días van a ser feísimos, con un carnaval de hipocresía en el Congreso, ya van a ver. Los muertos políticos van a estar ahí con sus jetas impertérritas. Los resucitados de gobiernos anteriores. Los lameculos profesionales que ahora se dicen "disidentes". Los frívolos y los garcas que a diario dibujan Rudi y Dany. Todos ellos y ellas. Caras de plástico, de hierro fundido, de caca endurecida. Aplaudidos secretamente por los que ya están emitiendo mailes de alegría feroz.

Los veremos en la tele, los veo ya en este mediodía soleado que aquí en el Chaco, al menos, resplandece como para una mejor causa.

Nunca fui kirchnerista. Nunca vi a Néstor en persona, jamás estuve en un mismo lugar con él. Ni siquiera lo voté en 2003. Y se lo dije la única vez que me llamó por teléfono para pedirme que aceptara ser embajador argentino en Cuba.

Siempre dije y escribí que no me gustaba su estilo medio cachafaz, esa informalidad provocadora que lo caracterizaba. Su manera tan peronista de hacer política juntando agua clara y aceite usado y viscoso.

Pero lo fui respetando a medida que, con un poder que no tenía, tomaba velozmente medidas que la Argentina necesitaba y casi todos veníamos pidiendo a gritos. Y que enumero ahora, porque en el futuro inmediato me parece que tendremos que subrayar estos recuentos para marcar diferencias.

Fue él, o su gobierno, y ahora el de Cristina:

—El que cambió la política pública de Derechos Humanos en la Argentina. Nada menos. Ahora algunos dicen que estar "hartos" del asunto, como otros criticaron siempre que era una política más declarativa que otra cosa. Pero Néstor lo hizo: lo empezó y fue consecuente. Y así se ganó el respeto de millones.

—El que cambió la Corte Suprema de Justicia, y no importa si después la Corte no ha sabido cambiar a la justicia argentina.

—El que abrió los archivos de los servicios secretos y con ello reorientó el juicio por los atentados sufridos por la comunidad judía en los '90.

—El que recuperó el control público del Correo, de Aguas, de Aerolíneas.

—El que impulsó y logró la nulidad de las leyes que impedían conocer la verdad y castigar a los culpables del genocidio.

—El que cambió nuestra política exterior terminando con las claudicantes relaciones carnales y otras payasadas.

—El que dispuso una consecuente y progresista política educativa como no tuvimos por décadas, y el que cambió la infame Ley Federal de Educación menemista por la actual, que es democrática e inclusiva.

—El que empezó a cambiar la política hacia los maestros y los jubilados, que por muchos años fueron los dos sectores salarialmente más atrasados del país.

—El que cambió radicalmente la política de Defensa, de manera que ahora este país empieza a tener unas Fuerzas Armadas diferentes, democráticas y sometidas al poder político por primera vez en su historia.

—El que inició una gestión plural en la Cultura, que ahora abarca todo el país y no sólo la Ciudad de Buenos Aires.

—El que comenzó la primera reforma fiscal en décadas, a la que todavía le falta mucho pero hoy permite recaudaciones récord.

—El que renegoció la deuda externa y terminó con la estúpida dictadura del FMI. Y por primera vez maneja el Banco Central con una política nacional y con record de divisas.

—El que liquidó el infame negocio de las AFJP y recuperó para el Estado la previsión social.

—El que con la nueva Ley de Medios empezó a limitar el poder absoluto de la dictadura periodística privada que todavía distorsiona la cabeza de millones de compatriotas.

—El que impulsó la Ley de matrimonio igualitario y mantiene una política antidiscriminatoria como jamás tuvimos.

—El que viene gestionando un crecimiento económico de los más altos del mundo, con recuperación industrial evidente, estabilidad de casi una década y disminución del desempleo. Y va por más, porque se acerca la nueva legislación de entidades bancarias, que terminará un día de estos con las herencias de Martínez de Hoz y de Cavallo.

Néstor lo hizo. Junto a Cristina, que lo sigue haciendo. Con innumerables errores, desde ya. Con metidas de pata, corruptelas y turbiedades varias y algunas muy irritantes, funcionarios impresentables, cierta belicosidad inútil y lo que se quiera reprocharles, todo eso que a muchos como yo nos dificulta declararnos kirchneristas, o nos lo impide.

Pero sólo los miserables olvidan que la corrupción en la Argentina es connatural desde que la reinventaron los mil veces malditos dictadores y el riojano ídem.

De manera que sin justificarle ni un centavo mal habido a nadie, en esta hora hay que recordarle a la nación toda que nadie, pero nadie, y ningún presidente desde por lo menos Juan Perón entre el 46 y el 55, produjo tantos y tan profundos cambios positivos en y para la vida nacional.

A ver si alguien puede decir lo contrario.

De manera que menudos méritos los de este flaco bizco, desfachatado, contradictorio y de caminar ladeado, como el de los pingüinos.

Sí, escribo esto adolorido y con miedo, en esta jodida mañana de sol, y desolado también, como millones de argentinos, un poco por este hombre que Estela de Carlotto acaba de definir como "indispensable" y otro poco por nosotros, por nuestro amado y pobrecito país.

Y redoblo mi ruego de que Cristina se cuide, y la cuidemos. Se nos viene encima un año tremendo, con las jaurías sedientas y capaces de cualquier cosa por recuperar el miserable poder que tuvieron y perdieron gracias a quienes ellos llamaron despreciativamente "Los K" y nosotros, los argentinos de a pie, los ciudadanos y ciudadanas que no comemos masitas envenenadas por la prensa y la tele del sistema mediático privado, probablemente y en adelante los recordaremos como "Néstor y Cristina, los que cambiaron la Argentina".

Descanse en paz, Néstor Kirchner, con todos sus errores, defectos y miserias si las tuvo, pero sobre todo con sus enormes aciertos. Y aguante Cristina. Que no está sola.

Y los demás, nosotros, a apechugar. ¿O acaso hemos hecho otra cosa en nuestras vidas y en este país? •





"Para transformar nada es suficiente y todo es necesario" Paulo Freire

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28.4.10

La medalla y la mano (Por Mempo Giardinelli)


Hace poco más de un mes, el 26 de marzo pasado, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció un reconocimiento a la fundación que presido en el Chaco. Nuestra institución había sido recomendada de forma unánime como merecedora de una de las 200 Medallas del Bicentenario por su tarea de difusión, promoción y defensa del libro y la lectura, y eso significó, sin dudas, un inmenso honor para nosotros.

Se nos anunció también la entrega de dicha Medalla durante la Feria del Libro y aumentó nuestro compromiso la enumeración de notorias personalidades igualmente honradas como Quino, María Elena Walsh, Osvaldo Bayer, Hermenegildo Sábat, Clorindo Testa, Julio Bocca y Carmen Argibay, entre muchas otras.

Obviamente, pensamos que el homenaje nos lo hacía el pueblo porteño. Por eso respondimos que el “reconocimiento nos parece honroso y lo aceptaremos con mucho gusto”.

Sin embargo, un par de semanas después recibimos la información de que “las Medallas del Bicentenario a escritores y editores” serían entregadas el 27 de abril a las 20 (o sea ayer) en la Sala Roberto Arlt de la Feria del Libro. Se anunciaban “15 medallas a escritores, editores y personalidades que realizan un aporte a la difusión y promoción del libro, la lectura y la cultura. Las medallas serán entregadas por el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Ing. Mauricio Macri, o, en su defecto, por el ministro de Cultura de la Ciudad...”.

Este anuncio nos llevó a tomar otra decisión: sin ánimo de ofender a ningún habitante de la ciudad de Buenos Aires, de inmediato renunciamos a recibir la Medalla Bicentenario.

Esta decisión se basó en varias razones, que expusimos ante las autoridades de la Ciudad y preferimos no hacer públicas hasta ahora: por un lado, la sospecha de estar ante una posible jugada política, pero sobre todo no quisimos que el señor Macri, a quien no apreciamos ni respetamos personal ni políticamente, nos entregara nada. No quisimos que homenajeara a nuestra modestísima institución una persona que desde el comienzo de su gestión achicó presupuestos y reparticiones de educación y de cultura. No quisimos recibir esta medalla de un mandatario que puso a un troglodita en el Ministerio de Educación; que designó a ex policías de espantosa trayectoria al frente de la naciente Policía Metropolitana; que ordenó la compra de pistolas-picanas y al que la Justicia investiga por haber ordenado escuchas telefónicas.

No quisimos el homenaje de un jefe de Gobierno que hace de la mentira política un estilo tan fuerte como fuerte es su frivolidad. Un político, además, que como diputado nacional fue menos que mediocre porque casi no apareció por el Congreso aunque seguramente cobró todos sus sueldos puntualmente. Un intendente que es duro para perseguir a 1500 trapitos que se ganan la vida cuidando coches, pero es muy blando para combatir a los que lucran con la prostitución; que persigue con más saña a los pobres que a los explotadores de mano de obra esclava de los que hay tantos en su ciudad. Y que encima practica la censura ideológica en los textos educativos sobre el Bicentenario y en los que se recuperan 200 años de historia destacando “la resistencia de los esclavos, las asociaciones de inmigrantes, la ley de residencia de extranjeros de 1902, las mujeres y los derechos políticos, los golpes militares, la Noche de los Bastones Largos, las asociaciones de derechos humanos, la libertad de expresión y finaliza con el tema de los pueblos originarios y el retorno a la democracia de 1983” como bien definió la UTE-Ctera.

Seguramente mi mano no vale gran cosa, pero es la mía y está limpia. Durante más de diez años de menemato, y aunque recibimos innumerables invitaciones y propuestas de aquel gobierno, en la intimidad de mi familia y de la Fundación juramos que ese hombre no estrecharía nuestra diestra. Y no lo hizo.

Del mismo modo, no quisimos ahora darle la mano a este señor en la Feria del Libro. Y por prudencia preferimos esperar a que pasara la fecha para hacer pública esta renuncia.

Que nos disculpe el pueblo de la querida ciudad de Buenos Aires, pero su máxima autoridad no nos gusta. No vemos diferencia alguna, por lo menos en lo ideológico, entre el señor Menem y el señor Mauricio Macri.

Fue por eso que, no sin dolor, renunciamos a recibir esta Medalla del Bicentenario.

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17.1.10

Es el medio ambiente, estúpidos (Por Mempo Giardinelli)

El Rally y otros desastres



Cuando el fiscal de Río Cuarto Walter Guzmán archivó la investigación por la muerte de Natalia Sonia Gallardo –una cordobesa de 28 años que miraba el paso del Rally Dakar– y decidió ni siquiera imputar al piloto alemán Mirco Schultis, la Argentina toda pareció no darse cuenta de lo que esto significa.

“La conducta del corredor es la propia de una carrera” –determinó Guzmán– y la joven “estaba en un lugar donde no era permitido ubicarse”.

Algo así como “algo habrá hecho” la víctima, descartando olímpicamente que el motociclista se salió del camino y atropelló e hirió a varios espectadores, y que había una enorme organización detrás de él.

La joven Gallardo no es la primera víctima del Dakar en Sudamérica. Ya el año pasado tres personas perdieron la vida: el motociclista francés Pascal Terry, encontrado muerto tres días después de desaparecer, y dos ciudadanos en Chile, en un accidente sugestivamente silenciado.

El mismo silencio cubre la historia negra de esta carrera originalmente llamada Rally París-Dakar, que fue prácticamente expulsada de Europa y de Africa, y a la que Francia exigió incluso que se le quitara el nombre de su capital. Salvo aquí, el mundo entero sabe del desprestigio de un “espectáculo” que no es más que la aventura de unos pocos privilegiados, que ha producido ya más de 50 muertes y que por doquier deja desastrosas consecuencias ambientales.

El Rally se hizo famoso por el desafío que era unir en coche Francia con Senegal. En los primeros años no se pensaba en los daños ecológicos que se producían y tampoco se cuestionaba el trato inhumano hacia los habitantes de los países africanos, entonces poco menos que bestias de carga en los campamentos. El Rally era un “safari” y con el tiempo muchos empresarios fueron descubriendo el filón que significaba el concurso de las más famosas marcas de vehículos, bebidas, tabacos y otros artículos de consumo de ricos, más los derechos de televisión.

Pero tuvieron que irse de Africa cuando los países africanos se convirtieron en “inseguros”. Un poco por hartazgo ante el daño ecológico, otro por circunstancias políticas y algunos atentados, el Rally Dakar, con el nombre reducido y nulo prestigio en Europa, debió buscar otros horizontes. Parece que hubo intentos de hacer la carrera en los Estados Unidos (Cañón del Colorado), Canadá y Australia. Pero fracasaron porque esos países, cuando depredan, lo hacen hacia fuera: en sus territorios son rigurosamente conservacionistas.

Entonces apareció la opción sudamericana, donde hay buena rentabilidad, cero rigor ambiental y funcionarios con reputación de coimeros. Argentina y Chile, dos países con reconocida distracción ambiental y nulo combate a la corrupción, eran ideales. Y encima, el cholulismo del poder y de los medios les facilita conseguir subsidios estatales, de manera que buena parte del enorme costo lo terminan pagando los contribuyentes depredados.

Los daños son tremendos, porque en los paisajes andinos, como en los desérticos, la vida vegetal y animal está siempre en delicado equilibrio, que se rompe ante el rugido de cientos de motos, autos y camiones, a grandes velocidades y consumiendo miles de litros de combustibles.

Al parecer, y según informes circulantes en la web, el itinerario fue modificado este año en su paso por Mendoza, porque algunos dueños de tierras les han hecho juicio. En Córdoba también. En cambio La Rioja, Catamarca y San Juan ya se sabe que son tierra de nadie para el desastre ecológico.

Precisamente a finales de 2009 se conoció –aunque los grandes medios porteños casi no le dieron espacio– que la Universidad Nacional de Córdoba, por abrumadora mayoría y luego de un largo debate, rechazó los fondos “donados” por la Minera La Alumbrera de San Juan. Antes lo habían hecho ya las UN de Río Cuarto y de Luján. El doctor Raúl Montenegro, uno de los impulsores del rechazo, calificó la decisión de “histórica” y “profundamente ética” porque los fondos “proceden de una empresa que consume irracionales cantidades de agua en una provincia semiárida, contamina el ambiente y rompe los tejidos sociales con sus practicas clientelares”.

No son meras palabras: desde 1997 la mina utiliza 95 millones de litros de agua por día que obtiene en Campo del Arenal, una reserva de agua subterránea poco conocida. Consume el 25 por ciento de la energía eléctrica del NOA y el 87 por ciento del consumo total de la provincia de Catamarca. Y desde 1999 se detectan drenajes ácidos que, según Montenegro, “son la peor amenaza de la minería”. Los efectos contaminantes no se reducen a Catamarca; se han comprobado en Tucumán y hasta en el embalse de Río Hondo, Santiago del Estero.

La prensa nacional calló, casi masivamente, la represión del 19 de diciembre pasado en Andalgalá, donde fuerzas de Gendarmería desalojaron la ruta donde los habitantes protestaban contra la minera. ¿Por qué? Porque el pueblo entero de Andalgalá, de 20.000 habitantes, fue vendido recientemente para la explotación minera y va a desaparecer.

La indefensión ambiental argentina es ya escandalosa. Ahí están los canales de Areco y los miles que debe haber en todo el territorio bonaerense aunque lo nieguen los señores Biolcati y Buzzi. Ahí está la amenaza al Ayuí en Corrientes. Ahí la minería depredadora en San Juan y otras provincias. Ahí la inoperancia manifiesta de la Ley de Bosques. Y ahí el insólito, ya insostenible veto presidencial a la Ley de Defensa de los Glaciares.

¿Cómo es posible que el Gobierno no advierta la estupidez de ese veto, tan grave como su inacción frente a las mineras y su permisividad con “espectáculos” como este rally, en el que hasta las Fuerzas Armadas prestan colaboración? ¿Y que en la durísima oposición casi ningún dirigente ni partido, con la sola excepción de Pino Solanas, se ocupe de estos asuntos? ¿Y que la gran mayoría de los argentinos, y sobre todo sus dirigentes, sean tan inconscientes, o corruptos, que no reaccionan ante la destrucción de nuestro hermoso territorio?

Es desesperante que a estas preguntas las responda el silencio. Es gravísimo que seamos uno de los países más estúpida y ambientalmente suicidas del planeta.

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24.12.09

Un cuento de Navidad (Por Mempo Giardinelli)

Tango con el Guernica de Villa Crespo



Fue hace unos pocos años, un 25 de diciembre de finales del siglo pasado o inicios de éste, no importa demasiado. Había ido a Buenos Aires por no sé qué asunto familiar, o de trabajo, y algo me llevó a Villa Crespo y a pasar por Apolinario Figueroa al 600. Ahí, súbitamente, le pedí al taxista que detuviera el coche y me bajé a mirar el que todos llaman Guernica de Villa Crespo, símil del maravilloso espanto que pintó Pablo Picasso en 1937 y que yo había visto en Madrid un tiempo atrás.

Nuestro Guernica, digamos, es un mural bastante fiel, pintado con esmaltes sintéticos por un grupo de estudiantes de primer año del profesorado de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1984. Sobre un paredón de más o menos cinco metros de largo por dos y pico de alto, homenajearon al maestro andaluz en su centenario. A la intemperie y sin protección alguna, y más allá de la desidia municipal y del lógico deterioro, supongo que la obra se mantiene aún.

Aquella Navidad me coloqué en la vereda de enfrente para observar mejor la obra. No era el único: una mujer que parecía volver del almacén se detuvo unos segundos no sé si a mirar, como yo, o a resoplar por el peso de sus compras. Y había también un hombre, sentado en una especie de banquito de guitarrista clásico, mirando los trazos picassianos como quien tiene el raro privilegio de presenciar el calvario entero de Jesucristo. Se le notaba una tristeza dura, un dolor de esos que parecen definitivos. Lo recuerdo bien porque además lloraba, y un hombre que llora en la calle, aunque sea el campeón de los discretos, es siempre llamativo.

Y encima era más que un hombre, era un viejo. Completamente arrugado como Manuelita la tortuga, lloraba un gemido leve, mal disimulado, bajo la ridícula sombra de un fresno joven, o lo que parecía un fresno joven, plantado por quién sabe quién y como para fastidiar la vista de la estupenda reproducción. Pero al viejo no le importaba el cuadro, me pareció, y lo supe cuando le pregunté qué le pasaba. Pensé que me replicaría “a usté qué le importa” o algo así, pero el tipo me sorprendió:

–Ahí estaban mis padres –dijo, directo, señalando la obra– y ahora me dejó mi mujer.

Alcé las cejas y moví la cabeza hacia los lados:

–Un doble fulero –dije, por decir algo.

–Yo era un pibe en la Navidad del ‘37. Me trajo un tío falangista en un carguero. Después se volvió pero primero me entregó aquí a unos republicanos del mismo pueblo. Se odiaban entre ellos, pero todos cuidaron de mí.

Se secó los mocos con un pañuelo roñoso, amarronado. Un trueno presagió la lluvia.

–Vengo casi todos los años, ¿sabe? Como a saludar a mis padres.

Hizo una pausa; yo seguí en silencio porque era obvio que el viejo quería hablar.

–Vine algunas veces, otras navidades. No todas, porque trabajaba lejos. En Córdoba, en Tucumán, en Chile también. En Bolivia fui minero, en Paraguay albañil y en el Chaco estuve en Las Palmas cuando todavía era un ingenio. ¿Conoce Las Palmas? Era un imperio, eso. Lo acabaron de destruir las bandas de López Rega. Hoy dicen que es sólo un fantasmal recuerdo de glorias pasadas.

–Así dicen –descarté veloz–. Pero usted no llora por eso, ¿verdad?

Giró para encararme con su mirada, que era durísima y profundamente azul. Sus arrugas parecían elaboradas una por una. A la mano que sostenía el pañuelo a la altura de su pecho le faltaban dos dedos.

–¿A usted nunca lo dejó una mujer? –me disparó–. Es como sufrir un bombardeo, un ataque aéreo masivo en medio del pecho.

Hice silencio; qué podía decirle.

–Hay dolores que uno sabe que nunca se terminan, pero amenguan con el tiempo y uno convive con ellos... Pero hay otros que son fuegos vivos y no hay ardiente paciencia que los mitigue. No hay modo de apagarlos y es como que todo se termina.

–¿Lo dejó por otro?

–Me dejó. No importa si tuvo buenas o malas razones. Cuando a usté lo abandona una mujer, todas son malas.

–Pero puede volver –dije, sin convicción–. Capaz que mañana vuelve.

Justo en ese momento el taxista me preguntó, con un bocinazo, si le pagaba o seguíamos viaje. Le hice seña de que continuara esperando. Pero me puse de pie y di dos pasos hacia el coche.

–Capaz que vuelve, amigo. Uno nunca sabe.

El viejo se quebró en un llanto franco y ruidoso.

–Está muerta –dijo–. Y yo también. ¿No se ve que estoy muriendo?

En ese momento empezó a llover. No es común que en Buenos Aires llueva en Navidad, pero cuando sucede cae una lluvia tibia, suave y melancólica como un tango instrumental que uno escucha a lo lejos, como después de atravesar zaguanes y persianas.

Me alejé sintiendo una estúpida culpa. Como si hubiera asistido al nacimiento de un tango que nadie iba a cantar.

Nunca más regresé a Apolinario Figueroa al 600. Recién vi una foto en la web y el arbolito sigue ahí, parece, jodiendo la vista y creciendo como crecen los árboles que la imbecilidad municipal planta en lugares indebidos. O poda cuando no se debe, o tala al estilo sojero.

Aquel hombre, supongo, no habrá vuelto otras navidades.

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14.10.09

Operaciones en la web (Por Mempo Giardinelli)


Desde hace varios meses, muchos lectores –centenares, acaso miles– han estado recibiendo correos electrónicos con un artículo y/o un Power Point que supuestamente lleva mi firma y en el que se describe la horrorosa situación de los pueblos originarios del Chaco.

Con diferentes títulos o asuntos –por caso: “La terrible realidad del Impenetrable”, “Obligación moral de circularlo”; o “Los K son asesinos”– y con fotografías impactantes y sensacionalistas, la circulación de este mail es todo un sacudón para cualquier buena conciencia.

El resultado es conmocionante: tanto repugna lo que allí se narra y muestra que se desata una fuerte culpa de clase a la vez que se despierta un rechazo furioso hacia el kirchnerismo en general y, en particular, el gobierno del Chaco a cargo –desde diciembre de 2007– de Jorge Capitanich.

Pero en rigor se trata de un atentado a la buena fe de muchísima gente. Porque, en efecto, yo escribí la mayor parte de ese artículo, que se publicó en el diario Perfil, pero eso fue hace más de dos años, cuando era gobernador el hoy senador (UCR) Roy Nikisch, lo que ahora se oculta y silencia.

El que ahora se envía y reenvía sin cesar es un texto modificado, recortado, emparchado e ilustrado arteramente, que circula, hoy, con una para mí tan oscura como obvia intencionalidad política. Tampoco las fotografías son las del artículo original. Aquellas también eran duras –la realidad lo es–, pero no implicaban golpes bajos como las fotos que hoy circulan con este texto falso que, no se puede llamar de otro modo, es una clara operación política.

Porque la situación aborigen en el Chaco no empezó hace dos años, ni hace seis. Es horrorosa desde hace décadas, y la depredación y el atropello lo iniciaron los dictadores en los ’70, cuando empezaron los negociados con las tierras de lo que entonces eran montes impenetrables, al amparo de un eslogan canalla que decía “Chaco puede” y sin controles de ninguna índole. Después, es cierto, el proceso de marginación de miles de seres humanos embrutecidos y abusados por el hambre y la politiquería fue tolerado, por lo menos, por todos los gobiernos de la democracia. Cada uno tiene su cuota de culpa. Ninguno está exento de responsabilidades. Ninguno.

Y no es que las cosas hayan mejorado mucho con el actual gobierno, pero hoy desde el poder se intentan algunas respuestas que hasta hace un par de años no existían. Esa es la verdad y sería mezquino ocultarla, y más aún distorsionarla como lo hace este brulote cuya circulación –sin reconocer la fecha de publicación, con fotos de dudoso origen, y habiendo retocado aviesamente y sin autorización el texto original– es por lo menos maliciosa y responde sin dudas a aumentar la cosecha de antikirchnerismo barato que está de moda y que tanta confusión aporta a todos los debates de la democracia.

Todo indica que quienes lanzaron este texto son de la misma calaña que quienes llevaron a nuestros aborígenes a la miseria.

Por eso desaconsejo la difusión de ese texto apócrifo. Alguien está usándolo para conmover a gente honesta como seguramente es la mayoría de los receptores de ese correo, pero el abuso no es contra mí sino contra la buena fe de esas personas. De igual modo, más que ataque a tal o cual gobernante esto es, más bien, una burla a la inteligencia de los lectores.

Así es como funcionan las llamadas “operaciones de prensa”. Distorsionando, mintiendo, cambiando sentidos y manipulando conciencias. Conviene estar alertas y denunciarlas, cuando son tan groseras como ésta.


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16.9.09

La ley de medios y los porotos en el Congreso (Por Mempo Giardinelli)


De que la ley de servicios de comunicación audiovisual se apruebe, o no, depende en gran medida el futuro de nuestra democracia. No es exagerado decir que será una de las leyes fundamentales de esta República para los próximos años. Y después vendrá la Ley de Entidades Financieras, esa otra herencia maldita de la dictadura. Por eso hay tanta resistencia y se ha enturbiado el debate con la visión apocalíptica de quienes temen ver afectados sus intereses. Lo grave no es eso, sin embargo, sino cierta confusión que se ve en algunos sectores dizque progres que, a la hora de contarse los porotos, podrían votar divididos una vez más. Y tal como pasó con la 125, es posible que terminen alineados con los republicanos más diestros. Por ahora se los ve seguido en los programas que más atacan, desvirtúan y distorsionan el proyecto, llamándolo “Ley de Medios K”, una mentira. Lo saben los periodistas que se alinean con sus patrones con debida obediencia (vaya uno a saber qué dirían de estar desempleados o en otros conchabos) pero parece que lo ignoran los que van ahí a opinar y mayoritariamente a coincidir.

El proyecto de ley que envió el Ejecutivo no es creación K ni mucho menos. Es producto de muchos años de lucha por el derecho a la información, y es el resultado de los famosos 21 puntos que en agosto de 2004 consensuaron 300 organizaciones de la sociedad civil, organismos de derechos humanos, trabajadores de la comunicación, las dos centrales sindicales (CGT y CTA), universidades nacionales, organizaciones sociales, movimientos cooperativos y pymes de la comunicación. La ley de facto 22.285, firmada por Videla en 1980 y que todavía rige –y ampara a los monopolios–, es un mamarracho jurídico insostenible, no sólo por su origen sino por las sucesivas enmiendas de todos los presidentes desde Alfonsín en adelante, incluyendo al binomio Kirchner, y que sólo sirvieron para favorecer los intereses de empresarios amigos del poder de turno.

Los monopolios son una de las más viejas lacras argentinas. Hemos sido siempre un país que estimuló legislativamente monopolios de todo tipo, y así nos fue y así nos va. Es hora de terminarlo: las condiciones están dadas y sería una maravilla que fuera precisamente esta ley la que señale un nuevo camino. Sobre todo si se logra que su espíritu y su letra antimonopólica no se desvirtúen después.

Es urgente sancionar esta ley. Y no importa en absoluto si responde a las convicciones del Gobierno o más bien –como pienso– a haberse dado cuenta de la gran metida de pata de Néstor Kirchner en 2005, cuando les concedió otra absurda prórroga a los concesionarios y abrió el camino a la fusión de Multicanal y Cablevisión, lo que fortaleció con desmesura a los actuales monopolios y concentró peligrosamente la (des)información en todo el país. Escribí entonces que el presidente estaba criando cuervos. Y así fue. La cuestión del llamado “campo” fue la muestra cabal de ese desatino político que también se debe cargar en la mochila de los desaciertos kirchneristas. Pero no por eso debe restarse apoyo a la nueva ley. Ni debe esperarse al 10 de diciembre, porque es válida toda sospecha de posibles nuevos cajoneos.

Y es claro que también hay que reconocer que el proyecto contiene puntos oscuros, que deben perfeccionarse en bien de la democracia y la información. Por caso, poner frenos estrictos a toda posible discrecionalidad; establecer controles plurales, democráticos y efectivos; y ni se diga de la sospechosa puerta abierta a las telefónicas. Porque el tema del triple-play es por lo menos peligroso, ya que el control de la fibra óptica puede condenar a la desaparición de los pequeños prestadores, si tecnológicamente las proveedoras de señales seguirán siendo las grandes corporaciones. Será cuestión de establecer reglas de juego claras y equitativas, así como normas y organismos de la sociedad civil para vigilar atentamente el sistema. No es imposible.

Y en ese sentido está muy bien que la oposición reclame cambios, garantías y seguridades antiautoritarias. Y mucho mejor está que los sectores progresistas –de Solanas a Macaluse, de Bonasso a Basteiro o de Lozano a Morandini, por citar algunos diputados/as– le muestren los dientes al Gobierno para que afloje en todo lo oscuro y confuso y acepte retroceder en aras de la claridad y las garantías que exige el derecho a la información, que es la versión popular, digamos, de la hoy empresarial libertad de expresión que hoy defienden paladines como la señora Bullrich, por caso, o la hasta hace poco ignota diputada Giudice.

Todo eso está muy bien. Pero lo que se diría que no está bien es cuando en los programas de tele donde uno esperaría que fuesen durísimos también con quienes los invitan; algunos progresistas en realidad terminan pegando palos solamente al Gobierno, al amparo de cartelitos que rezan “Ley de Medios K”, como si ellos compartieran esa mentira. Eso hace temer por el voto de algunos legisladores que, hasta ahora y por “no quedar pegados con los K” o por “diferenciarse”, parecerían capaces de terminar alineados una vez más con lo más reaccionario del país. Pobres de nosotros si algunos de ellos/as terminan votando en contra. Porque aun con sus errores e imprecisiones (corregibles antes de la sanción, si el Gobierno no repite necedades y torpezas, por difícil que les resulte) esta nueva ley tendrá la virtud principal de su claro contenido antimonopólico. Eso es lo que la hace tan necesaria y urgente. Será el mejor instrumento para frenar cualquier intento autoritario de pensamiento único, sea de éste o de futuros gobiernos, pero también –y sobre todo– de los monopolios mediáticos privados que hoy son los verdaderos dictadores de conciencia de la Argentina. Algo ya hemos ganado los argentinos: como sociedad avanzamos muchísimo, porque discutir esto que hoy discutimos era impensable hace cinco o diez años. Pero con eso no alcanza. Si, como parece, estamos asistiendo a un final de época, sería por lo menos incongruente que a la hora de la hora falten ciertos porotos.

FUENTE: Rebelion.org
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15.9.09

Carta al compañero Pino (Por Mempo Giardinelli)


Estimado Pino: Aunque nunca nos vimos, estuve siempre cerca suyo, por lo menos desde La hora de los hornos. Lo acompañé después, cuando el antimenemismo. Admiré su cine, apoyé su gestión legislativa y hasta hice guardia en la vereda del sanatorio de la calle José Hernández cuando lo balearon cobardemente. Le escribo desde estos humildes pergaminos y desde la simpatía que me produjo su retorno a la política. Y aunque no vivo en Buenos Aires, probablemente hubiese estado entre los que alentaban su acercamiento a Carlos Heller para las elecciones del 28 de junio, que pudieron significar –de haber ido juntos– la sepultura del macrismo.

Estas líneas son para decirle que ahora tiene usted razón en casi todo lo que plantea en la tele: nacionalizar Telecom; garantizar que con los dineros públicos no se hagan negocios privados y muchas otras, casi todas sensatas, anheladas y compartibles. Tiene razón también al fustigar al kirchnerismo en sus desprolijidades, oscuridades y posibles corruptelas. Aunque yo creo que usted exagera cuando los compara con el menemato, porque no son lo mismo. Hay enormes diferencias y le voy a dar sólo tres ejemplos, para no abundar: los K fueron erráticos y desacertados con la propuesta del Tren Bala felizmente congelada (yo escribí en este diario al respecto), pero no fueron los que desmantelaron los ferrocarriles. Los K son esquivos y tienen doble discurso, pero a la Corte Suprema la adecentaron ellos, mientras que Menem instaló y mantuvo allí a una especie de pandilla adicta. Los K llevan adelante una política de Defensa ejemplar, como nadie llevó en este país en democracia. Y tenemos hoy una Ley Nacional de Educación que vino a sustituir la destructora Ley Federal de Menem, Decibe y García Solá.

Son más de tres ejemplos, y dejo de lado una política de derechos humanos como millones de compatriotas, y supongo que usted también, siempre quisimos por lo menos desde 1983. La cual es muchas veces más declarativa que efectiva, desde ya, pero innegablemente permitió avances extraordinarios en el más árido y dificultoso terreno de la recuperación democrática.

Por favor, Pino, no se le ocurra simplificar esto acusándome de kirchnerista, porque no lo soy. Tampoco formo parte de la Carta Abierta de intelectuales, ni tengo amigos en el poder, ni me deben ni debo favores. En 2003 no voté a Kirchner y en 2007 sí voté a Cristina, como lo hicieron millones de argentinos/as que ya veíamos el avance de toro furioso de una derecha conservadora que –lo viene probando– es capaz de decir y hacer absolutamente cualquier cosa.

O sea que le hablo –le escribo– como un simple compatriota, independiente a rabiar, ni sé si de izquierda, que tiene la posibilidad de hacer público su pensamiento. Y que se siente alarmado por lo que considera su ceguera, Pino. La suya y la de algunos de sus respetados compañeros más cercanos.

No se ofenda, que la ceguera no es insulto. Es simplemente la imposibilidad de ver. Y a mí me parece, dicho sea con todo respeto, que usted no ve por lo menos lo siguiente:

1. Que éste es un proyecto superador, aunque tenga puntos cuestionables. Hoy nuestro país tiene la oportunidad de sancionar un régimen nuevo, infinitamente mejor que el horrible mamarracho que es la ley de Videla. Le recuerdo, al respecto, que si usted y los que le responden no votan esta ley, de hecho y aunque quieran diferenciarse, serán responsables de que sigamos regidos por esa ley infame, la 22.285 de la dictadura.

2. Que a millones de compatriotras nos importa un pito la pelea entre Clarín y Néstor K. Pero sí nos importa que esta será una ley antimonopólica. Abre espacios a la participación de sectores marginados (y tiene usted razón en que por esa puerta pasarán las fundaciones de las grandes empresas, pero en la Argentina hay miles de fundaciones serias y honradas, dicho sea advirtiendo que la que yo presido no tiene el menor interés en ser de la partida). Pone límites como nunca los hubo, y aunque es verdad que es oscura la autoridad de aplicación, le recuerdo que hoy ni siquiera hay autoridad, pues lo que hubo hasta ahora fue un Comfer idiota. Protege a la infancia y la niñez. Fomenta el cine argentino y la producción nacional. Y respecto de las telefónicas, el tema parece haber quedado resuelto ayer.

Entonces, ¿cómo oponerse, Pino? ¿No se da cuenta a quién/quiénes va a favorecer el rechazo de esta ley? ¿Cómo van a hacer después sus diputados, una vez diferenciados del Gobierno, para diferenciarse de cívicos y republicanos que están más ciegos que Polifemo y que por desdicha no saben lo que hacen, escupiendo sobre sus historias y sus trayectorias?

¿Cómo es posible que el fanatismo anti K los lleve a coincidir con lo más reaccionario del país, esos sectores que siempre frenan el carro de la Historia? Y no es que los K signifiquen la modernidad –Dios libre y guarde–, pero ésta no es “la ley K” que dicen los cartelitos bajo los que usted habla en los muchos programas a los que ahora lo invitan. Esta ley es de cientos de organizaciones y de miles de personas y comunicadores que venimos luchando y haciendo docencia desde hace muchos años. Sería bueno que eso se respetara; que usted y los diputados que le son leales lo tuvieran en cuenta.

Porque es necesaria esta ley, aun con sus errores, Pino. Por más que usted tenga razón en casi todo lo que cuestiona, hay algo que es seguro: para el pueblo argentino nada va a estar peor con ella, y muchísimas cosas tendrán mejores posibilidades. Pero todo va a ser mucho peor si la rechazan.

Dios o el destino, o el ignoto Ojalá quieran que usted y los suyos no se equivoquen. Porque va a ser un error fiero. De consecuencias peores que cualquiera que usted imagine para este país después de esta ley.

Un saludo atento, respetuoso y cordial.
Publicada en Pagina 12


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30.4.09

Las razones de la peste (Por Mempo Giardinelli)


A la epidemia de dengue la sucede, más amenazante aún, la pandemia de influenza que viene de México. Una por mosquitos, otra por aves o porcinos, las dos con viejas taras argentinas sobrevolando la tragedia. No importa si los enfermos declarados, confirmados o sospechados son 10 mil o 50 mil o muchos más. No importa la guerrita política de una oposición que, sin fuerza ideológica ni moral, sólo busca aprovechamientos electorales en la desdicha de la ciudadanía y en particular de la que está cautiva del abominable sistema mediático que padecemos, frente a cierto oficialismo que también prioriza las elecciones sobre la salud de la población y, como se sabe, ha hecho de la mentira estadística una marca de gestión.

Si uno consigue descartar esa puja, que está a la vista en Charata como en Salta, y en Santa Fe como en el conurbano bonaerense o donde quiera haya ánimos calientes, lo que se ve –y que realmente importa y alarma– es que en la Argentina estamos viviendo pestes que recuerdan a las de la Edad Media. Pestes que empezaban entre los más pobres y se expandían hasta afectar a todos los sectores sociales, como la pavorosa epidemia de fiebre amarilla que mató a medio Buenos Aires en 1871.

Las pestes, se dice, llegan para quedarse. Pero entonces también habría que decir que el ahora famoso mosquito existe entre nosotros desde hace décadas y retorna porque no hubo prevención, como no la hubo frente a muchas otras enfermedades que han retornado. No hace falta ser sanitarista para darse cuenta. El Mal de Chagas sigue siendo el mayor causante de muertes entre el pobrerío argentino, y volvieron también el cólera, la tuberculosis y la fiebre amarilla. Y encima parece evidente que el glifosato y otros venenos amados por “el campo” han quebrado el equilibrio biológico y el autocontrol de la Naturaleza.

Por eso el invierno no será la solución, como no habrá solución definitiva verdadera mientras el oportunismo electoral de Gobierno y oposición continúe en el centro de la escena. Porque la falta de prevención les cupo a todos los gobiernos de por lo menos los últimos cuarenta años: militares, peronistas, radicales, menemistas, aliancistas, duhaldistas y kirchneristas. Todos, sin excepción, permitieron por omisión que estas pestes se instalaran entre nosotros.

Yo me crié en un ambiente, en el Chaco, en el que la fumigación y la prevención eran constantes. El papá de mi más íntimo amigo era un médico que se ocupaba de tener a raya al paludismo, en nombre de lo que entonces era el Ministerio de Salud Pública, con fondos de la OMS. Y también había un centro de investigación chagásica que era modelo en el mundo. Y hasta las mangas de langostas que asolaban los campos (y que ahora también han vuelto) eran contenidas mediante políticas de prevención, fumigación y esclarecimiento permanentes. Quiero decir: era un tiempo en el que los posibles males colectivos eran previstos, investigados, atendidos y combatidos de manera sostenida.

Nada de eso se hizo en los últimos treinta años. Todo se abandonó. Primero los dictadores, después el menemismo y sus patrones neoliberales, TODOS recortaron presupuestos y acabaron con la prevención. Es ésa y no otra, en el contexto de pobreza creciente que ellos mismos desarrollaron, la verdadera razón y origen de estas lacras.

Es urgente terminar de una vez con las causas profundas de estas enfermedades que son típicas de la pobreza y la miseria, reorganizando la prevención sostenida y permanente como política de Estado que atienda los múltiples aspectos sanitarios, educativos y sociales, pero sobre todo iniciando la urgente obra de acabar con la pobreza infame que ofende a la Argentina moderna y que insólitamente no es preocupación principal ni del Gobierno ni de la oposición.

Se trata de terminar con la mentira de que no son enfermedades de la pobreza. Sí lo son. Como sucede con todas las epidemias que en el mundo han sido: empiezan por los eslabones más débiles hasta que llegan a lo más alto de la cadena social. Por eso hay que descacharrar, claro, pero entonces hay que terminar con los desarmaderos y el negocio de casi todas las policías. Hay que evitar que se junte agua, por supuesto, pero entonces hay que disponer que este país tenga agua corriente y cloacas para todos. Hay que poner alambre tejido en puertas y ventanas, pero primero hay que tener viviendas dignas y no casillas o taperas que ofenden a la especie humana.

Pero de esto casi no se habla, y los multimedios insisten en recurrir a cualquier astucia que fomente la desazón de las atemorizadas y siempre manipulables clases medias. La solución verdadera sería que todos –Gobierno, oposición y medios– aunaran esfuerzos en pos del superior objetivo de la salud de toda la población. Pero para eso hace falta grandeza. Y vaya que escasea.

FUENTE: Página 12
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20.7.08

Barajar y dar de nuevo - La Gran Cobos (Por Mempo Giardinelli)


BARAJAR Y DAR DE NUEVO

La Gran Cobos
Por Mempo Giardinelli

Cuando el vicepresidente Julio Cobos definió el rechazo a la ley de retenciones tal como la había propuesto al Ejecutivo, apenas terminó una batalla, aunque no sin alivio circunstancial para toda la nación.

Quedará para otro debate establecer si es contradictorio que el segundo del Ejecutivo vote en contra de un envío presidencial, pero el hombre votó de acuerdo a su convicción y eso es irreprochable.

En todo caso, para extender la dignidad de su voto ahora es de esperar que renuncie, porque el argumento de que recibió los mismos votos que Cristina Fernández de Kirchner es un sofisma. La ciudadanía votó por ella. Cobos, ahí, estaba pintado.

Pero el panorama es mucho más complejo que una decisión personal. La votación en el Senado fue mucho más allá, incluso, de las retenciones. Y como fue una derrota política, al kirchnerismo le tocará ahora pagar los platos rotos. Fueron muchísimos los errores cometidos, todos señalados incluso por quienes apoyábamos el proyecto de ley de retenciones, en innumerables notas escritas en medios independientes como Debate.

Sin embargo, no parece que el kirchnerismo esté terminado como desean Joaquín Morales Solá y muchos aliados del agrarismo, aunque sí es cierto que dilapidaron gran parte del poder fenomenal que tuvieron.

El Gobierno no está terminado ni mucho menos, pero le va a costar mucho salir bien parado de este revolcón. Porque en política, cuando no se sabe dialogar y se juega siempre a todo o nada, inexorablemente se pierde. Y cuando encima se pierde ante corporaciones y empresarios rurales que proceden con la dureza típica de la necedad y la avaricia, cuidando su bolsillo por sobre todas las cosas, el costo es más alto.

Otra falencia enorme, que también deberán pagar los K, fue la absurda política comunicacional del Gobierno. Si es que la hubo, la información oficial fue tonta y anodina, y se amilanó en todo momento ante la manipulación astuta y pertinaz de la llamada opinión pública.

Lo que queda de bueno es que funcionaron las instituciones republicanas, y eso no es poco. Ambas cámaras del Congreso evitaron el desbarrancamiento de la crisis, una vez más. Con todo lo que muchas mentes simples le critican a los legisladores, y muchísimas veces con toda razón, ellos y ellas supieron trabajar arduamente y resolvieron la coyuntura.

DOLORES POR VENIR

Pero quedan muchas cosas dolorosas en el camino. En todo momento fue la convivencia democrática lo que se puso en juego y eso siempre es peligroso. Por eso en estos meses, en cada texto, quien firma no hizo más que alertar sobre, y rechazar la, desdichada polarización a que nos llevaron tanto el Gobierno con sus errores y necedades, como la radicalizada voracidad de los empresarios rurales con sus mentiras, clasismo, racismo y avaricia. Claro que la responsabilidad mayor era del Gobierno, porque todo gobierno es siempre el responsable último del diálogo republicano. Aunque en eso fallaron todos.

Los unos proclamaron una redistribución que no es tal y que en muchos casos oculta una corrupción intolerable en muchas áreas. Los otros cacarearon un federalismo al peor estilo secesionista boliviano, ocultando así lo que es más verdadero: que no quieren control alguno a sus desmedidas ganancias.

Así la inmensa mayoría de los argentinos asistimos, hastiados, y muchos íntimamente furiosos, a duros torneos de oratoria vacía, repetición de consignas y lugares comunes, ese vicio contemporáneo que alimenta un periodismo berreta lleno de opinionismo a sueldo.

El odio y el resentimiento son despreciables, desde luego, y también lo son muchísimos usos y costumbres de la política argentina. Pero lo peor de todo es el cinismo: el de los que dicen que van a redistribuir lo que cuando pudieron hacerlo no hicieron; el de los que evaden impuestos como se elude a Lucifer; el de los que sólo son rentistas del agro y nos les importa la destrucción de nuestros suelos; el de los que ganaron y siguen ganando fortunas pero se quejan como si vivieran en villas miseria.

Los que pagamos impuestos de veras; los que no evadimos ni un centavo y estamos al día en nuestras obligaciones, y encima vemos cómo el pobrerío nacional paga ese impuesto a la pobreza que es el 21 por ciento de IVA, estamos y seguiremos estando hartos de que nos sigan mintiendo.

DIRIGENCIAS

Ahora habrá que ver qué país vamos a tener. Y la verdad es que a la vista de las dirigencias vernáculas, acaso debiera primar el escepticismo.

La primera dirigencia que es todo gobierno ya demostró su ineptitud para pilotear una crisis de este tamaño, y es por lo menos dudoso que sepan maniobrar con la sabiduría que requerirán los otros grandes temas que están en fila: transportes, ferrocarriles, aduanas, organismos reguladores, política ambiental en serio y no al estilito actual, nueva coparticipación federal, la gran reforma tributaria que la Argentina necesita y cuyo primer paso será acabar con la desgravación de la renta financiera que nos legaron Menem y Cavallo. Y, ni se diga, retenciones móviles a la minería, el petróleo y otras rentas extraordinarias, además de la reorganización profunda del sistema mediático y el debate indispensable sobre el derecho a la información.

Todo eso. Por lo menos.

No hay otros caminos para que la Argentina recupere a los millones de marginados que hoy tiene. Para que los campesinos que son los verdaderos pequeños productores sean propietarios legalizados de las pocas hectáreas que hoy trabajan. Para que millones de seres humanos expulsados de sus provincias que hoy se hacinan en villas urbanas, puedan encontrar trabajo bien remunerado, educación de calidad y horizontes de vida dignos. Para terminar con el hambre, la violencia urbana, la impunidad, el racismo y la explotación que son absurdas marcas registradas de este país.

Puede ser muy dudoso que el gobierno K tenga muñeca y cintura para hacer todo eso, o algo de eso. Pero es seguro que no lo harán las dirigencias agrarias y de la oposición, que en este conflicto se han mostrado sólo capaces de juntar lo mejor con lo peor de este país, pero para rezar al aire libre y mentir cuidando el bolsillo de los ricos. Qué política es ésa. Qué visión social y distributiva se puede esperar de ellos.

De ahí que, a la vista de la torpeza del Gobierno y la variopinta composición del arco opositor, más la probada falta de control de las dirigencias agrarias sobre sus representados, no hay mucho espacio para el optimismo.

Aquí no se resolvió nada porque en el fondo de todo sigue estando la eterna cuestión argentina: si los más ricos, los que ganan siempre y ahora ganan más que nunca, van a ceder algo en favor del conjunto. Jamás lo han hecho.

No es dato menor destacar que el precio actual que recibe el productor argentino es mejor que el de octubre pasado, pese a los aumentos de retenciones que tanto resistieron, escupiendo hacia arriba de la gran mayoría de ellos mismos. Los valores de estos días son los mejores desde 2002. Y no es opinión de quien firma, sino que son datos de la Bolsa de Cereales de Rosario.

Ojalá nos equivoquemos los que así pensamos, pero después de la Gran Cobos días graves nos esperan.
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1.7.08

¿El incendio y las vísperas? (Por Mempo Giardinelli)

Segunda carta abierta a la presidenta CFK
Por Mempo Giardinelli

Señora Presidenta: Con todo respeto, nuevamente me permito reflexionar como cuando le escribí, hace meses, a propósito del Tren Bala.

Esta semana asistiremos a una crucial votación en el Congreso, y las matemáticas parlamentarias prefiguran un resultado muy riesgoso, porque lo que se juega no son solamente las retenciones. Quizá tampoco la suerte de la democracia, pero sí, seguro, la del Gobierno que usted encabeza. No por nada mi coterránea Elisa Carrió ya dijo en su tono apocalíptico que el Gobierno “está en una situación de jaque mate”.

No sé si es así, pero esas graves palabras delatan el espíritu instalado en la porción de sociedad que los porteños llaman “la gente” y que refiere a las clases medias urbanas que tanto la odian a usted. Un odio irracional y lleno de resentimiento como no tuvieron hacia los dictadores ni hacia Menem, como bien señaló José Pablo Feinmann. Pero es lo que hay, y es un odio desestabilizador que a mí, como a muchos argentinos, nos produce temor.

¿Es que acaso estamos asistiendo a ese golpe cuya sola mención espanta a muchas buenas conciencias intelectuales, pero que poco a poquito va desestabilizando su gobierno? Claro que no hay una conspiración, nadie podría probarla, pero sí han preparado sutilmente un clima propicio para que esta crisis sólo pueda terminar, acaso, con la renuncia de usted.

Entonces uno se pregunta: ¿por qué no reaccionan políticamente, Señora, por qué su gobierno no cambia?

Porque vea: es verdad que han ganado las últimas elecciones con el 46 por ciento de los votos. Es verdad que les sobra legitimidad y tienen mayoría en el Congreso. Es verdad que millones de argentinos están de su lado en ese asunto de las retenciones móviles. Es verdad que los que se autocalifican “el campo” no tienen el apoyo masivo que dicen tener, y en la gran mayoría de las provincias no les dan bola a las cuatro entidades, para decirlo mal y pronto.

Yo he visto, y veo, cómo muchísimos laburantes de clases medias bajas y del pobrerío nacional hacen silencio y miran con hartazgo esta demanda de hidropampeanos que no son todos tan pequeños. Porque nadie que tenga o trabaje más de 150 o 200 hectáreas puede considerarse tal. Los verdaderos pequeños son los miles de campesinos que trabajan de tres a diez hectáreas, y sin títulos de propiedad. Ellos no “hacen soja” ni están representados por la mesa de enlace patronal.

Además, los chacareros que lidera el señor De Angeli son minoría y un “enchastro” ideológico –para decirlo con palabras de él– llámense nueva derecha o vieja izquierda. Pero tienen medios detrás. Que fogonean una “prepotencia gubernamental” que no vieron cuando de veras la hubo, y una “oportunidad histórica” cuya pérdida no es tal.

Parece que los están corriendo con la vaina, Señora. Y por momentos da la impresión de que ustedes son como un automóvil que va a estrellarse. Y con ustedes nosotros, los argentinos que no tenemos ni una vaca ni un metro de tierra; los que pagamos impuestos sin chistar ni haciendo trampas; los que no queremos que vuelva el neoliberalismo que hoy procuran reinstalar las cuatro entidades y casi toda la oposición, se den cuenta o no.

Usted ha de leer y escuchar lo que escriben y dicen los exegetas todo terreno de la desestabilización. Están agrandados: se sienten republicanos y nuevos padres de la patria. No van a acatar una ley que no les guste. Sueñan con verla huir de la Casa Rosada en helicóptero. Están decididos a todo. “Jaque mate”, se ilusiona Carrió.

¿Cómo es que en su gobierno y en su partido no lo ven, Señora? ¿Cómo no se dan cuenta de que si sale la ley como la mandaron y por pocos votos, se viene la sedición neoliberal? Algunos ya lo dijeron y otros eluden decirlo, pero no van a acatar esa ley. Y guarda que este jueves les puede pasar como a Alfonsín con la ley Mucci, cuyo rechazo fue el inicio del fin de su gestión.

Y si acaso la ley sale como su gobierno quiere, el último camino legal –y ellos lo saben– será reprimirlos. Cosa que ustedes no han hecho y no deberán hacer, y eso es algo bueno que este país les debe a su marido y a usted.

Claro que en medio de un montonal de metidas de pata, todo sea dicho. Porque disculpe la franqueza, Señora, pero ustedes a cada rato dicen cosas inoportunas. Cada vez que habla un Fernández, la verdad es que uno tiembla. Siempre hablan provocando, calentando.

Yo no sé si realmente es su marido el malo de esta película, como dicen. No me hago eco de los ladridos a la luna que pueblan la Argentina. Pero admita que no tuvo usted sabios consejeros ni buenos alfiles. Ahí está la detención del señor De Angeli hace un par de sábados; no pudieron cometer torpeza mayor. Y los errores políticos se pagan. Siempre. Usted lo sabe, Señora. Rectifique a tiempo, entonces. Y sobre todo, tome decisiones urgentes. No puede ser que a esta altura de la crisis ustedes todavía no dicen ni una palabra de los minifundistas, que son el verdadero campo de este país y esos sí que están jodidos, Señora, disculpando la expresión.

Aunque sea por supervivencia política, usted debería anunciar una profunda reestructuración del gabinete. Cambie, Señora. Renueve, oxigene. En agricultura y ganadería, en transportes, en aduanas, en impuestos. Quizá también podría anunciar la creación de un Organismo Nacional de Granos y Carnes, y convocar al debate de un Plan Agrario proyectado a 30 años. ¿Qué tal replantear el Tren Bala como parte final de un Programa Nacional de Recuperación Ferroviaria? ¿Qué tal discutir un nuevo plan de coparticipación federal y de retenciones; anunciar la finalización de los superpoderes para 2009, y de una vez reconocer a la CTA, que es la organización obrera que le ha sido más leal y sin chantajes? Usted podría hacer muchas de estas cosas en las próximas horas. Y no hablar más de redistribuir riqueza, al menos mientras su gobierno siga favoreciendo a los grandes pools, las concentraciones económicas y los intereses menos distribuicionistas de este país.

Porque lo que se viene es bravo. Salga la ley que salga, quedarán afuera los campesinos verdaderamente pequeños, millones de seres humanos que fueron expulsados de sus provincias y hoy se hacinan en villas urbanas. Ellos no se interesaron en este conflicto porque son argentinos que padecen hambre, de-socupación, violencia, frío, inundaciones, explotación y hasta el robo de sus tierras, echadas a perder por abogados y glifosatos.

Se vienen otros debates de igual o mayor intensidad: la minería que destruye provincias enteras; los medios de comunicación; la renta financiera; y sobre todo una reforma impositiva para que paguen más los que más tienen y aliviarles el 21 por ciento de IVA a las clases populares, que de hecho pagan un impuesto a la pobreza. Esa sí que será redistribución en serio, Señora.

La vida en democracia es conflictividad en acción. Pero no sirven las polarizaciones. Ningún país serio puede crecer en manos de posiciones energúmenas, con piquetes, carpas, ocupaciones de rutas, calles, plazas y espacios públicos. Y menos cuando los sectores más reaccionarios de la Argentina están unidos: los Rodríguez Saá con Menem y Romero; Cecilia Pando y sus dinosaurios con el PCR y el “socialismo” sin votos; el macrismo y el lilismo con lo que queda de un partido radical que dolería a Alem y Sabattini. No sé si juntos pero sí revueltos, muchos de ellos van por más que esta ley. Van por usted, Señora. Porque perder en el Congreso puede ser el final de su gobierno. Mienten o yerran los que dicen que es sólo una batalla.

La Argentina está todavía en el primer día de la creación: siempre en obra y en crisis. Pero en estos 25 años de democracia crecimos muchísimo y, a pesar de sus infinitas falencias e insatisfacciones, es lo mejor que hicimos los argentinos. Baste recordar lo que era este país hace 30 años: una carnicería. No lo olvidamos. Pero que no lo rife su gobierno, Señora.

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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)