16.3.09

Producir la realidad (Por Eduardo Aliverti)




Las movidas ajedrecísticas en el tablero electoral pusieron una pausa de última hora que será solamente eso, una pausa, en el curso de una sociedad que a través de la acción multimediática ya venía en campaña desde el retorno veraniego. Las especulaciones, las críticas de unos y otros, las lupas más precisas sobre los candidatos potenciales, serán un suspiro al cabo del cual, salvo por un algún imprevisto, se volverá a unos escasos ejes temáticos que retomarán el dominio de la escena.
¿Qué cuenta hay que sacar cuando se habla nada más que de unos pocos temas muy puntuales? Sencillísimo: la de cuáles otros se ignoran. ¿Así de fácil? No, por lo visto o por lo que se intuye. Que cada quien conteste preguntas como las siguientes, que de tan elementales generan mucho pudor al formularlas. Y que se limitan a recorrer el tratamiento periodístico de esos temas.
¿Por qué será que no se lee ni escucha a experto alguno respecto de la ola de inseguridad que viven los porteños y los habitantes del conurbano bonaerense (demos por sentado que efectivamente pasa eso; o sea: no nos permitimos dudar ni por un instante de que estamos, en efecto, en el peor de los mundos)? ¿Por qué será que quienes lideran lo que dice sobre el punto la “opinión pública” -a sus anchas en la acepción de que eso es la suma de las opiniones que se publican- son Susana Giménez, Marcelo Tinelli, Sandro, Moria Casán, Mike Amigorena y, ¿caramba?, Luis Alberto Spinetta? ¿No hay ningún artista ni figura de renombre que piense lo contrario? ¿Ninguno? ¿Puede ser que absolutamente ninguno? ¿Puede ser que nadie, pero nadie, se acuerde de que durante los largos meses del pico conflictivo con “el campo” desaparecieron de los medios todos los asesinatos habidos y por haber? ¿Y es probable que tras haberse destapado la conexión entre laboratorios farmacéuticos y “ruta de la efedrina”, y entre mafias policiales y un ¿secuestro? resonante, la policía aparezca repentinamente como víctima casi principal del estado de las cosas? ¿Sí? ¿Es probable?

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¿Y es fehaciente como casualidad que el asentamiento de este clima denso, muy denso, se dé justo cuando por fin se decidió presentar el proyecto de una Ley de radio y televisión que acabe con la pornografía de estar regidos por la sancionada en la dictadura? ¿Es concebible que no haya un solo periodista, un solo intelectual, un solo analista, casi ni siquiera para disimular que hay alguito de honestidad profesional, capaz de rebatir técnicamente la propuesta? ¿Ni uno solo hay, como para que todo se remita a ponerle altoparlante a Gerardo Morales, Patricia Bullrich y Federico Pinedo, entre otros connotados especialistas en el área? ¿Ni uno solo hay en ninguno de los diarios, radios, canales abiertos, canales de cable, portales, de todos los medios de las grandes corporaciones? ¿Y es verosímil que se haya producido sólo por esas cosas de la vida la aparición del secretario del Episcopado, para afirmar que la corrupción está “institucionalizada”? ¿Justo ahora tiene el monseñor la ocurrencia de aparecer para decir eso?
El Gobierno también se cuenta, y vaya cómo, entre quienes no contribuyen a entender nada, haciéndole el juego a la des-conciencia. Un oficialismo que se autovictimiza cargándole a terceros, sin un gramo de autocrítica, la factura de los ataques que sufre. Lo que hizo Kirchner en Catamarca -sólo por tomar un dato de la coyuntura- es inenarrable, pero no porque lo sucedido en esa provincia vaya a ser decisorio respecto de nada en términos electorales. Es porque actúa como un angurriento coyuntural. Pierde de vista de vista que cualquier cálculo que haya sacado, como para aliarse con Saadi y Barrionuevo, debe medirse con cómo influye lo que hace no sólo hacia mediano plazo sino en torno de las grandes batallas conceptuales que se libran en el corto . Probablemente, su cuenta haya sido que ese acuerdo con semejantes impresentables le permitió subsistir en la repartija parlamentaria provincial; y que los muchos miles de votos perdidos en la escenografía nacional habrá de recuperarlos porque, finalmente, el voto progre le será fiel. Mentira. Los progres no son fieles en este país y la unión con esos mostrencos es susceptible de volcarlos hacia Carrió o cualquier opción de derecha “presentable”. Esa irreflexividad lo llevó a comerse con plus las portadas en contra, y en consecuencia a todas las radios y canales que obedecen a esas portadas. Supongamos que su matemática política le da que, de todas formas, los medios lo harán pelota. Y que por lo tanto, perdido por perdido, es mejor jugarse a todo o nada. Es válido, pero, ¿con quiénes se juega así? ¿A quiénes moviliza de su lado? ¿Con quiénes articula? Con nadie o muy pocos, parece, como no sea la construcción de un Gran Relato de “nosotros contra ellos” reposado en nada más que él y Cristina. Simplifiquemos: chocar contra Clarín y La Nación y la Sociedad Rural&Cía, más Susana y Tinelli y, encima, el espectacularismo mediático global de que se pudre todo, es respaldable a dos manos pero requiere de inteligencia, cuadros políticos y vocación movilizadora. ¿Se dedican a eso los K? ¿O sólo quieren protagonizar luchas de estrellato progre personal?
Pero bueno: ésa es una disquisición que viene dialécticamente paralela, o a posteriori, de si primero esta sociedad tiene claro que el ridículo debate sobre la pena de muerte no se lo puede conducir Cacho Castaña. De si entiende que asustarse y sufrir por los delitos no se arregla con salir a ajusticiar con sangre y fuego a cualquier morocho que ande por ahí. De que la policía es parte del problema y no de la solución, como elemento constitutivo de la represión de clase y de la corrupción que ignoran los obispos. Los medios han logrado legitimar un discurso, mediante el cual ocultan que, además o en lugar de reflejar la realidad, la producen. Lo hacen a través de una construcción de sentidos por la que, sin ir más lejos, uno mismo se pone a escribir para retrucar a esa bajada de línea hegemónica, que no es otra cosa que la lógica de la dominación porque los medios no son otra cosa que el poder mismo. ¿Cuántos y quiénes reparan en eso?

Hay un chiste que de tal no tiene nada, adjudicado a diversas fuentes según la navegación y recepción por Internet que cada quien escoja. Resulta que Evo Morales y Bush (a este último habría que cambiarle el nombre pero no el simbolismo) se quieren juntar a solas. Lo hacen en un bote en un lago sudamericano, pero los medios se enteran y miles de periodistas de todo el mundo se apostan en la orilla. Al Bush se le vuela el sombrero tejano y Evo salta del bote, camina sobre el agua, recupera el sombrero, vuelve -siempre caminando sobre el agua- y se lo entrega. ¿Qué titulan los diarios y los noticieros?: “Evo no sabe nadar”.

MARCA DE RADIO, sábado 14 de marzo de 2009.


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15.3.09

La "inseguridad": verdades, mentiras, manipulaciones, imbecilidades e hijoputeces varias...

De lo que menos querría hablar por estos días es del meneado tema de la "inseguridad". Pero lo voy a hacer de manera tal que me sirva como una especie de catarsis, como un exorcismo personal para eliminar de mi cabeza todo lo que de todas partes y de todas las maneras posibles intentan meterme dentro. Es una cuestión de salud mental, nada más (ni nada menos)

Ayer llegué a mi límite.

Hace ya más de un año que se puede decir que desterré a la televisión de mi vida. Si veo algo, es porque alguien de la familia lo encendió y algún reflejo condicionado me queda y hace que desvíe mi mirada hacia el siniestro aparato (pobre aparato, él no es responsable de los desquiciados que lo llenan de basura)
El año pasado nos llenaron la cabeza (y otras partes tanto o más sensibles que la cabeza) con el asunto de los gauchos sojeros versus el gobierno (aclaro que NO SÓLO la televisión, sino todo el espectro del autobombeado "periodismo independiente" y sus alrededores). Tanto me hartaron que como habrán podido observar quienes en su momento visitaban el blog más o menos seguido, llegué a sentirme sin ganas de continuar con el intento de ver, comentar e interesarme de las cuestiones políticas de éste país tan "sui generis", tan extraño. Tan perverso, muchas veces.

Desde hace un año (desde el tristemente célebre "mi voto es no positivo" del vicepresidente Cobos) que el tema central y casi único es la inseguridad en que vive "la gente" (refiriéndose, en general, a la población de una franja determinada de la geografía de éste país. En general, habitantes de la zona norte de la capital y del Gran Buenos Aires. Por las dudas aclaro que yo estoy viviendo en ésta última zona desde hace unos 3 años)
La televisión, como siempre, retomó las banderas de la inseguridad que había dejado olvidadas en algún cajón mientras se desarrolló el conflicto campestres/gobierno. Desde hace un año que nos bombardean con robos, asesinatos, secuestros, etc.
Lo que pretendo hoy no es negar que todo eso existe. Es real: hay robos, asesinatos, secuestros, etc... Pero es lo que hubo siempre, toda la vida...
La televisión (con canal 13, TN, C5N y América a la cabeza) saturan sus horas de aire con estos temas. Es más, nos dejan la sensación de que por día hay al menos 100 asesinatos, robos o secuestros. Es que cada noticia que dan sobre alguno de estos hechos son repetidos incesantemente durante todo el día. En los adelantos de los noticieros, antes de una pausa publicitaria, después de la pausa publicitaria y en el propio desarrollo del noticiero. Así, en una hora de noticiero, la misma noticia fue dicha al menos 15 veces.
Después llegan los programas "periodísticos" que vuelven a tocar el mismo tema. Hacen sesudos análisis, hablan con el padre, la madre, la hermanita, la suegra, los vecinos y los que no saben de qué viene la mano pero, como justo acertaron a pasar por donde estaba el notero del canal, se pararon a chusmear... y también da su version de algo que no vio ni sabía que había sucedido.
Una de las cosas más patéticas es ver a los familiares directos de alguna víctima, salir a declarar a la televisión minutos después de su "irreparable pérdida". No sé, será que yo no querría ver a nadie durante muchos días si me sucediera algo así... pero lo cierto es que no entiendo ese afán por tener unos minutos de cámara, aunque más no sea para dar lástima o para vociferar por la pena de muerte (no saben para quién, pero la piden casi automáticamente)
Esto que cuento es apenas la puntita del iceberg. Hay más, muchísimo más bombardeo mediático pero no quiero ser tan plomo como lo son ellos.
Otra cosa que ya no hago más es leer los diarios. Es un reflejo fiel de la televisión (de hecho, canales de televisión, diarios y radios suelen estar siempre en muy pocas manos)
El último bastión era la radio, donde de vez en cuando se podía encontrar algún programa que, aunque no fuera demasiado excelso en su contenido, al menos hablaban de otros temas.
Pues bien, ya no más (salvo honrosísimas excepciones)

Es así que podemos asistir a una sociedad totalmente paranoica, que ve asesinos y ladrones en cada baldosa. Algo así como les pasa a los norteamericanos con cualquier persona que pueda tener algún rasgo árabe o pseudo árabe.
Por supuesto que esa (esta) sociedad recoge y acoge el mensaje de los "medios independientes" y cacarea al unísono que hacen falta leyes más duras, que los delincuentes no entren por una puerta y salgan por la otra, que es imprescindible la pena de muerte, que está bien estar armado para defenderse y defender a su familia y que.... (Acotación: las leyes YA se endurecieron gracias a don Blumberg. Algunos delincuentes saldrán por otra puerta pero tal vez sea porque las cárceles ya están hasta el techo de presos. O sea que no todos los delincuentes están libres.)

Pero ahora se incorpora otro ingrediente al festín del morbo televisivo y social: los "famosos" que salen a decir sandeces...


Abrió el fuego (para estar a tono con el tema) la "diva" (?) Susana Giménez, famosa por tener un cerebro hueco, pero que es simpática (?) hablando por teléfono y por lo cual cobra suculentos cheques.
La gordita teñida dijo hace unos días, después que en un asalto mataran al que le preparaba los arreglos florales de su programa, salió a decir que "el que mata debe morir".
Sin ánimos de ser original, digo o pregunto: si el que mató debe morir, alguien debe matar al matador. Pero el matador, mató. Por lo tanto, también debe morir y, a su vez, éste último también debe morir a manos de alguien más... y éste, y el que siga y así hasta cuando?
Absurdo... y peligroso. Muy peligroso.
Porque aunque esta mujer no se caracterice por su "luces", es vista por mucha gente y nunca puede descartarse que haya alguien un poquito más descerebrado que el resto de sus televidentes y quiera llevar a cabo la filosofía justiciera de Susana.
Recuerdo casos de abuelos que terminaron matando por error a un nieto. O un hijo que mató, también por error, a su madre... y tantos otros que no recuerdo o que ni siquiera se los mencionan en la sacrosanta televisión.


Pero no quedó todo allí. Dos o tres días después (es decir, con tiempo para meditar un poco sobre lo que había dicho Susana Giménez) apareció el cantautor Cacho Castaña diciendo que apoyaba a Susana y que si le sucediera algo a alguien de su familia "saldría con una itaka a matar gente". No dice siquiera "a matar a los asesinos", dice "a matar gente", no importa a quién, aparentemente. La cuestión es saciar enseguida su sed de venganza matando al vecino, a la viejita de la vuelta o al nene morochito de la otra cuadra.


No podía quedarse atrás el fabricante de estupideces más importante de la TV: Marcelito Tinelli.
Impúdicamente salió a decir "Los delicuentes están libres y yo vivo preso en un country, entre rejas". Es una cachetada para la inmensa mayoría de la sociedad que no puede (aunque quisiera) vivir en un country, con todo un sistema de seguridad, con vigilantes día y noche y con todo el lujo que su lamentable performance televisiva le permite a éste señor.
"Acá te matan y nadie hace nada. ¿Hay que esperar que a uno lo maten para hacer justicia por mano propia?", siguió Tinelli.
Y la remató en otro momento con esta otra frase iluminada, digna de un intelectual como es él: "en este país nadie hace nada para mejorar la seguridad; salís a la calle y te asesinan”

A él, según creo, todavía no lo asesinaron. Yo salgo todos los días a la calle y aún no me asesinaron. Millones de personas salen todos los días a la calle y siguen vivitas y coleando... ¿No es una exageración inmensa decir lo que dijo? ¿No es azusar el miedo generalizado que el canal de televisión para el que trabaja (entre otros) se encarga de difundir y afianzar en la población?

Pero faltaba la frutilla del postre (al menos hasta ahora... Nunca se sabe qué otra barbaridad deberemos escuchar)
El último en salir a decir estupideces fue el hermanito de Susana Giménez, justamente. Patricio Giménez dijo, muy suelto de cuerpo, "repartamos paco hasta que se les queme la cabeza, así no salen a matar y robar".
¿Qué se puede decir de semejante imbécil? Nada. Él lo dijo todo por sí mismo.

Para terminar y no cansarlos a ustedes tanto como yo lo estoy con esta hijoputez de los Medios de Deformación Pública, quiero dejarles algunos números estadísticos para comprender de una vez por todas que nos manipulan constantemente desde el "periodismo independiente" en éste tema y ABSOLUTAMENTE EN TODOS LOS TEMAS.

Datos oficiales de la delincuencia (corroborados por varias encuestadoras privadas, entre ellas la Universidad Torcuato Di Tella)

El mayor índice de asesinatos en TODO el país fue en el año 2002, con 3400 crímenes (doy números redondos)
De allí en adelante, los asesinatos fueron bajando año a año.
En el 2007 se registraron 2070 asesinatos en TODO el país y para el 2008 (aún no están los números definitivos) se considera que es igual o similar al 2007.
Sí existe un alto porcentaje de delitos (incluye todo tipo de delitos, hasta el simple robo de algo de poco valor). El porcentaje es del 29,4 %.
Delitos con violencia, 14 % (no necesariamente asesinatos)

El promedio de asesinatos del total del país es de 5 cada 100.000 habitantes.
El mismo promedio, pero en toda Latinoamérica es de 25 cada 100.000 habitantes. Y en Río de Janeiro es de 48 asesinatos cada 100.000 habitantes.
Estamos muy lejos de ser un lugar parecido a Bagdad, como nos quieren vender Susanita, Marcelito y demás...

Para terminar, me pregunto (inspirándome en la editorial de Eduardo Aliverti de hoy):

Para los medios de (des)información pública, ¿no hay nadie que opine diferente a todos los que invariablemente pueblan las pantallas de los televisores, el aire de las radios y las páginas de los diarios? ¿NADIE? Poco creíble, ¿verdad? Pero bueno, eso debe ser la realidad ya que en la televisión no aparecen...

¿Será casualidad que se bombardee tanto con éste tema justo cuando se está por discutir la nueva Ley de Medios? Una ley que pondría límites a los mismos multimedios que manipulan todo y a todos y que están regidos por una ley de la dictadura. La misma ley que les permitió llegar a ser los inmensos pulpos que hoy son, como el Grupo Clarín, por ejemplo.

Durante el conflicto con el campo...¿No hubo robos, asesinatos o secuestros? Parece que mágicamente desaparecieron de la faz de la tierra durante (casualmente) ese mismo período.

Esto es meramente un resúmen de todo lo que alcanzo a ver y de lo que hizo que se me agotara la paciencia con esta "raza superior" de los periodistas.


Medios de comunicación independientes.
Qué risa que me da... Tanta, pero tanta risa...

que me dan ganas de llorar...!!!


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23.1.09

Bolivia rompe relaciones diplomáticas con Israel

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Dos presidentes del llamado "Tercer Mundo", "países en vías de desarrollo", han dado una muestra de dignidad y valentía al "Primer Mundo", al mundo.

La semana pasada fue el Gobierno Bolivariano de Venezuela y ayer, durante el VII Congreso de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), el Presidente de Bolivia Evo Morales dijo: "Quiero aprovechar esta oportunidad para expresar junto a ustedes mi solidaridad con el pueblo palestino; lamentablemente, bajo el dominio del imperio norteamericano, humillan a Palestina". "Yo siento que no es un consejo de seguridad de Naciones Unidas más bien es un consejo de inseguridad. ¿Dónde está Naciones Unidas para defender a Palestina?. Lo que yo siento es que no es unas Naciones Unidas para los pueblos del mundo, es unas Naciones Unidas para el imperio norteamericano y no queremos Naciones Unidas para el imperio norteamericano".
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Hizo un llamamiento a los "pueblos del mundo, a países, a comandantes, a presidentes, a gobiernos, a partidos que quieren liberarse del imperio (...) hacer nuevas Naciones Unidas para los pueblos del mundo y acabar con esas Naciones Unidas que están bajo el dominio del imperialismo norteamericano".

Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com


Después de que el gobierno venezolano cortara relaciones diplomáticas con Israel la semana pasada, Bolivia anunció hoy (14) la cancelación de relaciones con aquel país, por el mismo motivo: la masacre de palestinos en la Franja de Gaza. La ofensiva israelí ya mató cerca de mil palestinos y dejó por lo menos 4.500 heridos. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon pidió hoy, en rueda de prensa en Egipto, el fin inmediato de los ataques de Israel al territorio palestino.

El gobierno de Bolivia también decidió presentar una denuncia ante el Tribunal Penal Internacional sobre el genocidio practicado por Israel contra la población civil de Gaza. El presidente Evo Morales afirmó que los crímenes de Israel afectan la estabilidad y la paz mundial y traen de vuelta el recuerdo de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Segunda Guerra Mundial y en los genocidios realizados en Yugoslavia y Ruanda. Mañana (15), organizaciones bolivianas participan de un acto público en la Plaza San Francisco en apoyo a la resistencia Palestina.

En rueda de prensa concedida después de una reunión con el Ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Ahmed Abul Gheit, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon dijo tener un compromiso total para conseguir un cese del fuego inmediato y que hará todo lo que esté a su alcance para conseguirlo. El Secretario General afirmó además no sentirse seguro para visitar la Franja de Gaza, pero que va a conversar con funcionarios de la ONU que se encuentran en el lugar.

Ban Ki-moon declaró que todos los miembros de la ONU tienen la obligación de cumplir las resoluciones de la Organización, refiriéndose a la resolución, aprobada el día 8 de enero, por el Consejo de Seguridad del órgano, que pedía con urgencia un cese del fuego en la región y la retirada de las fuerzas israelíes del territorio palestino. Ban resaltó que va a entrar en contacto con líderes israelíes para presionar por el fin del conflicto.

La organización Save the Children continúa denunciando la situación de crisis humanitaria en la Franja de Gaza. La institución estima que la población local necesita ocho veces más ayuda de lo que está recibiendo en lo que respecta a comida y medicamentos. La ONG califica la situación de lamentable. Según la organización, el cese del fuego de tres horas para la entrada de ayuda humanitaria es inadecuado y está dificultando los esfuerzos humanitarios.
De acuerdo con estimaciones de Save the Children, por lo menos 7.200 camiones deberían haber entrado en Gaza para asegurar que la población tenga un mínimo de alimentos, combustible y medicamentos. Sólo a 900 camiones les fue permitida la entrada desde el comienzo del conflicto, según el Gobierno de Israel. La ONG afirma que, antes del conflicto, más de un millón de personas en Gaza, de las cuales más de la mitad son niños, ya dependían de ayuda humanitaria.




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Las ruinas de Gaza: La nueva verdad revelada

Parte de Guerra XII -
La estrategia del silencio
Las ruinas de Gaza: La nueva verdad revelada



Miércoles 21 de Enero,
Informe especial
IAR Noticias




Para Israel y los judíos universales, después de la masacre militar, el mundo sigue andando. El secreto, es el "silencio": seguir la vida como si nada. La dirigencia, la sociedad israelí y las comunidades judías del mundo siguen la misma dinámica de las potencias y de la prensa imperial: Gaza nunca existió.

La matanza de miles de niños, mujeres y hombres palestinos, la destrucción de un país empobrecido, martirizado y en catástrofe humanitaria, fue solo una anécdota.

A diferencia de la derrota en el Líbano, esta vez no hay críticas ni autocríticas: El aparato militar israelí salió de casa, mató seres humanos durante 22 días consecutivos, y volvió a su rutina habitual como si hubiera estado de vacaciones.

Los pilotos judíos que arrojaron bombas de racimo y fósforo blanco sobre niños, mujeres y ancianos, regresaron a su rutina diaria, a sus familias y a sus hijos, casi sin despeinarse.

Sin comentarios: Los cadáveres de Gaza son etéreos y ni siguieran pesan sobre las conciencias.

Esta vez la estrategia parece ser "en boca cerrada no entran moscas". Y la dinámica parece extenderse a las potencias sionistas "protectoras" que ahora andan preocupadas por la "reconstrucción" de Gaza y por un nuevo "proceso de paz".

Por supuesto, que no incluya a Hamás ni al resto de las organizaciones de la resistencia que quedaron maltrechas pero en pie y sin renunciar a la guerra contra el invasor.

La consigna parece ser: Si hay muertos que no se noten, y si hay derrota que pase lo más desapercibida posible.

Israel perdió la guerra por una razón sencilla: Después de asesinar y masacrar a civiles indefensos durante 22 días consecutivos, no consiguió los dos objetivos centrales de la operación militar de exterminio: Descabezar a Hamás y terminar con los arsenales y cohetes de la resistencia palestina.

El martes, mientras asumía Obama en USA, los aviones judíos volvieron a matar en el sur de Gaza para tratar de acallar a los cohetes y morteros palestinos que siguen disparando contra Israel.

El Estado judío no solamente tiene un problema inconcluso con la resistencia palestina, sino que ahora se le agrega otro: Explicarle al mundo que quiere decir la palabra Holocausto.

Sería interesante que los intelectuales judíos, tanto "progresistas" como de "derecha", redefinieran el concepto filosófico y funcional de las palabras "campo de concentración" o "genocidio", así la reinscribimos en Wikipedia para que el resto del planeta se entere donde está el "bien" y donde está el "mal" en la era de las computadoras.

Sería bueno que los intelectuales judíos redefinan a Hitler y a la ideología del nazismo para que tengamos un marco referencial con que juzgar los 22 días de masacre de los aviones israelíes en Gaza.

La estrategia parece ser el silencio. Y la reinvención de las denuncias de "campañas antisemitas" en el mundo con que las que el aparato de inteligencia israelí intenta neutralizar las críticas y las reacciones a la masacre y destrucción en Gaza.

Ante el nuevo cuadro, se hace cada vez más difícil vender la "victimización" histórica. Los F16, los helicópteros Apache y las bombas de racimo se hacen cada vez más incompatibles con la leyenda del "pueblo perseguido".

Los martirios de Gaza y de Libano ya sientan jurisprudencia histórica sobre la "sensibilidad pacifista" del Estado de Israel. En este escenario, se hace cada vez más difícil separar la palabra "sionismo" de la palabra "judío".

Demasiadas coincidencias, demasiados puntos referenciales, demasiada omisión y apoyo a la masacre de Gaza, tornan cada vez más difícil separar a Israel de sus hijos diseminados por el mundo.

Este miércoles, ni Israel ni los judíos hacen autocrítica sobre las ruinas de Gaza. Mientras Hollywood y la prensa internacional hacen "historia" con la nueva sangre imperial color negro de Obama, los habitantes de Gaza y las organizaciones humanitarias internacionales observaban el paisaje apocalíptico de las destrucción silenciada.

Decenas de miles de casas y edificios convertidos en escombros, la casi totalidad de la infraestructura administrativa de gobierno destruida, centenares de mezquitas pulverizadas, vidrios estallados por todos lados, el comercio y la actividad económica paralizados, negocios, escuelas, hospitales, destruidos o semidestruidos, con las huellas de los misiles o de las bombas israelíes marcadas con identidad indeleble.

"Gaza a es una ciudad devastada donde parece que hubo un terremoto", sintetizó un corresponsal de la BCC.

En la Franja de 360 km2 donde se amontonan un millón y medio de palestinos dentro de un régimen de apartheid, sus habitantes carecen de todo: Ya casi no hay luz por falta de combustible, la poca comida que queda sólo se la encuentra en los raleados depósitos de la ONU y de las organizaciones humanitarias que fueron blanco de las bombas israelíes.

Según la Cruz Roja, los hospitales, las morgues y los cementerios se encuentran colapsados, y los muertos se entierran en las tumbas de otros muertos. Y están los "efectos colaterales": Aguas contaminadas, desechos orgánicos en descomposición (incluidos los cadáveres) que ya amenazan con focos generalizados de epidemia y enfermedades, según las organizaciones médicas.

El último balance de los servicios de salud palestinos, cifra la cantidad de víctimas en 1.415 muertos palestinos y casi 6000 heridos, la mayoría con mutilaciones de difícil recuperación. Según un ultimo informe de la ONU, murieron casi 400 niños, 1200 fueron heridos, y hay más de 230 mujeres entre las víctimas fatales. Las autoridades de Gaza habían cifrado el sábado los daños en el territorio palestino en US$ 1.900 millones.

Las agencias humanitarias de la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) se mostraron el martes absolutamente impactadas por la situación. "Nuestros colegas sobre el terreno nos han transmitido la indescriptible, insoportable devastación que ha sufrido la Franja de Gaza, la situación es absolutamente terrorífica", señaló a la prensa el martes la portavoz del CICR, Dorothea Krimitsas.

El director del programa sanitario de la Agencia para los refugiados palestinos (UNRWA) y representante especial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los territorios palestinos, Guido Sabatinelli, describió la situación "como si hubiera habido un terremoto".

Pero no hubo un terremoto: Hubo un bombardeo militar sistemático, continuado, programado como una pieza de relojería, durante 22 días consecutivos, por parte de aviones, buques, tanques y baterías terrestres que convirtieron a Gaza en una llamarada multicolor (como de festejo navideño) que sembraba escombros y cadáveres durante las 24 horas.

En Gaza, como coinciden en afirmar observadores y corresponsales, hubo un Apocalipsis, pero el Apocalipsis no vino de la ira de Dios sino de la ira del Estado judío.

Y una cifra ilustra la desproporción de la masacre: Durante toda la operación militar murieron 10 soldados israelíes, tres civiles, y no fue destruido ningún tanque o máquina de matar israelí.

Para el día después, para el regreso sin gloria de los exterminadores de Gaza, Israel y los judíos del mundo eligieron el silencio.

Sería bueno que lo rompieran, por lo menos para explicarnos nuevamente la filosofía existencial de la "raza perseguida".

La contrainformación ya estalló: En el Medio Oriente queda poco espacio para vender otra cosa que no sea la verdad revelada por los hechos. Ahí está Gaza, la nueva verdad revelada por 22 días continuados de masacre israelí.




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5.12.08

Los anuncios de la presidenta (Por Claudio Lozano)



El nivel de demanda se sostiene atendiendo la emergencia social / bajo el rótulo de repatriación de capitales, lo que en la práctica se está haciendo es premiar a quienes fugaron.


Resulta absolutamente razonable, frente a la situación de crisis mundial, poner en el centro en sostenimiento de la producción y del nivel de la actividad. Pero esto debe hacerse sin olvidar la experiencia reciente de la Argentina, que nos brinda dos enseñanzas concretas:

La primera es que, efectivamente, la Argentina ha crecido durante los últimos años. Pero, dadas las condiciones de desigualdad bajo las cuáles lo ha hecho, sigue teniendo hoy entre 11 y 13 millones de personas pobres, según quién mida. Situación que, como tendería a agravarse en un escenario de menor crecimiento a futuro, obligaría a asumir una estrategia de transferencia de ingresos hacia los hogares más postergados, con el doble objetivo de atender la emergencia social y, a la vez, sostener el consumo en el mercado interno. Sobre esto, en las definiciones presidenciales no ha habido nada.

La segunda enseñanza de la Argentina es que los subsidios a los empresarios no han dado como resultado ni mayor ni mejor nivel de inversión. Por lo tanto, cualquier estrategia que implique mayores subsidios al sector empresario debiera ser muy precisa respecto a los objetivos que se buscan y a las garantías que se tienen de lograrlo.

En este marco, las tres definiciones planteadas por la Presidenta de la nación merecen el siguiente análisis:

1 – bajo el rótulo de repatriación de capitales, lo que en la práctica se está haciendo es premiar a quienes fugaron. En un contexto en el que, en lo que va del año, se han fugado del país u$a 20.000 millones, no parece ser esta la mejor alternativa. Lo que el Gobierno debiera estar discutiendo es cómo mejora las regulaciones financieras y cambiarias; cómo elimina privilegios que hoy detentan empresas petroleras y mineras y que les permiten dejar dólares en el exterior por las exportaciones que realicen. En definitiva, lo que la Argentina debiera estar discutiendo es cómo recupera el control sobre la oferta de divisas y no cómo premia la fuga.

2 – Respecto a aliviar la deuda fiscal de las pymes en tanto blanqueen a sus trabajadores – medida que parece razonable-, la experiencia también arroja dudas sobre su posible eficacia. No está claro por qué razón una pyme, que no blanqueó durante los últimos cinco años de crecimiento económico, vaya a hacerlo ahora cuando la perspectiva en materia de actividad es menos promisoria y cuando tampoco se propone una estrategia integral para esta franja de empresas (crédito, defensa del mercado menor carga impositiva, etc.).

3 – En cuanto al tercer anuncio de promoción del empleo registrado, sobre la base de reducir las contribuciones patronales en el primer año, la experiencia histórica indica que la generación de empleo nuevo depende, dominantemente, del nivel de activad y demanda antes que de la reducción del costo laboral.

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29.11.08

Conductas en la crisis de débiles, poderosos y chantajistas (Por Raúl Dellatorre)

Si la CGT se viera hoy a sí misma nada más que como una organización que disputa espacios internos en el sindicalismo con otra central, estaría cometiendo un grave error. Si alguien supusiera que la puja es entre “moyanismo” y “kirchnerismo” tan sólo por una pulseada dentro del justicialismo, correría el mismo riesgo de equivocarse. Es imposible, casi irresponsable, no ver cada planteo político que se haga en estos días dentro del contexto de una crisis global del capitalismo, sistema dominante. Crisis que impacta en todo el mundo y que en Argentina está tomando el color que le da la reacción de empresarios poderosos pero asustados, en el mejor de los casos. En otros, habría que hablar directamente de un chantaje de grupos económicos sobre el Estado y sobre los gremios: al primero, para sacarle subsidios que recompongan sus tasas de ganancia. A los últimos, para frenar las demandas salariales que hasta hace pocas semanas eran carta de negociación, hoy transformadas en reclamos en defensa de los puestos de trabajo. El planteo no es cómo evitar la crisis, porque ya está entre nosotros. La cuestión es cómo entenderse con ella, y cómo evitar que los poderosos –de adentro y de afuera– no les hagan pagar los platos rotos a los más débiles.

El empleo pasó a ser el eslabón débil de la lucha sindical. La amenaza directa de despidos, como método tradicional de ajuste empresario, fue respondida por la CGT con un reclamo de doble o triple indemnización. Encarecer una práctica o ejercicio (el despido) es una forma de mercado de hacerla menos apetecible para quien deba pagarla (el empleador). El problema es que, en ésta como en muchas otras situaciones, la cosa no se resuelve con las reglas de la competencia perfecta, sino por una puja de intereses. Si Citigroup decide, en Nueva York, despedir a 50 mil empleados, y si resolviera que una cuota de ese sacrificio le corresponda a la filial argentina, ¿cambiará en algo esa decisión que la indemnización sea simple, doble o triple? Pensemos el mismo interrogante si se tratase de General Motors resolviendo un brutal ajuste desde Detroit, o a cualquier otra multi en su respectivo comando central. La respuesta no variará cualquiera sea el rubro.

Está claro que no todos los empleadores son multinacionales. De hecho, todavía las pymes –cada vez en menor proporción– son el mayor sector empleador de la economía. Pero, cuanto más independientes, más ahogadas económicamente, y tampoco en estos casos la decisión del despido se toma por un análisis marginal de costo/beneficio entre cuánto se paga de indemnización por despido y cuánto se paga por mantener el personal. En estos casos, cuando se decide el despido, es porque la pyme viene para atrás y no hay posibilidades de frenar el proceso en lo inmediato. Si la indemnización es doble o triple, será mayor la deuda que se bicicleteará para pagar o negociar algún día, si la cosa mejora, o nunca si todo va mal.

El espectro se completa con los trabajadores precarizados, tercerizados con patrón invisible, temporarios, eventuales o informales (con trabajo permanente pero no reconocidos por el empleador: en negro con varios años de antigüedad en ese estado). No sólo no tienen reconocimiento automático de indemnización de parte del empleador (sí derechos a cobrarla), sino que además son el primer eslabón de la cadena que se corta. Si protestan por el despido, el destino más probable es un juicio individual por la indemnización, pero extrañamente la reincorporación. La “doble” o la “triple” podrá mejorar lo que cobren a futuro con el juicio, pero difícilmente condicione la decisión de despedir al momento de la crisis.

Sintetizando: la doble o triple indemnización por despido podrá tener otros méritos, pero no el de disuadir la decisión patronal de despedir. Y en particular, cuando el motivo es una crisis generalizada y no un cambio de precios relativos –un insumo, un impuesto– que, simplemente, obliga a recalcular costos para decidir, desde el punto de vista empresario, cuál conviene ajustar.

Es una etapa de luchas defensivas, pero también de elección de formas de lucha que se conecten con el eje de la pelea: un nuevo modelo económico y social. El que se impuso hasta acá entró en crisis. Ya no hay acumulación posible, y perdurable, en base a la renta especulativa por sí misma, desvinculada de la economía real, de la creación de riqueza por medio de la producción. En medio de esta crisis, paradójicamente, el trabajo debería volver a ocupar un espacio protagónico, en vez de ser marginado. Ir hacia el planteo de cobrar más a cambio de perder el empleo puede resultar la peor opción táctica: es entregar lo más preciado aceptando la lógica del modelo desfalleciente, es decir, cobrándolo caro. Una opción distinta sería pelearle a la crisis cuestionando el modelo actual y proponiendo una transformación de fondo.

Dentro de la vereda empresaria, el comportamiento podría caracterizarse, cuanto menos, de mezquino. Eligieron el lugar de víctimas para anotarse en la cola de reparto de beneficios, antes que asumir una posición de liderazgo frente a la crisis del modelo. Un empresariado que ni es burguesía ni es nacional eligió escupir contra el viento: con su conducta reprodujo internamente la crisis cuando aún no había llegado, les metió miedo a los consumidores de altos ingresos que contrajeron sus gastos y terminó afectando sus propias posibilidades de ventas. Ahora pretende que el Gobierno les compense las pérdidas. Una lógica que, por vieja y repetida, no es menos perversa.

Para el Gobierno, por ahora, son todas presiones. De las centrales sindicales, de las cúpulas empresarias, de los países centrales que lo conminan a no ejercer políticas proteccionistas excesivas. Lo que no debería perderse de vista es que las respuestas desde el mundo industrializado no brillan por su efectividad. Se han centrado en megasalvatajes de bancos primero, y ahora de grandes emporios industriales. El objeto del salvataje han sido en ambos casos las corporaciones. En Argentina, en cambio, hasta ahora el único cambio estructural fue un audaz golpe de timón recuperando para el Estado el manejo de los recursos previsionales. La situación reclama más medidas transformadoras y audaces. Sin perder de vista que el objeto del salvataje debe ser el pueblo, el trabajador, el jubilado. No eran éstos los beneficiarios del régimen de jubilación privada. De la doble o triple indemnización, tampoco.



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Izquierda, discriminación y seguridad (Por José Natanson)

Ni la discriminación ni la cuestión de las minorías formaban parte de la agenda clásica de la izquierda. En 1961, el gobierno de Fidel Castro lanzó una serie de redadas en La Habana con el objetivo de detener a prostitutas y homosexuales, que, con el argumento de que no podían formar parte de las fuerzas armadas y participar en la defensa militar contra el imperio, fueron confinados a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Para ello, el gobierno revolucionario se amparaba en la “Ley de ostentación homosexual”, que recién fue derogada del Código Penal en 1988.

En 1983, el gobierno sandinista de Daniel Ortega ordenó la relocalización autoritaria de las comunidades de indígenas miskitos de la orilla del hermoso río Coco bajo la acusación de que colaboraban con la contra, lo que le generó serias denuncias de matanzas y hasta un proceso por genocidio. Por su parte, la Revolución Nacional Boliviana de 1952, que algunos califican como la más radical del siglo XX sudamericano, encaró un proyecto de homogeneización mestiza dentro del cual la cuestión indígena no ocupaba un lugar.

Y no es que los viejos comandantes ignoraran estas cuestiones, sino que se amparaban en la idea de que la igualación económica acabaría automáticamente con todas las demás inequidades, un supuesto que se fue disolviendo con los años. Fueron sobre todo la globalización y la redemocratización las que introdujeron en las anquilosadas agendas izquierdistas la cuestión de la interseccionalidad de las discriminaciones, la idea de que las diferencias sociales, de género, raza y etnia no son excluyentes, sino que, por el contrario, se retroalimentan unas a otras, y que para acabar con una es necesario atacarlas a todas.
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Hoy prácticamente todos los gobiernos han incorporado el tema de las minorías cualitativas (mujeres, indígenas en los países andinos) o cuantitativas (indígenas en el Cono Sur, minorías sexuales) a sus repertorios de políticas públicas. Uno de los esfuerzos más importantes en este sentido fue la decisión de Lula de crear la Secretaría Especial de Política de Promoción de la Igualdad Racial (Seppir), que busca, como la Secretaría de la Mujer, transversalizar los criterios de equidad racial a la totalidad de las políticas de Estado.

Como parte de las corrientes que ponen el foco en el carácter mutuamente potenciador de las discriminaciones, la segregación residencial ha ido cobrando una importancia cada vez mayor en las investigaciones sociales y económicas. Por ejemplo, estudios realizados por Luiz César Queiroz Ribeiro para el Observatorio de las Metrópolis de Brasil demuestran que trabajadores de baja escolaridad, el mismo origen social y similar color de piel –es decir, los atributos que suelen incidir en la definición de los salarios– ganan menos si viven en una favela que en un barrio cualquiera. El porcentaje es 14 ciento menor en Río de Janeiro, 19 por ciento menor en San Pablo y 21 por ciento en Belo Horizonte.

Vivir en una favela o en una villa dificulta la creación de lazos sociales o laborales con personas situadas fuera de estos territorios y complica la movilidad por los altos costos de transporte. Pero, además, la estigmatización por lugar de residencia opera negativamente sobre sus habitantes, que se ven obligados a mentir sobre la localización de su hogar, por ejemplo a la hora de buscar trabajo. “Esto afianza la percepción, falsa pero muy extendida, de que los problemas que aquejan a las favelas y periferias tienen que ver con las características propias de estos lugares y no con la organización general de la ciudad”, escribió Queiroz Ribeiro en la última edición de Le Monde Diplomatique Brasil.

En suma, la discriminación residencial refuerza las diferencias de origen social, nivel educativo o color de piel. Y por eso resultan especialmente desafortunadas las declaraciones del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, acerca de las villas como “aguantaderos”, “lugares de alta peligrosidad”, en muchos casos “inaccesibles para la policía” en los que los delincuentes “tienen condiciones para poder refugiarse”. La discriminación que sufren sus habitantes y el trato brutal por parte de las fuerzas de seguridad difícilmente mejorarán si la respuesta de la máxima autoridad política se limita a eso. Porque aunque Scioli habló también de la necesidad de urbanizar las villas, abrir calles y poner luces, una estrategia obviamente progresista de inclusión social, lo cierto es que la idea existe desde siempre y nunca termina de concretarse, sencillamente porque las villas no son un problema de organización urbana, sino la cara visible de tendencias sociales y económicas mucho más profundas (y difíciles de resolver, por supuesto).

Las declaraciones del gobernador avanzaron también sobre el delicado tema de la baja de la edad de imputabilidad, con el argumento de que dio buenos resultados en Brasil y México, aunque cabe preguntarse exactamente a qué se refiere Scioli con progresos en estos dos países, que se encuentran entre los más peligrosos y violentos del continente. En cuanto a Uruguay, el otro caso mencionado, es cierto que la situación es comparativamente buena, pero atribuible menos a las reformas penales que a la historia de cohesión social que caracteriza a esta pequeña nación de clase media. Es hasta cansador volver sobre los argumentos y tal vez sea mejor recurrir a un simple cuadrito de doble entrada (ver cuadro).

La política de seguridad de la provincia de Buenos Aires ha sido una de las más erráticas y peligrosas de todas las implementadas desde el retorno de la democracia, como revela el simple recuento de los ministros: de León Arslanian a Carlos Ruckauf, pasando por Juan Pablo Cafiero, para volver de nuevo a Arslanian, hasta llegar a Carlos Stornelli, expresión del complejo policial-judicial e integrante de un gabinete ecléctico y contradictorio.

Pero quizá la responsabilidad no haya que ponerla en Scioli, que durante la campaña electoral fue deliberadamente ambiguo en este tema, sino en la dificultad de las corrientes progresistas para elaborar una respuesta consistente al problema y sostenerla políticamente, en una reedición de la táctica del avestruz de los ’80. En aquel momento, cuando la crisis de inflación y deuda externa acabó con el modelo de sustitución de importaciones y arrasó con la popularidad de los primeros presidentes posautoritarios, la izquierda no logró construir una respuesta económica sólida, que finalmente llegó por derecha, vía ajuste neoliberal y Consenso de Washington.

Durante años, el progresismo prefirió esquivar el tema de la seguridad, un poco como resultado de un diagnóstico simplista (considerar a la inseguridad como un subproducto automático de la pobreza), otro poco por el rechazo a utilizar la represión legítima generado por las dictaduras, o simplemente por pereza. Mientras tanto, se fue construyendo una respuesta, ciertamente equivocada, pero respuesta al fin: más policías, más penas, más cárceles. Una década de neoliberalismo fue el resultado fatal de la debilidad de las alternativas progresistas a la crisis de la deuda. No es tan difícil prever qué ocurrirá con la inseguridad.



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El tamaño del paso (Por Eduardo Aliverti)

¿Es lo mismo el carácter histórico de un fallo judicial que su trascendencia política?

No parece haberse profundizado en la diferencia entre una cosa y la otra tras el dictamen de la Corte Suprema sobre libertad sindical. Está fuera de duda lo relevante de que elegir un delegado no sea patrimonio exclusivo de las organizaciones gremiales reconocidas por ley. Como en toda instancia de este tipo, después viene la discusión acerca de cómo se consuma. Si apenas en las empresas estatales o si también en las privadas. Pero es la Corte. La que marca la cancha, nada menos, y de allí el revuelo que se armó. Sin embargo, se ve como necesario recordar que los jugadores no los pone la Justicia ni ningún otro actor institucional. Los ubica el realismo según la dinámica de la confrontación política, y los tiempos que esa realidad determina son infinitamente más ejecutivos y veloces que un expediente. Sólo por seleccionar entre una multitud de ejemplos, meses antes de corralito y corralón el Congreso había sancionado que los depósitos bancarios eran intocables. Y reconocimientos igualmente cortesanos sobre derechos de trabajadores y jubilados terminaron al arbitrio de la razón del más fuerte, con pagos en bonos hasta más ver.
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Por supuesto, disponer de una arquitectura normativa que asegure inmunidades es una condición muy importante para poder hacer tranquilo la política: es el modo en que la clase dominante resguarda su disfraz democrático. A lo largo de los ’90, el alud menemista de remate del Estado, privatizaciones, desprotección de los trabajadores, manipulación numérica de la Corte, se amparó en el andamiaje legalista que los liberales denominan “seguridad jurídica”. Sirvió para que su ofensiva dispusiera de un paraguas permisivo, pero no fue eso lo que determinó su éxito. Fue un clima de época, el apoyo popular, una oposición desguarnecida y, cómo no, la complicidad de los capitostes sindicales. La licitud fue un aporte de impunidad a esos factores principales, y en verdad siempre lo es porque opera como efecto y no como causa de las relaciones de poder. Es el imperio de los hechos lo que estipula si los reglamentos responden a un escenario real o a una abstracción. Para el caso, que vayan a aumentar las comisiones de delegados puede nacer, por cierto, desde la confianza de los trabajadores en una legislación renovada que les dé garantías protectoras. Pero su verdadera eficacia no estará dada por eso, sino por la conciencia de esos mismos trabajadores en cuanto a su lucidez política y disposición de lucha.

Visto desde una perspectiva progresista, que los gordos de la CGT estén entre alertas y furiosos por el fallo de la Corte habla de una noticia que debe ser bienvenida (aunque debe tenerse la prevención de no caer en una mirada gorila que se satisface por ese solo motivo: en silencio, el establishment más bien festeja la noticia porque colige que puede acentuar la fragmentación sindical). La medida podría afectarles los feudos porque un eventual crecimiento del número de sindicatos y centrales reconocidos mermaría la recaudación de sus cajas cautivas. O porque también podrían aumentar los habilitados para discutir salarios y convenciones colectivas. Pero puede haber la equivocación de inferir que, a partir de ahí, el camino queda casi definitivamente allanado para avanzar en una mejor defensa de los intereses de la clase trabajadora. Eso no se resuelve en la Justicia. Se lo hace en la correlación de fuerzas entre los unos y los otros, y no en la letra de una ley o sentencia jurídica. En los gestos y la determinación que adopte el Gobierno para mostrar su deseo firme, y no sólo declamado, de promover a nuevos actores sociales que impliquen apostar al bueno por conocer y no al malo conocido. En tomar nota de que, al fin y al cabo y en la mejor hipótesis, estamos hablando de la muy minoritaria porción de sindicalizados preferentemente en grandes empresas, públicas o privadas, mientras la mayoría está encerrada entre el negreo y el empleo precario (aspecto que, de vuelta, queda afuera del debate). En definitiva: en el registro de que alentar un cambio sustantivo de la influencia de los trabajadores, con más y mejores dirigentes, se estimula afectando el interés de los sectores del privilegio entre los cuales se cuentan, precisamente, las viejas guardias sindicales.

Según todo lo indica, lo fallado por la Corte dejó en el kirchnerismo mucho más disgusto, o preocupación, que complacencia. A más de que las declaraciones de los funcionarios consistieron en apartarse del asunto, superpuesto con el fallo le pegaron una patada al superintendente del servicio de Salud y lo reemplazaron con un hombre muy cercano a Hugo Moyano, a pesar de que pudiera no ser el candidato de éste y de que cuenta con el aval de Graciela Ocaña. Es cierto que la imagen que pesaba sobre el desplazado Héctor Capaccioli por su manejo de fondos ya no daba para más, tanto como su enfrentamiento con la ministra. Pero es muy difícil no relacionar lo decidido con el golpe acusado por la CGT tras el veredicto de la Corte. Los burócratas cegetistas son interpretados como indispensables para aplacar la conflictividad social, que encima aparece azuzada por el influjo de la crisis económica mundial; y llovido sobre mojado, se viene un año de elecciones nacionales. La apuesta oficial es antes por el control que por la fuga hacia delante. Y es así que sigue sin hablarse una palabra de cambios en el sistema impositivo, capaz de continuar castigando a los sectores medios y populares. O en el mundo financiero, por fuera de algunas medidas técnicas insustanciales en comparación con su eterno festín de operaciones desgravadas. El Gobierno juega a salvarse con lo que hay, sin por eso dejar de reconocer algunas iniciativas, como la reestatización jubilatoria, que apuntan a recuperar poder del Estado sobre áreas clave del ingreso (aunque no sobre su distribución). Entre las estrellas de ese pragmatismo está la protección de los caciques sindicales. El fallo de la Corte coloca al oficialismo en la disyuntiva de aprovecharlo o hacerse el desentendido. Lo primero, reconociendo de una vez por todas la personería gremial de la CTA, significaría que el Gran Relato de su discurso progre avanza hacia un asentamiento real. Lo segundo, sencillamente lo contrario.

Pasó algo muy importante en un tribunal. En el máximo. Pero cabe recordar que significativo, representativo y trascendente no son la misma cosa. La sentencia de los supremos significa un paso judicial inédito y representa que hay una Corte que, por fin, merece respeto. Si tiene trascendencia, en cambio, sólo se verá en el mundo político real, con el Gobierno a la cabeza.




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13.11.08

Los Niños Fumigados de la Soja

El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.
CHICOS ROCIADOS CON PESTICIDAS TRABAJAN COMO BANDERAS HUMANAS.
Escrito por Diario La Capital - Rosario -



'A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza'.
Gentileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda@ msn.com

LOS NIÑOS FUMIGADOS DE LA SOJA

Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe
Diario La Capital
Las Petacas, Santa Fe,
29 septiembre 2006

El viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años.
Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar.
Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros.
'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama 'esquinero'.
Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el 'mosquito', desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad.
El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.. .
Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar..
Los rocían con 'Randap' y a veces '2-4 D' (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos.
Tienen un olor fuertísimo.
'A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.
No hay protección de ningún tipo.
Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos.
'Con el 'mosquito' hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados.
Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza.
A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados.
-Nos buscan dos productores.
Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital.
Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día.
No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados.
A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños.
El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas.
La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos.
No hubo avances.
Los pibes siguen de banderas.
Es en Las Petacas, norte profundo santafesino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.

Fuente: Diario La Capital, Rosario, Argentina
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6.11.08

Aniversario y deuda (Por Eduardo Aliverti)

Los 25 años del retorno a las urnas tras la noche más tétrica vinieron a coincidir con algunas muestras sobresalientes de un aspecto, central, que la democracia no pudo resolver.

En aquellos días del ’83 había una conmovedora excitación positiva y, según el paso del tiempo demostraría, una gran ingenuidad. O por lo menos, una enorme relajación. Asumida la sorpresa por la derrota del peronismo, la inmensa mayoría de la clase media y también numerosas franjas populares -sin cuyo concurso hubiera sido imposible vencer al PJ- se permitieron bañarse en manantiales de expectativas favorables. Y estaba bien, o era comprensible. No había lugar para otra cosa. Aun para quienes dudaban de la determinación ideológica del alfonsinismo, respecto de torcer el rumbo desquiciante dejado por la dictadura, lo único posible era pensar que tal vez no se avanzaría en nada, o muy poco, con la histórica hibridez de los radicales; pero que de ninguna manera podía hacérselo con el anquilosado aparato de los dinosaurios peronistas. Se vería, en todo caso. Lo indudable es que el solo hecho de volver a las formas democráticas, al cabo de una gestión de asesinos, puso al punto de las libertades civiles muy por encima de la reconstrucción económica con sentido de justicia social. El aire que pasaría a respirarse, la probabilidad de juzgar a los genocidas, la ilusión despertada por gente de imagen presentable, fueron la tabla esperanzadora de que se tomó una sociedad que podía no tener claro lo que sí, pero sí lo que no. Alfonsín asumiría bajo ese clima y sobrevivió bien durante más de un par de años con medidas quizá impensables para los límites de un gobierno burgués, como el juicio a las Juntas. Y fue “ayudado” por el temor de que las críticas contribuyeran a desestabilizarlo, en medio de una desconfianza no justificada, aunque sí atendible, en torno de que los militares produjesen un nuevo asalto al poder. Pero por debajo de esa superficie subyacían prepotentes una deuda externa alucinante; la probabilidad fracasada de armar un club de países deudores; la subsistencia de las dictaduras continentales; alrededor de 200 mil puestos industriales perdidos; una estructura estatal arruinada y la ofensiva arrasadora de la etapa especulativo-financiera del capitalismo mundial, ya entonces motorizada por la revolución tecnológica.
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El gobierno alfonsinista careció de respuestas frente a esa andanada de problemas heredados y nuevo escenario. En 1985 forzó la jugada del Plan Austral, finalmente manifestado como una mera reingeniería monetaria, y en 1987 terminaría quebrando la confianza popular entre una economía que no reaccionaba y la rendición ante los carapintada. De ahí en adelante, sólo era asunto de acertar cuánto insumiría el derrumbe. Perdió las elecciones de ese año a manos del peronismo “renovador”, el “mercado” le propinó el nocaut con la hiperinflación, lo renovador terminó siendo la rata, y la rata sinceró todo con el remate nacional más espeluznante de que se tenga registro en un país latinoamericano con fuerte tradición de Estado, movilidad social ascendente e índices sanitarios y educativos asimilables, y hasta superiores, a los del primer mundo. La burguesía presuntamente nacional a la que el alfonsinismo apostó, conocida entonces como “los capitanes de la industria”, vendió todo lo que tenía al mejor postor. El ardid monetarista que le fracasó a Alfonsín se llamó luego “convertibilidad” y el conjunto popular avaló lo actuado por el roedor con más del 50 por ciento de los votos, tanto como había confiado en la tablita cambiaria de Martínez de Hoz. No mucho después sobrevendría la repetida derrucción de la fantasía, siempre tarde. Hubo así el período patético de la Alianza, previo autoconvencimiento de que el mismo modelo podía ser eficaz con el simple expediente de acabar con la corrupción. Eso terminó en la crisis más grande la historia argentina. Y poco menos que de casualidad apareció y se desarrolló un esquema basado en el ahorro fiscal, con nutriente en los precios despampanantes de las materias primas que Argentina exporta. Lo cual duró o dura más o menos hasta hoy, en que ese ciclo de la valorización financiera del capital, sin anclaje en los bienes materiales realmente existentes, provoca el terremoto mundial.

Un hilo conductor de estos 25 años es el fracaso, las limitaciones o la complicidad de la dirigencia política -con la contribución inestimable de la voluntad o aceptación popular- para revertir esa correlación de fuerzas con los bloques dominantes. Lo que se escucha por estos días, a propósito de retenciones agrícolas, reestatización del sistema jubilatorio e intervención del Estado en general, en términos de operaciones de prensa, amenazas del establishment y discurso hegemónico (todo en igual paquete, por cierto), es exactamente lo mismo que -con sus alternativas temporales- viene imponiéndose desde aquel tiempo que sólo ubicó sus miras en la formalidad democrática. Presión sobre el dólar, aislamiento externo, inseguridad jurídica, riesgo-país, gasto público, déficit fiscal, dirigismo estatista, inflación desbocada, confiscación de ahorros, son la batería semántica con que los dueños de la torta generan imaginario de inestabilidad, tumban gobiernos, se apropian de las mentes de los incautos, atemorizan. Y lo más espectacular es que se otorgan la licencia de continuar haciéndolo en medio de que los Estados de los países centrales tuvieran que salir al rescate de sus bestias financieras. Lo que debería ser sin un segundo de duda el descalabro definitivo del pensamiento neoliberal (nunca se explica porqué anteceden el prefijo), resulta que no es la victoria o el adelantamiento del progresismo, de la izquierda o de cómo quiera llamársele. Hay algunas señales interesantes en América Latina, pero todavía no alcanzan dimensión equiparable a lo que fue y es la victoria cultural de la derecha. Llevará su tiempo, en el mejor de los casos; pero el destino lo fijan los pueblos y sus dirigentes con la actitud que adopten, y no las tendencias históricas supuestamente irreversibles. En Argentina hay un polo conservador inmenso, hoy mucho más de espacio social que de articulación política. Ya lo demostró el conflicto con los campestres, y ahora las resistencias a que se termine el negociado obsceno de las AFJP (comprensibles en buen grado, debido a las inmensas desprolijidades y sospechas que despierta el kirchnerismo, pero no por eso justificables en lo ideológico).

En el repaso de estos 25 años se constata que los progresos en las libertades individuales y políticas son importantes. Muy importantes. Y deben ser celebrados como piso. El tema es que, al repararse en la libertad como una cuestión que termina siendo de la clase a que se pertenece, resta saber cuántas ganas hay para enfrentar y afectar el interés de los núcleos del poder económico. Con un Estado anémico o irresoluto, que no sea capaz de resolver las necesidades básicas de las mayorías, las sociedades culminan arrojadas, recurrentemente, al palabrerío o los brazos de sus opresores más temibles. Eso es lo que hay, sin ir más lejos, en la reinstalación mediática de la “inseguridad” a partir del increíble debate sobre la edad en que los menores deben ser imputables. Eso es lo que hay cuando el miedo acomete a los sectores medios, y se insiste en suplir la protección social con cárcel y a los tiros. Eso es lo que hay cuando quienes promovieron el vaciamiento del Estado le piden auxilio.

Y cuando hay eso, la democracia corre el riesgo de acabar por ser nada más que una palabra.

MARCA DE RADIO, sábado 1 de noviembre 2008.




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"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista" (Libertad, amiga de Mafalda)