21.10.09

Noticias basura y noticias engaño (Por Pascual Serrano)


Desde hace más de 30 años se elabora en Estados Unidos un magnífico trabajo denominado Project Censored (Proyecto censurado). Mediante la colaboración entre profesores y alumnos de la Universidad de Sonoma State de California, cada año se publica un informe que recoge los 25 temas más importantes que fueron ignorados por la prensa corporativa de Estados Unidos, entre otras, las cadenas de televisión Fox News, ABC, CBS y CNN, y los grandes periódicos de la categoría de The New York Times y The Washington Post. Pero, además de esto, el documento, que salió a la venta en Estados Unidos el 30 de septiembre en forma de libro, incluye una encuesta con lo que sus autores denominan “noticias basura” y “noticias engaño”. Consiste en la exposición y denuncia de las noticias que protagonizaron la actualidad del último año en Estados Unidos y que han supuesto claros e insultantes ejemplos de temáticas frívolas e intrascendentes o de historias sobre asuntos importantes, pero presentados y abordados de forma falaz.

El criterio de estos analistas es que el estilo y formato de entretenimiento y simplificación que domina nuestros medios de comunicación ha convertido la información que recibimos en la versión periodística de la comida basura de un McDonald’s. Basta echar un vistazo a nuestras televisiones y periódicos para comprobar el tremendo espacio en tiempo y en papel que ocupan los asuntos triviales y las banalidades sensacionalistas, es decir, las “noticias basura”. Como ejemplo del caso español, podemos recordar que un reciente sondeo de Sigma Dos mostraba que las discusiones referentes a la ex mujer del torero Jesulín de Ubrique, Belén Esteban, y su esposa actual, María José Campanario, habían ocupado en España nada menos que 4.000 minutos de la parrilla televisiva veraniega o, lo que es lo mismo, cerca de tres días enteros monotemáticos. Como resultado, sólo un 2,2 % de los encuestados se pronuncia afirmando “no saber de la cuestión”, mientras que en los sondeos de opinión sobre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy los indecisos rondan el 10%. Este es un claro ejemplo de para qué sirven las “noticias basura”: para desviar la atención de las temas importantes. La situación es similar en Estados Unidos, donde los analistas de Proyecto censurado citan asuntos como el sobrepeso de la cantante y actriz Jessica Simpson, la felicidad maternopaterna de la pareja Brad Pitt-Angelina Jolie o el perrito de Obama, situados a la cabeza de la agenda informativa, mientras que, simultáneamente, sus tropas morían en Afganistán o Irak junto a miles de civiles, la tortura era práctica cotidiana, se eliminaba el habeas corpus a los ciudadanos estadounidenses o engordaba la burbuja financiera.

En España, el día que tuvo lugar el golpe de Estado en Honduras un periódico inauguraba en su página web una encuesta que preguntaba a sus lectores cuál es el mejor disco de Michael Jackson.
Pero tampoco debemos olvidar las “noticias engaño”. Es lo que pudimos leer en las primeras páginas de la prensa del día 19 de junio de 2004, que titulaba a toda plana: “Europa ya tiene Constitución”, sólo porque los jefes de Estado habían llegado a un acuerdo, pero sin que los ciudadanos todavía se hubieran pronunciado. Asimismo, los medios llevan cinco años anunciando la democracia, la reconstrucción, los derechos de la mujer y la celebración de elecciones en Afganistán, sin que ninguna de esas cosas haya sucedido. Lo único que ha aumentado en ese país es la corrupción, el cultivo de opio y la riqueza del entorno político de Karzai.

“Noticias engaño” son muchas de las procedentes de Colombia, donde su Gobierno dedica grandes esfuerzos y dinero para intoxicar los medios, con muy buen resultado en la prensa internacional. En marzo de 2006 la prensa española se hizo eco del anuncio hecho por Álvaro Uribe de que un frente íntegro de la guerrilla de las FARC se rendía y entregaba al ejército sus armas y… ¡un avión Turbo Aerocomander! En sólo dos días se descubrió la verdad: los supuestos guerrilleros eran delincuentes comunes que llevaban años presos y que, al prestarse a ese circo, lograban beneficios penitenciarios. El avión había sido incautado tres años antes a unos narcotraficantes. Esta última versión, verdadera y definitiva, nunca llegó a los medios españoles.

El resultado final de toda esta basura y engaño es que en Estados Unidos, poco antes de la invasión de Irak, el 51% de sus ciudadanos estaba convencido de que Sadam Hussein había participado “personalmente” en los atentados del 11-S. Y en España, los estudios del Real Instituto Elcano muestran que el 75% de los encuestados no sabe cuáles son los países donde hay destinadas tropas españolas, y el 45% responde “no sabe no contesta” a la pregunta sobre la diferencia entre el Tratado de Lisboa y la fallida Constitución Europea.

Otras veces es el ritmo trepidante el que provoca que se dediquen primeras páginas a unas elecciones y si el recuento no está en las primeras 24 horas deja de prestarse atención, como sucedió con las presidenciales afganas del 20 de agosto. Mes y medio después los enviados especiales vuelven a casa porque a los medios ya no les importa el resultado ni si hubo fraude o no.

Es indiscutible que se hace necesario algún tipo de control de calidad de los medios si queremos que la ciudadanía esté informada. El artículo 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) establece el derecho a “recibir informaciones y opiniones”, y, en el caso español, nuestra Constitución es la primera en Europa que recoge el derecho a recibir una información “veraz”. Es evidente que no se está cumpliendo.

Pascual Serrano

Periodista.

Autor de ‘Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo’

FUENTE: Domino Público


"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)