13.1.12

La peregrinación de las vacas muertas...

"Había una vez una vaca
en la Quebrada de Humahuaca."

Así empieza una de las hermosas canciones de María Elena Walsh, La vaca estudiosa...

Pero hay algunos que quieren destronar a María Elena de su lugar privilegiado como creadora de fantasías. La diferencia es que ella lo hacía para crear un mundo más bello y ameno que el que nos quieren hacer tragar algunos personajes y medios de (des) información masiva. Sabemos que una vaca tiene patas y, por lo tanto, puede caminar, puede desplazarse de un sitio a otro (siempre que no se encuentre con alambrados u otros obstáculos). También sabemos que hay vacas en casi todo el país, como la vaquita estudiosa de Humahuaca. Lo que ahora podemos saber, gracias a estos medios de (des) información, vía Eduardo Buzzi (entre otros) y su Federación Agraria Argentina, es que las vaquitas pueden desplazarse tranquilamente... aún después de muertas!

Al periodista de Página 12, Sebastián Premici, le llegó un datito interesante que echa por tierra la más alocada fantasía que tuvo en su vida nuestro amigo Eduardo Buzzi, aquel que se alió en el año 2008 con la Sociedad Rural, CONINAGRO y Confederaciones Rurales Argentinas en lo que se llamó la Mesa de Enlace, armada para oponerse a la famosa Resolución 125 de aquel mismo año.

Veamos de qué se trata...

El día que las vacas volaron

Distintos medios publicaron una foto de la Federación Agraria de animales muertos y afirmaron que eran casos en diferentes provincias. La imagen fue presentada como la prueba de la gravedad de la sequía, en línea con la posición de la Mesa de Enlace.


Una hilera de vacas muertas. Diez animales tirados sobre la tierra que forman un triángulo. La desolación de una sequía y una supuesta crisis extendida de la ganadería producto de la falta de agua hecha imagen. Una particularidad. La misma foto es utilizada para “ilustrar” la muerte de ganado en la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, La Pampa y la lista continúa. La toma original corresponde a Villa Minetti, al norte de Santa Fe. Su autor es Marcelo Banchi, y dice que la sacó el 30 de diciembre pasado. La Federación Agraria, entidad a la que pertenece, las publicó en el sitio web Picasa, la red social para compartir imágenes, con la intención de dar cuenta de la sequía de este año. El diario Clarín publicó el pasado 9 de enero la foto con el siguiente epígrafe: “Muerte y desolación. Es el panorama que está provocando la sequía, como se ve en este campo bonaerense”. El sitio web de La Nación también la utilizó para hablar de la emergencia agropecuaria en el territorio bonaerense, al igual que la página web de El Cronista e Infobae. Medios de mendoza hicieron lo propio. Las mismas vacas (muertas) para construir la idea de una situación de crisis generalizada, que no sería tal, como aseguran desde el INTA.

La actual sequía está afectando principalmente los cultivos del maíz y algo de la soja. Al menos hasta el momento. Según el INTA, tiene características diferentes a la ocurrida en 2008. “Al 30 de diciembre, la situación no era tan terrible como hace tres años y ahora que ha llovido, menos. Pero tenemos que estar atentos a lo que ocurra de aquí a marzo”, manifestó a Página/12 el titular del organismo, Carlos Casamiquela. Si bien se reconocen problemas en el cultivo del maíz, “no hay una situación de mortandad masiva de animales”, de acuerdo con lo que indicó el funcionario del INTA y el propio ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, al término del encuentro con las entidades del sector (ver página 2).

A veces una imagen devela más de lo que muestra, o lo que esconde. Al norte de Santa Fe, en el departamento de 9 de julio, existen problemas de sequía que están afectando al ganado vacuno. Una curiosidad. Son vacas muertas y nómades. Los mismos animales aparecen en distintas publicaciones periodísticas para graficar una supuesta crisis ganadera en distintas partes del país. La toma original fue publicada por la Federación Agraria en el sitio web Picasa (www.picasa.google.com). Nota al margen: la foto lleva la fecha del 4 de enero de 2005, año en el que también hubo una fuerte sequía en la zona.


Según el coordinar de Ganadería del INTA, Daniel Rearte, la sequía comenzó a sentirse a partir del 15 de diciembre del año pasado. La serie de fotos publicadas en Picasa muestra algunos animales casi esqueléticos. Según indicó Rearte a este diario, “el estado de descomposición de esos animales podría corresponder a otras sequías”, aunque aclaró la posibilidad de muertes puntuales en la actualidad. “Son imágenes de antes de fin de año”, sostuvo Banchi –su autor– a Página/12.

Este federado está a cargo de la filial Alcorta. “Es un hombre de Omar Barchetta (ex vicepresidente de FAA y actual diputado por el Frente Amplio Progresista), que está ahí para jugar en la interna contra los chicos de la Netri”, explicó a este diario un integrante de la entidad. La Netri es la agrupación que intenta disputarle poder a Eduardo Buzzi, el presidente de la entidad desde hace diez años.

La cuestión de fondo no es la fecha de la imagen, ya que puede ser un error técnico de la propia cámara, sino la manera en que los medios de comunicación –grandes y pequeños, e incluso la propia Federación Agraria– utilizaron esas fotos para construir la idea de “muerte y desolación” en el campo, como publicó Clarín. O como el caso de un sitio web de la Capital Federal –Notio.com.ar–, que publicó la misma imagen bajo el título “La Pampa en estado crítico”.

“La sequía castiga a los ganaderos de La Paz (Mendoza)”, informó el 11 de enero el sitio MDZ on line (http://www.mdzol.com). La ilustración de la nota pertenece a la misma serie de fotos tomadas en Villa Minetti, Santa Fe. “La sequía afecta a todo el país”, aclaraba el epígrafe. “Por la sequía, declaran la emergencia agropecuaria en varios distritos”, publicó La Nación en su sitio web, el 4 de enero. Era un artículo sobre la provincia de Buenos Aires, pero la imagen que construía la idea de crisis ganadera correspondía a las mismas diez vacas muertas del campo de Villa Minetti. Lo mismo hizo en su web El Cronista y el portal Infobae.

Otra curiosidad. La propia Federación Agraria usó la imagen para “ilustrar” un artículo en su web sobre la región bonaerense (www.faa.com.ar/noticia.php?id=758).

Es decir, a juzgar por las fotos publicadas por los medios citados, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, Mendoza y Santa Fe estarían atravesando una situación de crisis ganadera. La misma foto, ¿la misma realidad de los productores? “En la cuenca del Salado –Chascomús, Castelli, Dolores, Las Armas, Las Flores hasta Saladillo– hay tres millones de vacas aptas para ser madres. Si bien llovió menos, no hay mayores problemas en la provincia de Buenos Aires. Puede haber zonas en el país donde mueran vacas por sequía, pero no te mueve el amperímetro a nivel nacional. A diferencia de 2008, donde murieron 800 mil cabezas de ganado y hubo más de tres millones de terneros que no nacieron, las perspectivas son que las vacas fueron bien servidas, es decir que habrá terneros”, explicó a este diario Rearte.

Otra zona sindicada como grave fue la provincia de Córdoba. El sitio Urgente 24 publicó una nota con el epígrafe “Vacas muertas por la sequía en Córdoba”. La fuente de la imagen era el sitio de Cadena 3 (http://www.cadena3.com). Pero no era Córdoba, sino las mismas imágenes de Villa Minetti. “En Córdoba no ha habido mortandad de vacas porque las mayores dificultades para el agua están en los ambientes salinos. Quizá murieron algunas, pero en la zona hay seis millones de cabezas”, explicó a este diario Alberto Cantero, ex presidente de la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados.

El dicho dice que una imagen vale más que mil palabras. Pero los contextos y las circunstancias pueden cambiarlo todo. Una imagen sirve para crear sentido, mostrar y construir “la realidad”.


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20.7.11

Ricardo Forster (Carta Abierta): Crítica, autocrítica y redoble de la apuesta...

El sábado pasado (16 de julio de 2011)en la habitual reunión de Carta Abierta, se analizó la situación generada en la ciudad de Buenos Aires (y su proyección a lo nacional) tras la victoria del macrismo en la primera vuelta electoral de la ciudad.
El filósofo Ricardo Forster tuvo, a mi gusto, una alocución muy certera. Hizo un análisis de lo ocurrido y de las razones de la fuerte derrota de la fórmula Filmus - Tomada. Entre otras cosas muy interesantes planteó la vuelta a las fuentes, el regreso a lo que llevó al kirchnerismo a convocar a las mayorías y despertó a quienes ya no esperaban absolutamente nada de la política. Planteó también que hoy más que nunca es preciso redoblar la apuesta con aquella postura...

Este video muestra la intervención completa de Ricardo Forster. Creo que es muy necesario escucharlo atentamente y tenerlo muy en cuenta.




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8.8.10

La Mesa Criolla: Excelente canción de Carlos Barragán...


Esta canción interpreta magistralmente (según mi criterio) lo que significa el discurso del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati...
Un texto plagado de falsas interpretaciones históricas, de postulados casi (o sin el "casi") golpistas y la nostalgia por lo que era la Argentina hace justo 100 años atrás...

La impúdica defensa de su sector, que es el que más trabajo "en negro" tiene en el país (alrededor del 75 % de sus trabajadores), con trabajo infantil casi esclavo y con el más alto nivel de evasión de impuestos de todo el espectro productivo...




Pueden leer el texto completo del discurso de Biolcati haciendo clic AQUÍ...
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15.5.10

Los indios (Por Sandra Russo)


Como muchos argentinos de mi generación, conocí primero a los siouxs que a los mapuches. De los indios no nos hablaban en la escuela, pero en la televisión pasaban películas del Far West. Las caravanas de colonos, llenas de mujeres, niños y cacharros, avanzaban siempre destartaladas en territorio hostil, custodiadas por los hombres del rifle. Acechaban los indios. Sus alaridos espantaban en la noche.

Los espectadores nos identificábamos con los colonos. La colonización era, así, visible como una cuña blanca en el enigma de un mundo desconocido, habitado por seres fascinantes que incluso eran coleccionables en sus versiones plásticas, pero que pese a su fascinación había que aniquilar. Reducían cabezas, arrancaban cueros cabelludos y hacían sacrificios humanos a sus dioses. Los blancos también, aunque siempre lo negaron. Aquí no hubo colonización sino conquista. Los blancos ofrecieron en sacrificio a su único dios a millones de seres humanos, como sin darse cuenta de lo que hacían, como simples inconscientes y amorales. Siempre hablaban de otra cosa. Una nación, una cultura, la civilización, la razón, la ciencia, la religión.

Cuando –hace tanto tiempo– yo era adolescente, en el ámbito rockero y literario en el que me movía, no se hacían fiestas de quince, pero había, a los dieciocho, viajes al Machu Picchu. Era un programita de valores de emergencia, toda vez que la política nos estaba prohibida. Fui adolescente en un país con miedo real, en un país en el que no se hablaba del miedo.

Entonces aquella generación tomó para sí algunos valores posibles, menores, cotidianos, y los convirtió en un modo de vida. En una identidad. Mi generación volvió militancia un ideario aplicado a la vida cotidiana. Fundió política con cultura para sobrevivir.

Las chicas de quince lo menos que queríamos era una fiesta de quince. No estaba bien visto el éxito en general. No íbamos a bailar. Amábamos a los antihéroes y a los perdedores. Nos identificamos con ellos.

Los grandes perdedores de la historia argentina que está por cumplir 200 años eran los que en una enorme pincelada discriminatoria aún llamamos “indios”. Aquella inclinación juvenil por lo indígena no logró, por ser más reacción que iniciativa, perforar los prejuicios que estaban inscriptos hasta en la lengua. Sobre la palabra “indio”, Aiban Wagua, miembro de la comunidad kunayala, escribió sobre las innumerables naciones preexistentes al “descubrimiento” de América:

“Los blancos nos parieron a los indios y evitaron así considerar a los pueblos de Abia Yala como sujetos válidos en sí mismos, con sus sistemas sociopolíticos y religiosos bien diferenciados. Entonces, el indio fue un ente abstracto, sin carne, pero marginado, borracho, pobre entre los pobres. Nos simplificaron y abstrajeron tanto, y tanta fue la insistencia que prácticamente les creímos. A los mayas, a los kunayalas, a los aymaras, a los toltecas, a los totomayas, nos cortaron a todos por igual, porque la sociedad dominante quería simplificar las cosas, y corrimos todos la suerte de indios o indígenas. Tanto que hasta hay teólogos capaces de hablar con una ingenuidad tremenda de la creencia india de América, de una concepción india de la vida o de una cosmovisión india o de una mitología india. Millones de personas que conformamos pueblos o naciones de Abia Yala comenzamos a dar sentido y hueso a los indios. Siglos más tarde nos pareció bueno usarlo como signo de lucha. Y nuestros dirigentes nos dijeron: ‘Ya que nos hicieron indios, como indios vamos a luchar’”.

En estos días recorren el país las tres columnas de la Marcha de los Pueblos Originarios, que por primera vez en la historia plantean reformular su relación con el Estado y ser considerados estrictamente como lo que son: naciones y culturas preexistentes a las otras que se superpusieron en “lo argentino”.

Hasta ahora nuestra concepción del país los ha corrido del borde. No llegarán el 20 de mayo a Buenos Aires para que los porteños se saquen fotos con ellos, como cuando se van de vacaciones. No quieren seguir siendo una opción exótica para el turismo europeo. Vienen a hablar de mineras, de petroleras, de madereras, de producción a gran escala y medio ambiente, de tierras y de agua. Vienen a hablar de esas culturas subestimadas y arrasadas que jamás hubieran atentado contra el planeta. Quieren ser ciudadanos de derecho pleno e identidades colectivas resistentes, aptas para un debate político serio que tome en cuenta sus demandas. Escucharlas es profundizar un modelo hasta la tripa.

Fuente: Pagina 12
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4.2.10

¿Tortura legal en la Ciudad de Buenos Aires...?

Una nueva pesadilla

“Los diamantes”, cantaba la gloriosa Marilyn, “son los mejores amigos de una chica”. Quizás. No seré yo quien le discuta a la blonda. Ahora bien, si acaso los diamantes sean o no los mejores amigos de una chica, de lo que no cabe duda es de que los eufemismos son los mejores amigos de la tortura. No menos que algunos oscuros términos técnicos, otros no menos oscuros expertos, y quienes ganan millones con tanta oscuridad.

Veamos. Hace unos días, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció y luego ratificó la incorporación del uso de Tasers, aparentemente el modelo X26, por parte de la nueva Policía Metropolitana. Los tasers, como a esta altura todo el mundo sabe, son una pistolitas que disparan unos pequeños dardos los cuales, una vez adheridos a la ropa o al cuerpo de las personas, producen descargas de unos 50.000 voltios. Su uso, se nos dice, sirve para inmovilizar sin lastimar. En su anuncio, el Jefe de Gobierno mencionó que su gobierno había decidido probar estos aparatitos, lejos de cualquier improvisación, para traer “tecnología de avanzada que se usa en otras partes del mundo” y que dicha tecnología se utilizará para “salvar vidas”. Por su parte, su ministro de Seguridad, de acuerdo a lo que leo en los diarios, calificó de “imbéciles” a quienes alzaron sus voces para objetar la incorporación de estos aparatitos, alegando que son instrumentos de tortura.

La palabra tortura tiende a evocar siniestras mazmorras, pocilgas ocultas y malolientes, con señores (y, si, claro, a veces también señoras) no menos siniestros y muchas veces también malolientes dedicando su tiempo de trabajo a infligir dolor en el cuerpo de sus víctimas a fines de extraerles alguna verdad. Epistemología naive ésta de la tortura, que parece entender a la verdad tan simplemente, como a alguna suerte de objeto o de pequeño órgano que los humanos contendríamos a modo de envases y que el interrogador se asume capaz de extraernos a través del dolor. Dichas pocilgas, con sus correspondientes señores constituyen por cierto una parte infame del presente, siempre reactualizado en diversos puntos móviles del mapa global.

La tortura se usa básicamente para extraer información, confesiones, o con fines de control social, para amedrentar y disciplinar a los ciudadanos. La tortura lastima la carne y el alma. Enloquece de dolor a quien la padece, y de despotismo, mal, a quien la aplica. Resquebraja y destruye los cuerpos, no menos que nuestro cuerpo político.

Nuestro país, sabemos, ha contribuido a tal siniestra tradición, con invenciones terribles de mencionar tales como “las prensas”, “la tenaza sacalenguas”, o “las agujas caldeadas al rojo,” tan solo algunas de las tenebrosidades listadas por Darius Rejali, en su obsesivo y minucioso libro Tortura y democracia (Torture and Democracy; Princeton University Press, 2007).

Más allá del folklore, la Convención de las Naciones Unidas define a la tortura como la práctica de infligir dolor de modo deliberado, por parte de “un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”. El carácter de funcionario público del agente, y su abuso de la autoridad que la sociedad le ha conferido, resultan decisivos en la definición.

Uno de los hallazgos empíricos del trabajo de Rejali es que las democracias no han dejado de torturar. Sólo que torturan sin dejar marcas. Precisamente, una de las paradojas que jaquean a la consolidación del movimiento internacional de derechos humanos tanto como a la democratización de las ultimas décadas, nota el autor, es que en lugar de conllevar la desaparición del uso de la tortura, como sería esperable, han llevado en cambio a su transformación en lo que él llama tortura “limpia”. Que se trata nada menos que de métodos tan mortificadores como los de las mazmorras pero que no dejan marcas visibles en el cuerpo.

En otras palabras, como el torturador sabe que en cualquier régimen democrático los ciudadanos ultrajados recurrirán a los medios, jueces y organismos de derechos humanos, le vuelve imposible a su víctima hacer lo propio a través de no dejarle ninguna cicatriz que exhibir como prueba. Ello lleva a desdibujar representaciones establecidas sobre víctimas—la víctima de la tortura como alguien que puede mostrar la prueba de la infamia—tanto como las prácticas y tradiciones forenses.

Esta es la razón por la cual, sigue Rejali, las tecnologías de electrotortura han ganado tanta difusión. Sostenida en una variedad de dispositivos, la tortura eléctrica, término extraño y futurista si los hay, no deja de expandirse en el mundo. Particularmente, oh paradoja, en las democracias.

Los tasers son una de las niñas mimadas en esta historia. Porque admiten múltiples usos, y a la vez son y no son instrumentos de tortura. A diferencia de la criolla picana, por ejemplo, cuya posesión en una comisaría no podría justificarse ante ninguna inspección, los tasers admiten los usos benignos que han fascinado al gobierno de la ciudad de Buenos Aires tanto como otros con propósitos de tortura.

Los pequeños dardos disparados por la pistola taser, explica Rejali, dejan unas marquitas del diámetro aproximado de un lápiz, con ampollas que desaparecen en unos días. Los dardos pueden adherirse a la ropa de modo tal de minimizar marcas en la piel. Estos adminículos tienen capacidad de producir niveles insoportables de dolor si son colocados en cercanía de las articulaciones.

Si bien sus defensores proclaman que el taser es tan solo una herramienta de protección de la vida que no ha ocasionado ninguna muerte, nada más en los Estados Unidos, Amnistía Internacional registra mas de 360 muertes ocurridas desde 2001 luego de que la víctima recibiera un shock con estos instrumentos (“USA: Stun weapons: Recommendations to the US authorities on their use”, 31 de octubre de 2009).

Respondiendo a quejas y denuncias, Taser International, la compañía que fabrica y vende estos aparatitos, en su modelo X26 introdujo un sistema electrónico de monitoreo que registra la duración, intensidad, y temperatura de cada descarga. Ahora bien, lo que ninguno de esos sistemas es capaz de registrar es si el taser está siendo utilizado o no como instrumento de tortura.

Una de las preguntas que Rejali se hace es por qué algunos instrumentos y técnicas de tortura alcanzan difusión mientras que otros no. Y el secreto que la historia moderna de la tortura sugiere es lo que en inglés se llama networking, o sea organizar redes institucionales, corporativas y académicas que acepten, adopten y estén dispuestos a defender una cierta tecnología. El ejemplo más exitoso de esta estrategia es precisamente el que ha llevado a la expansión de las pistolas taser. Desarrollados por John Cover, su éxito se debe no solo a sus características sino también, fundamentalmente, al sólido lobby que Cover logró organizar. Extendida, poderosa, y solvente, la red ha logrado que el tirarle rayos a la gente, así jugando a lo Zeus, se perciba y trate como normal en varias sociedades.

De la mano del Jefe de Gobierno de Buenos Aires, el franchise del lobby de los tasers llega a las pampas. No sé si será de utilidad averiguar quiénes integran el franchise local del negocio de los tasers, ni cuántos cientos de miles o millones hay en juego. Pero sí es sustantivo tener en cuenta que, tal como lo muestra el caso de los Estados Unidos, una vez que estas historias se arman, pareciera imposible desmontarlas.

Desde el punto de vista de la compañía, Buenos Aires solo representará una ínfima expansión en un mercado global conformado por varios miles de instituciones policiales y otras compañías. Desde nuestro punto de vista, la entrada de estas pistolitas introducirá una nueva pesadilla.

La introducción de tasers en nuestro país agregará un demonio más a la caja de Pandora criolla. Demonio éste de cara inocentona, hecho de ambigüedad y eufemismos. Un demonio artífice de tormentos inenarrables infligidos en la carne y en el alma de víctimas que no tendrán forma alguna de probar que fueron sometidas a la tortura.

Tortura siglo XXI. Desgrana y destruye el cuerpo y el alma de los sometidos, los deja marcados por el horror, descompone sus identidades, su dignidad, su deseo, sus vidas y sus comunidades, y logra hacer todo esto sin dejar marcas. Tortura limpia, eléctrica, moderna. Ultimo grito en materia de tortura. De modo tal que, de aquí en mas, los torturados, además de de sospechosos, comenzaran a ser acusados de fabuladores, mitómanos y locos. El sueño de todo torturador moderno en cualquier democracia.

En nuestro país, sabemos, la tortura constituye un delito gravísimo. La Convención contra la tortura tiene estatuto constitucional. En nuestro país, sabemos, se tortura. Lo denuncian el Comité contra la tortura de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional, el CELS y la CORREPI, entre otros. En Argentina, en la democracia argentina, a veintisiete años de la restauración democrática, se tortura. Los cuerpos y las voces de los condenados, también lo sabemos, tienden a ser tan elididos como el saber acerca de estas prácticas. Sí, en el año del bicentenario, en un país en el cual hemos consagrado a los derechos humanos como parte de nuestra identidad, se tortura. Trago amargo, especialmente para las víctimas cuyos reclamos permanecen ignorados.

La introducción de toda nueva tecnología, nos advierte Paul Virilio, conlleva la invención de su “accidente”. Así, la invención del avión anticipa la catástrofe aérea, y la catástrofe de Chernobyl se halla latente desde la inauguración de la primera planta de energía atómica. Sería por lo tanto ciertamente prudente comenzar a interrogarnos acerca de qué “accidentes” estamos anticipando con la introducción de cualquier elemento tecnológico nuevo. En esta dirección, un “accidente” cierto de los tasers ES la tortura.

Imaginen. Si, tal como sostiene Maria del Carmen Verdú en su reciente libro, existe en nuestro país resistencia por parte de miembros del poder judicial a reconocer casos de tortura como tales, y de los varios miles de denuncias en estas últimas décadas no muchos más de una docena han logrado reconocimiento, ¿qué podremos esperar de un escenario en el cual el estado adopta tecnología que facilita torturar sin dejar huellas visibles en los cuerpos?

Por Guillermina

Fuente: Artepolítica
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22.12.09

Carta Abierta / 7: Declaración de la Pirámide de Mayo

Declaración de la Pirámide de Mayo

Los dos años próximos: una eternidad metida en el pliegue diario de la historia.

El tiempo que viene

El tiempo no es una abstracción sin contornos. Imperioso, es una cuchilla que nos clava fatalmente al presente. No es posible omitir la realidad coyuntural. Juraron los nuevos diputados, estremecen los robos que desembocan en asesinatos, la prensa arrecia en sus campañas, los movimientos entre las fuerzas enfrentadas no cesan.

Ante los micrófonos y en la calle se alzan voces de degüello. El gobierno rechaza las presiones y la ingerencia en la vida política nacional de un alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano. Un nostálgico del orden dictatorial es nombrado ministro de educación de la Ciudad de Buenos Aires. Los sectores conservadores, que venían largamente agitados de antemano, han conseguido sonar verosímiles al acusar al gobierno nacional de provocar la agitación. Franjas considerables del viejo pensamiento progresista aceptan el dictamen y entregan a las derechas un inusual protagonismo. ¿Pero no hemos hablado ya de todo esto? Sí, porque en los tramos más inmediatos y condensados de la historia se presentan las tensiones del gran tiempo que se habita, las premuras, las urgencias que no dejan de conmovernos.

Pero sólo es posible iluminarla si nos sustraemos de lo más evidente de esa temporalidad. Si nos tomamos un tiempo capaz de vivirse en su maceración pasada, en la vivencia de lo heredado, pero también con una imaginación dispuesta al futuro. Hacer propio el tiempo es tan necesario como hacer aquello que ya hicimos, y en esta Carta insistimos: hacer ejercicio vivo de la palabra, juego activo con la lengua, afectuoso encuentro con sus potencias. Este ciclo que vivimos necesita replantear y fortalecer la línea persistente, pero quebradiza, de la autonomía social y popular. Se trata de hablar distinto del hablar de los medios de comunicación masivos. Distingamos nuestras urgencias de las suyas; pensemos nuestros proyectos sin sus ataduras. La coyuntura nos merece como mujeres y hombres no sometidos a sus coacciones evidentes. La crítica a los medios de comunicación es la necesaria crítica a la razón de la época y sus enseñanzas son materias reconstructivas de la comunicación tecnológica y humana. Sin ahondar en su poderosa significación, en su capacidad para crear sentido común y articular los lenguajes de las derechas contemporáneas resultará muy difícil dar la batalla cultural indispensable, esa que nos permita disputar los relatos de la patria.

Se dirá que pedimos grandes encuadres históricos cuando es preciso vivir en el fervor de una coyuntura. Alertar precisamente sobre la necesidad de una mirada que abarque un ciclo mayor de tiempo es el motivo de esta Carta. Estamos ante dos años que condensan tramos de tiempo muy vastos, en los que se jugarán para el pueblo argentino los horizontes mayores de justicia, democracia y economía pública distributiva. No nos sometemos, entonces, al dictado de la inmediatez ni a la ilusión de un plan autosuficiente, pero sí reclamamos un horizonte más amplio. Hablemos pues del tiempo por venir. Contemplar más secuencias exige interpretar el momento que vivimos con más riqueza conceptual. Una épica social debe salir de este juego entre la estructura del presente y sus puntos de condensación más dramáticos; una épica social que trabaje para un vuelco consistente de la situación, porque peligra una experiencia sustantiva en la vida política de los argentinos. Su fin puede sobrevenir, amasado por fuerzas que, expertas ya en la construcción de seductores climas de apariencia diáfana, han logrado capturar los imaginarios de un amplio sector social, allí donde no se han movilizado recursos simbólico-culturales capaces de dar cuenta del presente, aglutinar la voluntad colectiva y dar para esa voluntad colectiva una épica. ¿Cuáles serían esos trazos épicos en una sociedad desmenuzada por lógicas de acumulación y consumo que sustraen las vidas de lo público? Los sectores medios urbanos que en otros momentos cultivaron la modernización cultural y política, hoy se dejan entusiasmar por el barniz eficientista de las derechas, cuando esa tintura enmascara el huevo de la serpiente: el anudamiento de la retórica securitista, la sensibilidad del caceroleo y la defensa del terrorismo de Estado. Es necesario desarmar estos complejos acertijos, porque los dos años próximos serán una eternidad metida en el pliegue diario de la historia.

Con esa perspectiva, no decimos nada nuevo si advertimos que, sin tener asumida la dimensión latinoamericana, las acciones políticas nacionales se ven menguadas en su potencia y su horizonte. Las situaciones y las experiencias en las naciones de nuestra región son disímiles y requieren ser tomadas en relación al mundo histórico del que surgen, sin anteponer estereotipos de cofradía frente a las realidades singulares. Los recientes pronunciamientos electorales en Uruguay y Bolivia reafirman la persistencia del proceso histórico abierto con el inicio del nuevo siglo para los pueblos del continente, al tiempo que se inscriben en lo profundo de sus tradiciones populares y libertarias. Alentadoras situaciones reparatorias entran en pugna con diversas formas de restauración conservadora. En cada uno de nuestros países se juega hoy el destino de la región toda (Chile es un ejemplo elocuente), y el conjunto entero es puesto en riesgo cuando uno de sus eslabones se rompe. La cruda realidad del procedimiento golpista en Honduras obliga a nuevas modulaciones tan firmes como preocupadas que sepan, por un lado, desnudar las complicidades de los poderosos de siempre y, por el otro, desarmar las retóricas que esgrimiendo supuestas virtudes republicanas vienen a horadar a los gobiernos democráticos acusándolos (si han elegido proyectos de transformación) de ser responsables de un vaciamiento de esas mismas instituciones, como lo preanuncian los sordos y alarmantes ruidos destituyentes que suenan en Paraguay. Nuestro tiempo y nuestro porvenir merecen la profundización de la integración latinoamericana y la alertada denuncia de las políticas imperialistas.

En la sal inmediata de los acontecimientos argentinos percibimos recrudecer las acciones de un vasto bloque político que actúa para debilitar el mandato presidencial y dar por agotado un ciclo para que llegue mortecino al 2011. No nos resignamos a que un conjunto de críticas al gobierno –a las que en ciertos casos no restamos validez–, sean el pretexto para entronizar mediocres derechismos, con sus exaltadas patronales, sus monaguillos pretendidamente republicanos y sus tribunos jacobinos que hablan por izquierda para zambullirse sin disgusto en la correntada neoconservadora.

Pero no apresuremos los trazos. Muchos son los conflictos que agitan las calles de la política argentina, y verlos bajo un único régimen de significación se parece a no verlos. Algunos provienen de una extendida conflictividad social, otros de una situación inédita de polarización política, y otros expresan los temblores de una sociedad que engarza sus temores con una interpretación provista por las maquinarias mediáticas. Esto es, no debemos poner en las mismas columnas las disputas por recursos encaradas por los movimientos sociales, las acciones parlamentarias de los dirigentes opositores, las movilizaciones urbanas bajo las banderas de la seguridad. No debemos hacerlo nosotros cuando son muchos los que procuran incluirlos en una misma narración que, enlazando esas vetas heterogéneas, las haga confluir como única fuerza de demolición. No es así. Constituir otra explicitación que haga momentáneo el acuerdo parlamentario de heterogéneos grupos es necesario, así como actuar sensiblemente en dirección a las izquierdas y los progresismos sociales y políticos es ineludible para el recorrido político que defendemos, tanto como hacerlo con nuevas ideas y vocabularios. Del mismo modo, esas fuerzas están exigidas de una responsabilidad mayúscula: la de evitar su confluencia –sean cuales fueran las razones o las coartadas- con las acciones de la oposición que buscan hacer girar en un sentido regresivo el tiempo de la historia.

Las necesarias argumentaciones no se constituyen en el interior de un palacio, ni siquiera en la amistad que nos reúne en un colectivo político. Requiere entramarse con los hilos diversos de la movilización social, con las palabras recreadas de los distintos grupos, con las demandas antiguas y nuevas de una sociedad dañada. Una narrativa entonces debe ser consecuencia de una novedosa estrategia de composición y de una voluntad crítica capaz de desmenuzar la actualidad y, dentro de la actualidad, los problemas que ponen en juego las nuevas derechas, pero también los que arrastran los movimientos populares y las fuerzas gubernamentales.

Esta narración debe poder decir los nombres adecuados para hechos efectivamente acaecidos. No tiene derecho a obviar las palabras necesarias y tiene la obligación de proveer las que faltan para que no sean sugeridas por el equívoco, la mala fe o la ignorancia. Algunas medidas gubernamentales muchas veces se presentan despojadas del marco interpretativo que dé cuenta de su real importancia. Porque esa interpretación reclama una discusión sobre qué significan la idea de desarrollo, las formas contemporáneas del trabajo y la situación del Estado. ¿Qué son hoy las instituciones estatales? ¿Cuál es su capacidad de incidencia y realización de políticas para todo el territorio nacional? ¿Cuánto arrastran de modos burocráticos, cuando no de confrontaciones mezquinas por recursos escasos en las que la alusión a lo público es más una mascarada que una efectiva apuesta a su reconstitución? ¿Se han desprendido esas instituciones de lo que una profunda reconversión neoliberal instauró en ellas o adormecen sus contornos más nítidos bajo otra lengua ideológica? Cada una de las instituciones estatales puede verse como un terreno minado de conflictos entre lógicas distintas, y una de las deudas del momento es poder diferenciarlas para apostar a la expansión de sus núcleos más renovados. Las economías contemporáneas tienen vastas zonas de ilegalidad que permean, con sus lógicas de acumulación y de reparto, algunas instituciones. No estamos hablando de resonantes actos venales, sino de un funcionamiento que atraviesa la vida social y exige renovadas consideraciones éticas y políticas. Un Estado renovado debe surgir de estas críticas para hacer más creativos sus recursos y las posibilidades expresivas de sus propios trabajadores.

Del mismo modo, la movilización social no puede considerarse sin situarla, en cada momento, bajo las preguntas de su condición y legitimidad. No para menoscabarla en nombre de una empresa ordenancista, sino para considerarla en sus ambigüedades y contradicciones. La vida democrática alberga entre sus pliegues más vitales las expresiones públicas y las luchas por derechos. La experiencia gubernamental en curso supo poner como enunciado central la renuencia a la represión. Lo sostuvo, sustrayéndose con valentía a la airada vociferación del orden. Esto no impide reconocer que los conflictos laborales, las representaciones sindicales, los movimientos sociales, configuran un mapa de reclamos por la justicia tanto como –paradójicamente- una superficie de disputa que a menudo se ve atravesada por el desdén hacia lo público en función de intereses privados o sectoriales. Nuestro país tiene profundas reservas democráticas, las tiene en su idea del conflicto, en los usos de las calles, en su sistema educativo. Y ninguna de esas prácticas está eximida del riesgo de caer en alguna forma de cooperación involuntaria con la destrucción de la vida colectiva.

Un Bicentenario con compromiso social

Sigamos revisando lo que acucia. Cuestiones como la de la seguridad exigen un trato capaz de abrevar en las fuentes profundas de la democracia argentina, no para negarlas en tanto problema sino, por el contrario, para sustraerlas de la gritonería linchadora. La vida en las grandes metrópolis mundiales registra la dificultad de resolver los abismos en los que caen porciones enormes de poblaciones desplazadas. Actos de violencia irracional son llevados a cabo al servicio de una economía ilegal que a veces involucra tramos oscuros del mismo Estado. Existen distintos estratos de culpabilidad para tratar esto, lo que no excluye la interpretación exacta del momento culpable en que alguien dispara un arma homicida. Es para bien del conjunto que hay necesidad de mantener una sociedad abierta, sin concesiones a las formas medievales de vindicta. Leer con perspectiva crítica una escena urbana atravesada por complejas formas de anomia y de violencia no puede hacernos soslayar la significación que estos dramas de lo cotidiano tienen en el interior de las conciencias públicas y privadas. El dolor que vuelve fundamental al tema, exige apartarlo de los argumentos premoldeados de vendetta disfrazada de nuevos ordenamientos socialmente regresivos. Son las derechas a cielo abierto las que se solazan cada vez que una voz humilde grita su desgarramiento. Argumentos que ni siquiera deben tener forma argumental: les basta con golpes comando de sensiblería y gimoteo, no el auténtico dolor de las víctimas sino el inducido por el gabinete de asesores en el marketing lagrimeante. El progresismo no ha sabido tratar estas cuestiones. Ni el problema del Estado, ni las características de las luchas, menos aún la violencia de las sociedades contemporáneas. Esa incapacidad abona la causa de aquellos que creen resolver los dramas reales con el grito de orden. No olvidar de qué modo la travesía del miedo suele concluir en el sumidero del autoritarismo y la represión socialmente aceptados no es menos imperioso que advertir la importancia de las operaciones de construcción del miedo cuando de agudizar la sensación de fragmentación en la vida cotidiana se trata. Si no se resuelve la sensación de miedo, la vida política no encuentra cuerpos suficientes para encarnarse y desplegarse en toda su magnitud.

Es necesario responder con imaginación específica y trazar razonamientos de largo plazo, en estos asuntos y en todos los que inquietan y demandan soluciones concretas, sean muy visibles o no. También configurar un mapa de encuentros y alianzas que procuren la preservación de las mejores políticas desplegadas en estos años. Se requieren, por ejemplo, observaciones más agudas sobre el movimiento social y las orientaciones democráticas que se mueven en el ámbito de las representaciones laborales, y en esa dirección, son bienvenidas las medidas cautelosas pero progresistas en relación a los trabajadores del subterráneo. Esto en lo inmediato, en lo que llamamos la cuchilla del presente, pero todo punto complejo del presente irradia hacia adelante. Creemos en una Argentina con esferas y agremiaciones sindicales en las que, a la vez que resuene la voz del tradicional movimiento obrero, también los nuevos movimientos puedan esbozar sus primicias, actuando con la lucidez que requiere un país sometido al ataque de fuerzas reaccionarias bien conocidas.
No hay hilos conductores pensados de antemano que puedan conducir los hechos a su puro arbitrio. Pero un sentido general de los hechos políticos puede y debe ser enunciado por parte de un arte de gobierno. Se vuelve imprescindible desplegar los trazos que vayan diseñando un proyecto capaz de irradiar convicción y entusiasmo, figuras sin las cuales la política queda huérfana de actores y prácticas fundamentales para realizar toda voluntad transformadora. Romper el hechizo neoliberal de los noventa implica regresar creativamente sobre una idea de política que sea portadora de una amalgama de sueños utópicos y de proyectos históricamente realizables. Es necesario recorrer el Bicentenario y el año 2011 munidos de una nueva imaginación pública, democrática y movilizadora. Lo solemos denominar un proyecto y más modestamente un plan, un tejido de previsiones. ¿Se le puede imponer a la historia una retícula cargada a priori? Sabemos que no. Pero una previsión general sobre el devenir puede y debe ser explicitada. Convoquemos nuevos pensamientos para hacer leyes sociales, reformemos la educación para elevar su nivel teórico y social, y para que el justo afán de sus luchas gremiales no descuide una convivencia productiva con la preservación de la escuela pública como sujeto social atesorado en la memoria democrática argentina.

La realidad de la escuela pública habla, con la gravedad de un alerta, sobre el destino completo del país. Su fundación estuvo entre los logros más relevantes de una política laica y republicana que funciona como la imagen invertida de lo que llaman republicanismo las derechas contemporáneas. La actualidad de la educación pública exige una transformación profunda, capaz de retomar su sentido democrático. En la década del noventa, bajo la idea de reforma se hizo trizas el sistema educativo. No sólo por una cuestión de escuálidos presupuestos, también porque se dejó cada región y cada escuela a su suerte, y el Estado nacional se privó de la facultad de intervenir en programas, en regulaciones y en la formación docente. Porque no fue sólo un problema económico, es que los dramas de la educación pública actual no se resuelven con la bienvenida expansión presupuestaria. Son problemas no tan sólo de calidad, sino de sentido, de formación y de derechos. Porque una escuela pública disminuida es un mecanismo de profundización de las diferencias sociales, como lo prueba el incesante crecimiento de la enseñanza privada. Lejos de la escuela igualadora, estamos ante el abismo de instituciones que en muchos casos acentúan la polarización social.

No decimos con esto que haya vacancias de medidas sociales destinadas a disminuir esa polaridad. Las hay y de profundo alcance. Las hay que portan una innovación profunda como son la universalización de la asignación por hijo y el programa de ingreso social con trabajo. Porque si la primera parte de reconocer el derecho de los niños más allá de la situación del empleo; la segunda sitúa un hito en las apuestas a las capacidades organizativas de los sectores populares y profundiza un vínculo virtuoso entre la vida popular y las instituciones estatales.

La política es una apuesta sobre el tiempo que vivimos y el tiempo que adviene. No debe quedar encallada en la nostalgia de un pasado irreversiblemente ido ni en un posibilismo incapaz de escapar a su propia orfandad de futuro. Es así que son necesarias imaginativas movilizaciones en la ciudad y en la mente colectiva dispuesta a la aventura del pensar crítico. Un hito legal se ha instituido: la ley de servicios audiovisuales. Ahora, precisamos canales mediáticos de expresión renovada, poéticas comunicacionales y a la vez un nuevo rigor en la información que recree la objetividad pública de las noticias. Un país no puede vivir facciosamente todos los años de su historia, pues para atrás, no sabrá interpretar su linaje, y hacia delante, se deshace.

La Pirámide

Modesto monumento republicano, la Pirámide de Mayo testimonia un recorrido, la necesidad de evaluarlo y el deseo de no postergar el anuncio concertado de nuevos proyectos. Los gobernantes deben hacerlo. La sociedad argentina también debe hacerlo sin ira y con pasión transformadora. El Bicentenario y el 2011 no deben transcurrir huecos de imaginación. Es preciso detener a las fuerzas conservadoras que se mancomunan para el batacazo. Podremos hacerlo con despliegues públicos de la economía justa y soberana, propuestas educativas que favorezcan la lucha por el conocimiento clásico, moderno, técnico y humanístico, con nuevos horizontes del pensamiento social, científico y tecnológico. Todos podemos presentar nuestros enunciados. Invitamos a hacerlo y este es el momento. Lo decimos frente a la Pirámide, con ánimo fundador que se sabe deudor de lo mejor de su pasado, obelisco sugerente de la presencia conductora del pueblo histórico y del pueblo que busca respuestas inmediatas. Somos parte de ambos pueblos.

¿A quién le hablamos? A las conciencias desprovistas de gratuitos ensañamientos. A las conciencias provistas de la tolerancia necesaria para evaluar aciertos y deficiencias. Por suerte son mayoritarias esas conciencias. Pero es preciso pronunciar las palabras adecuadas para abrir sus corazones. ¿Estamos seguros de poder hablar? Frente a la Pirámide es necesario decir: hablar reclama del ejercicio de múltiples direcciones de discurso y acción. Pero no se trata de la comunión de todos los santos. La Pirámide deberá decirle no a las abstracciones publicitarias euforizantes que se presentan como plan de gobierno, lo mismo da un Lacalle, un Cobos, un Piñera o un De Narváez, o desarrollismos que se llaman productivos para no pronunciar –como Duhalde– el verdadero nombre de un giro a la derecha. Cualquier proyecto de transformación igualitario y democrático debe buscar sus enlaces con la anómala experiencia política abierta en el 2003. No son tolerables los retrocesos ni las menguas, como pretenden los adalides de la restauración. Pero la persistencia de los hechos más valorables no es concebible si muchos de los que dependen de su destino no son conmovidos por la revelación de ese enlace. No para sumarse o aprobar a ciegas, sino para ser protagonistas directos en un pie de igualdad de una tarea común en una etapa nueva.

Habrá que bosquejar un tejido de previsiones, un proyecto sensible a las exigencias de la época, promovido a la manera de una gran convocatoria social. Ni el Bicentenario puede ser un conjunto autosatisfecho de celebraciones ni el 2011 pura reiteración de lo ya hecho. Perdura lo que cambia y cambia lo que sabe barajarse de nuevo. Se precisa una política que aglutine voluntades. Que provea un armazón de signos donde cobijar los hechos aislados, a veces necesariamente incompletos o atomizados, que caracterizan una sociedad argentina con convicciones astilladas. Es necesario admitir que las convicciones han sido suplantadas por cábalas, intrigas y maquinaciones, aunque ningún cenáculo de conspiradores pueda ser superior a la historia socialmente abierta.

Sugestivo monolito, la Pirámide de Mayo tiene en su interior otra pirámide y en su exterior, la plaza que la rubrica con sus sonidos. ¿Qué escuchamos? ¿Qué intuimos? Que revistiendo una esperanza hay otra esperanza, como verdadera moral de los insistentes. Que el pueblo quiere saber de qué se trata en materias que van desde una seguridad ciudadana, que no surge de la voz de los trogloditas, a una política económica que lo tenga como protagonista, una economía con el universo de soberanías eficientes que el hilo conductor de nuestra historia siempre ha reclamado. Sin concesiones a las formas más cuestionables de la globalización. El sujeto popular, a la vez, debe ser definido como origen y destinatario de toda perseverancia y convenio político. No es una condición premasticada sino el hecho a investigar por las políticas de la hora y las intervenciones estatales. ¿Qué tipo de instituciones harían posible la participación y el protagonismo popular?, ¿qué tipo de actividad de escucha y de consideración haría posible la expansión de los derechos?

La Pirámide: lugar de una invocación o de un llamado. Le habla a los que procuran ahondar las medidas de justicia desde la centroizquierda, a los movimientos sociales, a los sindicatos en su reflexión madura sobre nuevas representaciones del trabajo, a las izquierdas que unan la pasión de un legado a las duras enseñanzas recibidas, a los liberales capaces de juzgar sin odios redundantes, al peronismo en su archipiélago incesante, buscando nuevas palabras orientadoras para sostener los cambios de época y una nueva época de cambios. ¿Y cómo se debe hablar? No hay otras fórmulas que la que proviene de haber escuchado a todas estas insignias y formaciones antiguas o recientes de la sociedad argentina.

Escuchemos las voces. La economía justa reclama que las explotaciones de la naturaleza, las políticas extractivas y agropecuarias atiendan los reclamos de los movimientos que cuidan la casa común del hombre. Se deben presentar los pliegos perseverantes que privilegian la emancipación y decir de qué modo en los años venideros se deberán realizar y promover esas economías de la tierra sin ofensas al medio ambiente y sin arbitrariedades en la esfera de la custodia eficaz de los recursos que provee. No en nombre de un ecologismo globalizado que considera esas cuestiones con olvido de su horizonte de realización. Más bien, desde la perspectiva de las ideas que, surgidas de los socavones mineros, las organizaciones campesinas o los saberes de los pueblos originarios, reclaman formas no destructivas del trato a la naturaleza. Una economía más justa reclama también una revisión del sistema de transporte, que coloque al ferrocarril en su centro. Razones hay de todo tipo para hacerlo. Económicas, sociales, laborales, de integración regional. Dificultades también de todo tipo: las brutales concesiones y desguaces realizados en los noventa dejaron una escena catastrófica, pueblos abandonados, vías levantadas, estaciones cerradas, material vendido como chatarra. Y otro tanto cabe decir del hospital público y las políticas de atención primaria de la salud, aún no recuperados de la devastación sufrida en los 90 con el único propósito de convertir a la enfermedad en un negocio, manejado por mafias y grupos empresarios privados que siguen cobrando millonarios dividendos y víctimas.


Economía con autonomía creativa, decimos entonces. Aludimos a la revisión de lo que por momentos es sancionado como imposibilidad y al salto necesario sobre las vallas que restringen la redistribución de los ingresos. Uno de esos obstáculos continúa siendo el trabajo no registrado, fuente inagotable de inequidad y atropellos que afecta a poco menos de la mitad de la mano de obra ocupada. Tributos más progresivos y un sistema impositivo renovado son imprescindibles si el horizonte es el de la distribución de los recursos económicos hacia los más desposeídos. La reforma financiera lo es para orientar el flujo de los capitales a zonas de rentabilidad social y ampliación laboral. Nos espera un duro trabajo de demolición de los valores y las prácticas de la injusticia y de la desigualdad que se han vuelto parte de un sentido común naturalizado por los ideólogos del mercado y de su inexorabilidad incuestionable. Esfuerzos de la inteligencia y del compromiso que tramarían los hilos subterráneos de las casi desvanecidas memorias de la equidad y de la solidaridad.
Los nuevos facciosos han avanzado mucho. Se presentan en nombre del interés general. Han fabricado la figura de los gobernantes advenedizos, del falsario y del impostor para señalar a una experiencia política que, sin embargo, en una fisura inesperada de la historia, originó cambios a partir de 2003, los balbuceó de improviso, indudablemente con menguas y desperfectos pero abriendo un surco sin el cual seguiríamos encerrados en la pura lógica de lo testimonial. Y muchas veces los plasmó con oportuno sentido de la excepcionalidad que encarnaban. Una parte de la sociedad y el invisible esqueleto minoritario que anima los cánones de la conflagración general contra el gobierno, combate las aspiraciones generales a la transformación de la vida colectiva. Están más activos que nunca los destituyentes mientras a los constituyentes nos hacen aparecer como errantes en un desierto por apoyar a un gobierno democrático. La palabra corrupción, la palabra seguridad, están listas para provocar el escandalizado martillazo final. Son cuestiones graves, para las que hay desechar las soluciones inmediatistas de una derecha que asume aspiraciones militantes, y las de periódicos que dan como noticia buena el fruto de un activismo social que antes repudiaban y en el fondo siguen repudiando, pero que es motivo de festejo si permite la zancadilla y el escarnio que irá a mellar los ámbitos gobernativos. La política mundial está munida sin excepciones de recursos sigilosos y economías favorecidas por tratos excepcionales realizados en las penumbras, tema sobre el cual, en nuestro caso, hay que intervenir más enérgicamente y al mismo tiempo, señalar la diferencia entre hechos reales acontecidos y el modo en que se apodera de ellos el elenco estable de gacetilleros de la desestabilización.

El lenguaje ha sido detonado por dentro. La Pirámide en su intencionada mudez no puede aceptarlo. No puede ser ella el sepulcro de la memoria del pueblo argentino y la pérdida de sus nociones orientadoras de progreso y crítica. No puede contemplar pasivamente el espectáculo de los que se frotan las manos cada vez que una porción popular se opone con masculladas injurias a las mismas medidas que objetivamente los favorecen. ¡Algo grave ha pasado! A la objetividad le falta subjetividad; a la intimidad le falta constitución pública efectiva. Una parte del país recibe con apatía lo que debía reanimarlo, y los que perciben su misión reanimadora cargan vacía, demasiadas veces, la mochila del largo plazo, del lenguaje material y efectivo de la promesa a ser cumplida. Precisamos ver nuevamente la política como promesa y proyecto. Y la precisamos ver todos, incluso quienes aún no sospechan que formarán parte del tendal de víctimas de los descabezadores y aplanadores que no se detendrán en un gobierno ni en un sector social –la historia argentina es pródiga en ejemplos–, a la hora de la cosecha y la revancha.

La situación actual, tan compleja que es, sigue manteniendo sin embargo una apertura histórica. Es necesario saber que las operaciones de cierre de ciclo que pululan por doquier tienen a su favor el estado real de agrietamiento en la opinión general, sometida a operaciones de escepticismo, folletín moralizador y miedo. La cancelación de expectativas es un martilleo diario. ¿No lo escuchamos presentado de muchas maneras? Con gravedad, con inocencia, con taimadas denuncias ante los gobiernos extranjeros. En el colmo de la estulticia, son acusaciones permanentes que minan la creencia pública, pues lo importante es generar el cuadro mayor de incredulidad y el hartazgo. En nombre de la política procuran la despolitización general. El enredo argentino está elaborado con la estopa de la desesperanza y la incredulidad. Desde un pastoso anonimato, gritos tenebrosos dicen ¡basta! y al no declarar su autoría parecerían una voz popular extensa cuando sólo es la saña amplificada de los juramentados a favor del gran retroceso.

Es necesario crear e imaginar nuevos lenguajes. La Pirámide es símbolo laico y profundo de un republicanismo democrático y social, no de un republicanismo que haga retroceder a la democracia. En ella, la idea de patria es una memoria que viene de la infancia y adquiere la gravedad de un mejor destino para todos. Puede entonces desprenderse de las visiones que finalmente la condenan a ser mera rememoración de los hechos bélicos fundantes. Liberada de ampulosas y gastadas atribuciones, puede también acoger a todos aquellos que hoy habitan el suelo argentino y muy especialmente a los contingentes migratorios que hacen realidad, en estas calles, este momento de nuestra América. Son, por eso, la de patria y la de república, ideas capaces de tramarse con formas políticas nuevas y en gran parte ajenas a las tradiciones que aquellas palabras connotan. La Pirámide fue un lenguaje nuevo con las madres de Plaza de Mayo y sigue siendo a la vez clásico. Es la forma geométrica y conmemorativa de los antiguos, viviente en las culturas milenarias de los pueblos americanos preexistentes y de los revolucionarios que inauguraron el siglo XIX sudamericano. Este lugar nos reclama hablar de otra forma de problemas antiguos y releer la historia para tratar problemas nuevos. Los nuevos lenguajes no deben ser innecesariamente complejos ni presentados como exhalación de preclaros individuos, sino descubrimientos a los que debemos abrir nuestra conciencia. Partes redimidas de todos los lenguajes anteriores deben habitar en él. Se trata de combatir la estridencia de voces necias con una soberanía de pensamiento de los más; se trata de la emancipación siempre dificultosa de nuestros propios costumbrismos para poder hacer justicia a los hechos con la narración que les correspondería. Por la necesidad imperiosa de recuperar lenguaje y memoria, por darle curso a sueños y poéticas emancipatorias, leemos esta carta en el corazón de una patria urgida y que nos reclama intensidad reflexiva, pasión del espíritu y compromiso con el pueblo al que pertenecemos.

Espacio Carta Abierta
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30.11.09

Herman Schiller: El judaísmo oficial, la dictadura y el "Pirkei Avot"

"No quisiéramos enterarnos que nuestros hijos judíos fueron asesinados con armas israelíes. Además, recordamos muy bien el manoseo despiadado que recibíamos en la DAIA"

Durante el acto de homenaje a Nueva Presencia realizado hace un año con la presencia de Osvaldo Bayer, David Viñas, Víctor Heredia y otros, la señora Frida Rosental, madre de Luis Ricardo, secuestrado el 31 de agosto de 1976, leyó un comunicado que suscribieron quince familiares de detenidos-desaparecidos judíos. El texto era muy claro y diferenciado de las historietas que el judaísmo oficial ha puesto en movimiento de un tiempo a esta parte para autoblanquearse respecto del papel jugado durante la dictadura.

“La alta jerarquía de la Iglesia y las fuerzas armadas –decía el comunicado–, dos de los protagonistas de la criminalidad de la dictadura militar, pidieron perdón. Sabemos que fue un acto hipócrita, para adaptarse a los nuevos vientos políticos, porque de ningún modo están arrepentidos de lo que hicieron como autores y cómplices. En cambio, los ‘nuestros’, los del quehacer institucional judeoargentino y los distintos gobiernos israelíes, ni siquiera eso. Y en los últimos tiempos han desatado una feroz ofensiva de autoblanqueo para ocultar su complicidad”. Renée Epelbaum, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, acuñó aquella frase que se hizo carne entre nosotros: “No quisiéramos enterarnos que nuestros hijos judíos fueron asesinados con armas israelíes. Además, recordamos muy bien el manoseo despiadado que recibíamos en la DAIA cuando acudíamos solicitando auxilio en aquellos días de dolor e incertidumbre y nos lanzaban una cachetada en forma de reproche: ‘A ustedes les pasó ESTO porque no les dieron a sus hijos educación sionista’”.

Bastante tiempo atrás, otra madre judía, María Gutman, integrante de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y madre de Alberto, secuestrado el 28 de noviembre de 1976, publicó en el periódico Nueva Sión que se edita en Buenos Aires (diciembre de 2001, página 10), una crítica parecida a raíz de las movidas que en esos días generó el gobierno de Israel.

“He leído con atención este escrito aberrante que es el ‘Informe oficial de Israel sobre desaparecidos judíos en la Argentina’”, señaló la señora Gutman para agregar a renglón seguido: “No me sorprende el descaro y la desfachatez de las autoridades israelíes, que no dicen absolutamente nada de su nefasto papel en esa época. Israel, al igual que sus patrones norteamericanos, le dio a la dictadura apoyo económico, político, moral y armamentístico. Nuestros queridos hijos sufrieron una doble persecución: por parte de los fascistas uniformados, que los torturaron y los hicieron desaparecer. Y, también, por parte de los fascistas judíos, que armaron a los asesinos. Cuando en 1982 el primer ministro Shamir vino a Buenos Aires, no nos quería recibir. Shamir es un fascista y yo soy antifascista. También lo era mi hijo. Y yo estoy profundamente orgullosa de los sueños revolucionarios y de las luchas de mi hijo. Que era judío y, a lo mejor, fue asesinado con armas israelíes”.

Frente al oportunismo e hipocresía con que el judaísmo oficial pretende en los últimos años abordar este tema, suelo esgrimir todos mis argumentos para denunciar la falsedad de la pretensión. Hoy, frente a un nuevo acto convocado por los dirigentes de la AMIA para rendir “homenaje y recordación a los desaparecidos judíos en la Argentina”, preferí transcribir los conceptos de dos madres judías. Me parece que son mucho más categóricos e irrefutables que lo que pueda decir alguien como yo, profundamente involucrado en esta historia, pero no directamente afectado por la tragedia. De todos modos quiero agregar un par de anécdotas.

El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, hace algo más de seis años, cuando todavía era juez federal, participó conmigo (y con María Gutman) en un programa televisivo de la comunidad judía conducido por Daniel Schnitman. Allí narró de qué modo sobre los finales de la dictadura y junto al poeta Vicente Zito Lema, entrevistaron en Europa a Peregrino Fernández, un policía que se quebró y confesó buena parte de las atrocidades cometidas por él y sus compinches. Peregrino, durante la extensa confesión, dio pormenores de cómo Herzl Inbar, ministro consejero de la embajada de Israel en la Argentina, les daba “instrucciones antisubversivas”.

Pero para entender mejor la filosofía existencial de la dirección de la comunidad judía, vale la pena recordar un hecho que protagonizaron en noviembre de 2001. Por loco que pudiera parecer, los dirigentes de la DAIA, en aquellas horas de auge de las luchas populares, rindieron homenaje a la policía. Y uno de los homenajeados fue nada menos que el comisario Jorge Palacios (alias “Fino”), que era el jefe de la denominada “unidad antiterrorista”, un organismo plagado de elementos fascistas.

Un tratado judío de la antigüedad, Pirkei Avot, escrito en idioma arameo, contiene un aforismo, un consejo, que debería guiar a todo buen judío: “Al titvadá larashut”, no te acerques al poder. La comunidad judeoargentina, en otros tiempos (por ejemplo, durante el pogrom de la Semana Trágica de 1919), cuando la mayoría de sus miembros eran obreros, artesanos o clase media baja, había mostrado una honrosa tradición de lucha y de confrontación con las autoridades. En las últimas décadas, obnubilada y manipulada por su dirección burguesa y reaccionaria, ha estado mimetizada con el poder de turno. Poder político y poder económico. Y casi nadie parece recordar el bello aforismo del Pirkei Avot”.

FUENTE: La Haine


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15.11.09

Toda conclusión destituyente no es mera coincidencia. A confesión de parte...

Se viene hablando del "clima destituyente" desde, al menos, el asunto de la Resolución 125 y "el campo". Por supuesto que los directamente involucrados en esto y sus voceros mediáticos lo negaron y lo niegan tratando de que aparezca como una suerte de paranoia kirchnerista o un tremendismo sin sentido. Sin embargo, existe y es obvio para más gente de la que lo admite...

Hace poco dejé un reportaje que se le hizo a la periodista Stella Calloni que mencionaba, entre otras cosas, a UnoAmérica comparándola con la Operación Cóndor... y de los personajes bastante inmundos de la política vernácula implicados en este tipo de confabulaciones...
Ahora aparece nuevamente esta ONG manifiestamente antidemocrática disfrazada de institucionalista (con la bandera del nuevo golpismo al estilo Honduras)

Adentrémonos un poco más en el oscuro y maldito mundo de esta organización de la mano de Nora Veiras...


Pierden el pelo pero no las mañas





Por Nora Veiras





Los promotores de la movida son Jorge Mones Ruiz y Liliana Raffo de Fernández Cutiellos. Integran UnoAmérica, la organización que se propone combatir “el castrocomunismo”. Quieren que el próximo Congreso remueva y juzgue a la Presidenta.



“Más de veinte Organizaciones No Gubernamentales de la República Argentina, pertenecientes a la Unión de Organizaciones Democráticas de América (UnoAmérica), promoverán la destitución de Cristina Kirchner en el marco de la Constitución y las normas de la democracia.” El ex carapintada Jorge Mones Ruiz y Liliana Raffo de Fernández Cutiellos firman la arenga como delegados de la organización destinada a “combatir el castrocomunismo en América latina”.
Aggiornado, el mayor de caballería, condenado por el levantamiento seineldinista de 1990, ya no piensa en golpes militares tradicionales, sino que avizora un escenario de impotencia del oficialismo en el Congreso y una unidad de la oposición para desplazar a CFK. El grupo viene tejiendo vínculos con ruralistas, duhaldistas y hasta coquetearon en el entorno de la Coalición Cívica.



“Desde diciembre de 2008 me desempeño como delegado en la Argentina de UnoAmérica, confederación internacional de ONG que brega por la restauración de la República, la democracia, la libertad los derechos universales conculcados en países como el nuestro, que forman parte del ‘eje de lo peor’, en procura de instaurar en ellos la nueva versión neomarxista denominada ‘socialismo siglo XXI’”, explica el propio Mones Ruiz en una de sus páginas web. Con el impulso dado por los antichavistas venezolanos y la ultraderecha colombiana, formaron UnoAmérica como la contracara de la Unasur. Horrorizado por los postulados del Foro de San Pablo, que surgió como reacción ante el neoliberalismo de los ’90, el ingeniero venezolano Alejandro Peña Esclusa reclutó en los reductos más reaccionarios del continente y apuntó primero contra Chávez, después contra Evo Morales y Rafael Correa y ahora contra la Presidenta argentina. Los vínculos de la organización se entrecruzan con la Fundación para el Análisis Económico Social (FAES) que dirige el ex premier español José María Aznar, con la Fundación Internacional para la Libertad presidida por Mario Vargas Llosa y con la Agencia Internacional para el Desarrollo (Usaid), conocida como “la cara social de la CIA”.



Una de las misiones de Mones Ruiz y Fernández Cutiellos, viuda de un teniente coronel muerto durante el intento de copamiento del Regimiento de La Tablada por parte del MTP en 1989, fue visitar Bolivia a principios de este año. El objetivo declarado: recabar información sobre la Masacre de Pando. UnoAmérica denuncia que los asesinatos de aborígenes y campesinos fueron producto de una acción orquestada del gobierno de Morales para victimizarse y no de la acción de hordas fascistas comandadas por la ultraderecha boliviana. Poco después de esa visita, la policía de ese país desbarató una banda encabezada por el húngaro boliviano Eduardo Rozsa Flores y los mató a él y a otros dos extranjeros. El gobierno de Morales denunció un intento de magnicidio. En el marco de la investigación, Ignacio Villa Vargas, el chofer de Rozsa, dijo que éste se había reunido con el ex carapintada argentino. Apareció también un video del propio Rozsa en el que confesaba que lo estaban financiando grupos de empresarios de Santa Cruz de la Sierra con el propósito de conseguir la secesión de ese territorio.



Mones Ruiz fue agregado militar en Bolivia durante la última etapa de la dictadura argentina. De hecho, otro ex carapintada, también del arma de Caballería, Luis Enrique Baraldini, prófugo de la Justicia por delitos de lesa humanidad, fue detectado a principios de este año en Santa Cruz pero logró escabullirse. Mones Ruiz, indultado, se recicló como licenciado en Ciencia Política y hasta logró ser designado asesor del ex ministro de Defensa de la Alianza Ricardo López Murphy. El conchabo le duró poco: fue desplazado cuando se publicó su currículum en la revista Ventitrés.



Proyección de deseos



Sin detallar las organizaciones que acompañan la iniciativa de destitución de CFK, el comunicado destaca que “consideran que la gestión de los Kirchner ha destruido el país, viola los derechos humanos, acaba con las instituciones democráticas y, sobre todo, obedece a un designio internacional, ajeno a los intereses de los argentinos, enmarcado dentro del Foro de San Pablo y dentro de los objetivos del comandante Chávez”. Anticipan un plan de operaciones de “denuncias concretas” por el “atentado contra la Carta Magna en procura de un Estado colectivista y totalitario”, distintos hechos de corrupción (“enriquecimiento ilícito, caso medicamentos, caso Skanska, valijas de Antonini Wilson, etc.”), destrucción del aparato productivo, desarticulación de las Fuerzas Armadas, atentados contra la libertad de expresión (“Ley de Medios”) y manipulación del sistema judicial (“existencia de presos políticos”). Fernández Cutiellos y Mones Ruiz junto a Cecilia Pando se reunieron poco antes de las últimas elecciones con el ex presidente Eduardo Duhalde para reclamar por la libertad de los represores detenidos. En el marco del mismo lobby se habría encontrado Ana Barreiro, esposa de “El Nabo” Barreiro, preso por su actuación en el Tercer Cuerpo de Ejército, con la líder de la CC, Elisa Carrió.



En línea con los dichos del presidente de la UCR, Gerardo Morales, y de Carrió, los delegados de UnoAmérica también agitan fantasmas por las armas en grupos sociales. Mones Ruiz y Fernández Cutiellos denuncian “negligencia ante la presencia de elementos del narcoterrorismo en el país” y afirman que “asistimos a ‘ejercicios de cuadros y tropa en el terreno’ desarrollados por organizaciones que, financiadas por ‘valijas venezolanas’ y desde ministerios sociales, se preparan para escenarios violentos con la experiencia propia y el asesoramiento de Sendero Luminoso y las FARC”.



Expectante por el recambio legislativo del 10 de diciembre, la ultraderecha confía en encontrar eco en el nuevo Congreso. “La forma más acabada para demostrarle a todos los argentinos y al mundo que la Argentina quiere seguir siendo una República y una democracia moderna, es procurar la destitución de la Presidenta y su juzgamiento inmediato, al igual que a los cómplices que sumergieron a nuestra Nación en la escoria de las patrias sin destino”, concluyen los delegados de UnoAmérica.



Toda conclusión destituyente no es mera coincidencia. A confesión de parte...
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9.11.09

El largo y sinuoso "Eje del Mal" de Obama...


En estos últimos días pude sustraerme un poco (sólo un poco...) de los acontecimientos tan "enrarecidos" que estamos viviendo los argentinos. Ese clima que por momentos se siente muy espeso por las "serruchadas de piso" que viene intentando la derecha desde, sobre todo, principios del año pasado... y por un oficialismo que si bien está produciendo algunos hechos políticos interesantes, no deja de buscar algunos apoyos en sectores no del todo convenientes, por decirlo de alguna manera y desde mi punto de vista. Entre ellos, el sindicalismo de los "gordos", con Moyano a la cabeza, con determinados intendentes del Gran Buenos Aires, etc... que imposibilitan o dificultan un grado superior de "consenso" en diferentes sectores de la sociedad y de los partidos políticos menores.

Pero como decía, por estos días pude abstraerme un poquito de todo esto y me puse a mirar algo más ampliamente el panorama. O tratando de hacerlo, dentro de mis limitaciones...
Lo más evidente, que salta a la vista y que golpea como un puñetazo en medio de la frente, es el avance grosero de los Estados Unidos de Obama, flamante premio Nobel de la Paz (?) sobre Latinoamérica.

Como escuché a James Petras hace unos días, el tema de las bases norteamericanas en territorio de América Latina es sumamente preocupante. Bases en Colombia para, principalmente, tener "bajo control" y al alcance de la mano a Venezuela. Bases en Perú para controlar a Ecuador y bases en Paraguay con la mira puesta en Bolivia (sólo en principio a estos 3 países, porque todos entramos dentro de su "mira". Brasil lo entiende así y está pertrechando a sus fuerzas armadas para defender, entre otras cosas, su petróleo en el mar y la Amazonia).

Las declaraciones del presidente venezolano, Hugo Chávez, que le recordó a los responsables militares que deben prepararse "para la guerra" e instó a los ciudadanos a "defender la patria" ante futuras agresiones armadas que advirtió podrían ser orquestadas por Estados Unidos desde suelo colombiano. Además, le advirtió a Obama que "no se vaya a equivocar y vaya a ordenar usted una agresión abierta contra Venezuela usando a Colombia, porque nosotros estamos dispuestos a todo".

Cada cual tendrá su idea respecto a Chávez. Respecto a su ideología o a sus formas de hacer y decir... pero lo que dijo no puede tomarse como otra de sus actitudes "pintorescas". Es demasiado serio el tema y son demasiadas "coincidencias" que se vienen dando como para no creer que tiene razones muy grandes como para decir lo que dijo. Las bases en Colombia están y se sabe que no son precisamente para combatir al narcotráfico. Como dijo ayer Fidel Castro en un artículo publicado en Página 12, "Es realmente cínico proclamar que el infame acuerdo es una necesidad de la lucha contra el tráfico de drogas y el terrorismo internacional."

Tampoco hay que olvidarse de que Panamá autorizó la instalación de 2 bases aeronavales norteamericanas en su territorio y que ahora, EEUU quiere que sean 4 en lugar de 2... (Panamá está casi tan próximo a Venezuela como lo está Colombia, de la que, dicho sea de paso, Panamá era parte y se separó cuando EEUU construyó el Canal)

La CIA (en sus múltiples variantes y con cómplices en diferentes estamentos) nunca descansa y planeó y sigue planeando acciones contra Venezuela y contra Chávez en particular... Además, las relaciones entre Venezuela y Colombia están tirantes desde hace bastante tiempo e incluso con algunos conflictos en la frontera anteriores.

Habrá que estar muy atentos a lo que suceda allí. Es vital no sólo para Venezuela, sino para toda la región.

No menos importantes son, por supuesto, las amenazas por ahora más latentes (aunque no tanto) contra Bolivia y Ecuador. Ambos países están sufriendo un embate salvaje de los sectores más reaccionarios. Inclusive Evo Morales debe eludir demasiado asiduamente los posibles atentados que se planearon y planean contra su vida, como el que se pudo desbaratar no hace tanto tiempo.

Y no debemos olvidar la pasividad del gobierno de Obama (o la "doctrina del Smart Power") ante los golpistas de Honduras... (Si bien los EEUU no reconocieron el gobierno de Michelletti, no se esfuerzan demasiado para evitar que continúen en el poder y llegar a las elecciones con un gobierno de facto. Al contrario, ahora parece que la "adminstración Obama" dio su aval para ello)

A todo esto hay que agregarle el condimento del socio de siempre de EEUU: Israel... que hace tiempo está metiendo las narices por aquí, aunque difícilmente aparezca en las noticias. Hoy aparece entrenando a militares peruanos, como antes estuvo involucrado en el "rescate" de Ingrid Betancourt en Colombia, entre otras cosillas...

En Argentina también hay "agitación" en las filas de la derecha reaccionaria. Tuvieron algunos éxitos y algunas derrotas, pero eso no los detendrá. También debemos permanecer bien atentos a lo que intenten. Los intereses que se han tocado, aunque fuera de manera leve, son muy poderosos y viles... y como lo comprobamos varias veces, muy sanguinarios.

Si alguien supuso que Obama iba a ser algo diferente o mejor que Bush, ahora estará cayendo en la cuenta del grueso error de apreciación cometido... El Nobel fue, evidentemente, una maniobra para darle un barniz santificante a lo que estaba pensando hacer el gobierno norteamericano por su propia iniciativa y, sobre todo, en obediencia al verdadero Poder ejercido por la elite banquero-petrolera.

Guantánamo sigue allí, con su ominoso rostro represivo y torturador. Obama no cumple y no cumplirá su promesa de cerrar ese campo de concentración. Tampoco hará lo propio con Abu Graib ni con Bagram, ni con ninguno de los tantos campos secretos similares que tiene EEUU diseminados por el planeta...

Tampoco olvidemos Irak (invadida, saqueada y destruída a partir de la inmensa mentira que "justificó" semejante barbarie: las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Saddam Hussein, al que "ajusticiaron" para que no hablara todo lo que sabía desde los tiempos en que EEUU lo apañó como a un amigo y aliado). Un genocidio humano y del patrimonio histórico y cultural de la Humanidad, en nombre del sacrosanto negocio de las petroleras anglo-norteamericanas, de la Halliburton y demás linduras), o a Afganistán, donde hace años que buscan y buscan sin cesar al terrorista "number one", a don Bin L. y no lo pueden encontrar... y para pasar el rato, las tropas norteamericanas ayudan a que prosperen los cultivos de opio como nunca antes... lo que significa una excelente manera de financiar los ingentes esfuerzos de la CIA por mantener y consolidar la Democracia y la Libertad en toda la faz de la Tierra...

Siempre se creó la ilusión en la población mundial, que los gobiernos Demócratas de EEUU eran más "humanos", más "civilizados", más "respetuosos" de las Democracias que los Republicanos. No sólo no es así (Recuerden a Kennedy, por ejemplo... invadiendo Cuba o entrando en Vietnam, por nombrar sólo dos hechos), sino que no tiene sentido pensar que pueda ser así ya que ambos son una división del partido único preexistente (no recuerdo ahora su nombre) y que tienen muchas cosas y personajes en común. Mucho oculto y subterráneo que los une y hace que sean el complemento perfecto para mantener el engaño mientras siempre se cumple el deseo de la omnipresente elite banquero-petrolera anglo-norteamericana... (para comprender mucho mejor todo este "menjunje" explosivo les aconsejo que si no lo leyeron, le dedique un tiempo y mucha atención al excelente libro de Walter Graziano, "Hitler ganó la guerra". No se arrepentirán)
Así de espeso está el panorama, según lo que creo ver. Pero sobre todas estas cosas, lo que más me preocupa y me desvela es pensar en lo penoso que debe ser para los miembros de la Academia Sueca justificar semejante papelón de haber otorgado el Nobel de la Paz a Obama...!!!

A 20 años de "la caída del Muro de Berlín", casi se puede decir que antes de ese suceso el mundo era mucho más seguro que hoy, a pesar de la amenaza atómica. Ahora el lobo se terminó de quitar el disfraz de cordero porque ya le quedaba muy chico y ahora mata, tortura, invade, nos enferma, nos miente, nos explota, somete y rapiña a cara descubierta y más desvergonzadamente que nunca...

Además hay que reconocer que en la era del genocida George W. Bush la cosa era un poco más sencilla que hoy. El "Eje del Mal" comprendía sólo a tres países (Irak, Irán y Corea del Norte). Hoy el de Obama es sensiblemente más amplio y, por ende, (parafraseando a la hermosa canción de los Beatles) es un mucho más "largo y sinuoso Eje del Mal"...

Qué lo parió..., diría Mendieta.


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3.11.09

Los "contactados": ¿Qué intereses defienden algunos supuestos "demócratas"?

Para recordar algunos datos que la periodista Stella Calloni dio en el reportaje que publiqué el domingo pasado (1 / 10 / 2009)
Nos cuenta de algunos políticos y dirigentes "contactados" por "fundaciones" que se dedican a desestabilizar gobiernos y, sobre todo, que quieren atacar todo lo surgido del Foro de Sao Paulo (como Unoamérica...).

Copio sólo esa parte, pero pueden leer el reportaje completo AQUÍ...

... ... ... ... ...

(...) Ahora la excusa para volver a utilizar la represión que utiliza Unoamérica es que hay que destruir al Foro de San Pablo. Unoamérica está involucrada en un intento de asesinato a Evo Morales.

G.E: Hay otro tipo de fundaciones en la que participan varios integrantes del PRO ¿Están relacionadas con Unoamérica?

S.C:El PRO está organizado en la Fundación PensAr y a su vez con la Fundación Libertad . Son más sutiles, son un producto de marketing. Unoamérica es muy burda: patria, familia y propiedad. Fundación Libertad tiene un papel que cumplir. Unoamérica tiene otro. Aunque apuntan a lo mismo.
Fundación Libertad es más peligrosa, más sugestiva, esconde detrás de cursos el plan de recolonización de Estados Unidos. Trabaja bajo diversos nombres en muchos países de nuestro continente. También está el movimiento de Patricia Bullrich, Unión por Todos, en la provincia de Buenos Aires que participa de Unoamérica. La Coalición Cívica pidió ayuda a la NED para estudiar la corrupción en el Congreso. ¡La NED que participó del golpe de Chile, la invasión a Panamá, la guerra en Nicaragua! Estas Fundaciones dependen de la NED, que también estuvo en el intento de golpe a Evo Morales.
Lo peor es que Unoamérica realizó un congreso internacional en Buenos Aires ¡Una fundación de características terroristas, que participa en el golpe de Honduras, actuando públicamente en Argentina! Los organismos de Derechos Humanos tendrían que cerrarle la puerta a estas fundaciones que son el renacimiento de las dictaduras. (...)

(...) La Fundación Libertad dio cursos a los productores rurales en Rosario y por primera vez en la historia convence a la Federación Agraria de aliarse a la Sociedad Rural Argentina. La SRA, los golpistas de siempre. (...)
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1.11.09

Entrevista a Maristella Svampa: Por dónde se corta el hilo

Maristella Svampa –licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París– ha estudiado no sólo la formación y consolidación de las organizaciones piqueteras, sino también el modo en que se ha buscado criminalizar sus reclamos con argumentos que, desde mitad de los años ’90, han servido a distintos ciclos políticos. Desde ese lugar, la académica advierte sobre las particularidades de los discursos políticos y mediáticos que, con violencia, se hicieron oír la semana pasada, estigmatizando a determinadas agrupaciones de desocupados y desocupadas y a sus dirigentes, especialmente a una de ellas, una mujer, Milagro Sala. El avance de la derecha, la comprensión de la política –otra vez– en términos de civilización o barbarie y la configuración de nuevas organizaciones sociales en boca de una intelectual que ha sabido acompañar el pulso popular a lo largo de las últimas dos décadas.


Acaba de firmar, junto con otros intelectuales, una declaración alertando sobre los efectos de los discursos criminalizadores de ciertos movimientos sociales por parte de Elisa Carrió, Gerardo Morales y las coberturas de los diarios Clarín y Nación.

–Es que es muy preocupante porque cada vez que se agita el fantasma de la violencia política los contextos represivos se acentúan o hay episodios de represión. Hay además un clima muy enrarecido en la sociedad en el último año y medio. Mucha gente empezó a pensar en términos de una estructura binaria, de fuerte polarización. A pesar de que no soy partidaria de lecturas de lo destituyente, ese esquema binario que instala el sistema de amigo/enemigo de manera tan tajante lo que hace es debilitar aun más el contexto democrático en Argentina e impide pensar en la complejidad de los conflictos políticos. Pero más allá de esas lecturas es necesario decir que sí está enrarecido el clima y que ha habido un avance de la derecha que apela en su discurso a la noción de seguridad, de gobernabilidad.

Pareciera como que ese avance de la derecha ha logrado consolidar, tal vez a partir del conflicto con los sectores agrarios, un “nosotros” que se da el lujo hasta de expresiones racistas.

–Yo no soy partidaria de lecturas lineales. Efectivamente hay una campaña antipiquetera muy fuerte que instala distintos discursos criminalizadores que ahora se ven reactualizados con distintos voceros, pero sólo reactualizados. La criminalización de los movimientos sociales e incluso de la pobreza son dispositivos generales del modelo neoliberal desde mediados de los noventa, cuando surgen los primeros levantamientos comunitarios en las localidades petroleras al estilo Cutral-Có y Plaza Huincul en Neuquén, Mosconi en Salta. Entonces ya se aplican dispositivos de criminalización en ese marco de Estado de seguridad –porque hay un mayor pertrechamiento de las fuerzas de seguridad, no olvidemos el rol que empezó a tener Gendarmería Nacional–. Estos dispositivos recorren, de manera diferente, distintos ciclos políticos. Las organizaciones piqueteras fueron criminalizadas desde el origen, más allá de que circunstancialmente ahora sean las organizaciones piqueteras que tienen afinidad con el Gobierno las que aparecen como en el centro del cuestionamiento.

Sin embargo, ahora se hace cierto hincapié en la estigmatización de los rasgos identitarios de estas organizaciones.

–En realidad los argumentos que forman parte del discurso criminalizador estaban en juego desde principios del 2000 y para mí son cuatro:

-Asociar a las organizaciones de desocupados con la figura del “subversivo”. Ejemplos: Cuando se da el Cutralcazo el Gobierno mismo habla de rebrote subversivo. Los piqueteros de General Mosconi en 2001 son vinculados con las FARC y la ETA. Cuando se da la masacre de Puente Pueyrredón lo primero que se dice, de lo primero que se habla es de la existencia de un complot y de luchas internas entre piqueteros. Es decir, esa figura recorre el discurso criminalizador. Hoy en día se habla de violencia política y violencia piquetera y hay quienes comienzan a decir si efectivamente no hay más piqueteros armados. Este argumento es el más grosero y tal vez por eso también el más endeble.

-La hipótesis de la manipulación: O bien hay partidos políticos detrás y por ende esto los desnaturaliza en sus demandas. O bien son presos del clientelismo. Así se convierte a los piqueteros en agentes asistenciales que son cooptados por los diferentes gobiernos que distribuyen de manera discrecional esos planes sociales, no son por ende autores libres o autodeterminados, lo cual exhibe un desprecio importante.

O sea, no hacen política sino simplemente ponen el cuerpo.

–Ese es otro argumento, que se usa últimamente: la hipótesis miserabilista. Que yo llamaba así desde el año 2004, es decir que al ser bases sociales muy vulnerables, desprovistas, que se desenvuelven en el campo de la sobrevivencia, no pueden o no son capaces de hacer política. Hay una suerte de límite ontológico de la política y lo que se hace es, sobre todo, rechazar todo tipo de análisis complejo y asimilar las organizaciones de desocupados a esas masas sumergidas que no pueden autodeterminarse, no pueden pensar en otros mundos posibles. Son expulsados de la política.

¿Y el cuarto argumento?

–Sería una crítica normativa, que aparece en algunos diarios, en el discurso de ciertas ONG e incluso de académicos: ahí se dice que no son lo que deberían ser. Ellos deberían ser y tener otro tipo de demandas. Es decir, se movilizan o realizan cosas que no se espera que hagan. Salen del marco, la crítica normativa dice que no son lo que deberían ser y en cambio se constituyen en actores plebeyos, utilizan la acción directa, se organizan en cooperativas, solidariamente, pero además desarrollan una acción de tipo no institucional. Tal vez este último argumento sea el que está menos presente y ahora funcione más la hipótesis de la manipulación, clientelar. Pero insisto, en 2004 se hablaba de clientelismo de izquierda en relación con el Partido Obrero, por ejemplo. Se ignoraba así el contenido diverso y complejo del universo piquetero buscando simplificarlo y en este caso es clientelismo gubernamental.

Sin embargo, cuando se describe en los grandes medios a la organización Túpac Amaru, particularmente, todo lo que podría ser a favor, como la construcción de viviendas, etc., se traduce en descalificación. La organización se convierte en “Estado paralelo”.

–Es cierto, hace unos años se invisibilizaba la red solidaria que se desarrolla en los barrios, entonces se trataba de descalificar las acciones que se llevaban a cabo en el espacio público e invisibilizar lo que se hacía hacia dentro del territorio. Hoy en día creo que la hipótesis clientelar es tan fuerte que lo que se trata de demostrar es el carácter espurio de los fondos que se utilizan para hacer efectivamente este tipo de tareas que supuestamente deberían estar en manos del Estado. O que condena todo tipo de mediación, como espuria o discrecional. Lo cual es terrible y es a la vez ignorar toda la historia del movimiento y las organizaciones sociales que hacen trabajo comunitario. Es ignorar los cambios internos que ha habido en la matriz argentina en los últimos quince o veinte años. La composición misma de las clases populares, el surgimiento de nuevos movimientos sociales.

También se apela a cierto miedo de lo que pueden lograr estas agrupaciones de frente a un nosotros que parece muy fortalecido, un nosotros blanco de clase media que estaría amenazado por estas formas de organización paralela.

–Es posible que haya contenidos más fuertemente clasistas, con un sesgo racista, que es cierto que se instaló en los últimos tiempos. En los últimos tiempos también hay que analizar que esos pocos puentes o pasarelas que se habían tendido entre las clases medias y los sectores populares más organizados se rompieron por completo. Lo que queda ahora es muy marginal y lo que aparece ahora como emergente es precisamente un discurso muy autocentrado en esa noción de clase media blanca a la que vos te referís como representativa de lo que es el país. Es cierto eso. Pero yo no soy partidaria de una visión lineal de las clases medias.

¿Vos no advertís un espacio más fértil para que se escuchen discursos que parecen no registrar mediaciones en cuanto a la construcción de un otro oscuro, pobre, amenazador, incluso extranjero?

–Puede ser, pero yo lo que veo es más bien continuidad y cada tanto inflexiones en las que toma relevancia este discurso, pero este discurso criminalizador tanto de los medios como en algún caso fue del Gobierno en relación con los movimientos de desocupados y por extensión a otras organizaciones populares, sobre todo si uno piensa por ejemplo en las poblaciones originarias. Yo lo veo desde hace tiempo. ¿Qué es lo que hay de nuevo? Hay, más que un endurecimiento del contexto represivo, un avance de la derecha, una consolidación de un discurso altamente sicuritario en donde esto aparece también como una suerte de amenaza, sí. Pero en el 2004 también lo había, estaba (Juan Carlos) Blumberg, por ejemplo, todavía había más presencia de las organizaciones piqueteras en el espacio público de la ciudad de Buenos Aires. También lo había en el 2001 y en 1999 cuando empezaron a tener más centralidad las organizaciones piqueteras no sólo como sujeto social sino político. En realidad, la historia misma de los avatares de las organizaciones piqueteras, más allá de que hay diferentes fases y es un campo muy heterogéneo, está muy marcada por el discurso criminalizador que va desde la judicialización del conflicto –o sea llevar las acciones políticas al terreno penal–, hasta la criminalización o estigmatización mediática y política.

Esta vez, pareciera que la estigmatización mediática tiene un efecto directo sobre el sentido común que otras veces no funcionó de manera tan automática.

–Claro, este discurso criminalizador, estigmatizador, no tiene el mismo resultado, no siempre llega a cuestionar el relato identitario construido por un actor, que nunca es lineal. Cuando el gobierno de (Carlos) Menem calificó de rebrote subversivo lo de Cutral-Có, esa lectura no se instaló. Cuando el gobierno de (Eduardo) Duhalde habló de complot y matanza entre piqueteros en el Puente Pueyrredón, eso tampoco llegó a instalarse y fue desbaratado rápidamente por diferentes medios. A partir de 2004 hay inflexiones. A partir de 2004 hay un quiebre del relato identitario piquetero, porque los que habían sido hasta ese momento el símbolo de la lucha contra el neoliberalismo comienzan a ser vistos como una suerte de efecto perverso del modelo neoliberal.

¿A qué te referís con “efecto perverso”?

–Por el asistencialismo, por la manipulación política, por la cuestión de la violencia piquetera. Eso, hoy en día, aparece mucho más instalado, creo yo. Pero viene de 2004, activado, actualizado, con nuevos elementos por el hecho de que realmente no estamos frente a ese gobierno fuerte que fue el de Néstor Kirchner, con esa capacidad de aglutinar a sectores de derecha que demandaban gobernabilidad con sectores de centroizquierda que apelaban a la idea de transversalidad. Hoy en día esa coalición se deshizo y tenés el avance de una derecha que busca deslegitimar las organizaciones sociales que se incorporaron al Gobierno.

Son dos etapas diferentes pero que tienen continuidad, si no lo decimos parece que no tuviéramos memoria, que no recordamos ni lo que pasó en 1996 o en 2004. Hoy llegamos al punto en que abrís cualquiera de los dos grandes diarios nacionales y hablan de lo que pasó en Cutral-Có como si allí hubieran estado los piqueteros auténticos. Lo hacen a través de reportajes en los que se ubica a una figura que participó de aquel movimiento –pasa en la televisión también– preguntándole qué opina de D’Elía, qué opina de Pérsico, para que los deslegitime, para hacer la distinción entre piqueteros auténticos y los otros, o para quitarles ese nivel de autenticidad a los movimientos piqueteros. Porque ése es el objetivo de fondo, distorsionar lo que es un movimiento social. Que a la vez es muy heterogéneo y nunca tuvo una relación fácil con el resto de la sociedad.

Apenas se puede recordar un breve romance que encarnó aquella consigna de “piquete y cacerola, la lucha es una sola”.

–Sí, se habían tendido pasarelas y no puentes porque la primera correntada se las llevó puestas. Y que en realidad vuelven a mostrar esta ruptura de solidaridades sociales entre clases medias y clases populares. Pero también al interior de las clases populares hubo rupturas de solidaridades porque surgió un nuevo proletariado plebeyo dentro de ese mundo de los excluidos que se generalizó en los ’90.

¿A qué llamás proletariado plebeyo?

–En varios libros lo que analizo es cómo se dieron el declive y la fragmentación de las clases populares, clases trabajadoras muy ligadas al mundo del trabajo formal y vinculadas con el peronismo, sobre todo con los sectores sindicales y la emergencia de un mundo organizacional diferente, muy proclive a la acción directa y al desarrollo de otras formas de organización. Ese mundo de los excluidos que comienza a autoorganizarse y adquiere visibilidad, sobre todo a partir de 2001, es diferente de aquel mundo de los trabajadores urbanos relacionados con el trabajo formal. Este es un mundo desconocido que inspira miedo para muchos de estos sectores medios, blancos o no. Son los que sintetizan la imagen de las clases peligrosas, sobre todo si están del otro lado, en el conurbano bonaerense.

¿Su mera existencia podría funcionar como una amenaza para quienes todavía participan del sistema laboral?

–Ese mundo no es clase trabajadora, tampoco es lumpen proletariado como se lo intenta descalificar, sino un nuevo proletariado plebeyo que busca autoafirmarse a través de la acción directa en tanto ser excluidos dentro del modelo neoliberal. En esa suerte de autoafirmación de ciertos rasgos culturales asociados con las clases populares aparecen como altamente disruptivos y son también los que provocan tanto desprecio por parte de las clases medias en todo momento. Hablo de proletariado plebeyo porque conforma los contornos de una nueva clase popular y en ese sentido. Por eso ya no se puede hablar de clase popular en singular, hay que usar el plural, porque hay una fragmentación o distancia entre los excluidos y el mundo de los trabajadores sindicalizados, por ejemplo.

Las relaciones entre organizaciones piqueteras y trabajadores ocupados son muy, muy complicadas, muy poco verbalizadas. Siempre fueron vistas con desconfianza, incluso en ese período de las asambleas barriales había desconfianza hacia los piqueteros porque había varias cosas que los colocaban en el lugar de la alteridad radical, primero por su acción disruptiva; y después, la cuestión de los planes sociales nunca cerró del todo. Es cierto, cuando después veían lazos solidarios, comedores, panaderías, proyectos, emprendimientos productivos, ahí cambiaba el registro de lectura, pero era muy diferente la relación con los cartoneros, por ejemplo.

Para las clases medias parece más fácil relacionarse con sujetos asistenciales que con actores políticos.

–Claro, mientras los piqueteros eran sujetos políticos, los otros no aparecían de ese modo y sí demandaban una lógica más asistencial pero sobre todo pedagógica de parte de las clases medias. Es increíble, pero esas relaciones tortuosas dentro del universo militante incluso, son poco verbalizadas, no se habla acerca de lo difícil que es comprender, incorporar, tratar al otro en su diferencia. Y los piqueteros siempre fueron los peores tratados. Afuera y adentro del campo militante.

¿Y las piqueteras? ¿Creés que hay una mirada distinta cuando ese sujeto encarna en un cuerpo de mujer?

–Lo que hay que decir en primer lugar, cuando una habla de América latina y el campo militante, es que la presencia de la mujer es central, sobre todo en las clases populares. Es la gran articuladora. No sólo en lo que tiene que ver con desarrollo del tejido asistencial sino también con protagonismo político. Y es algo que ha implicado todo un proceso de empoderamiento. Cuando yo hice el trabajo sobre organizaciones piqueteras, y te estoy hablando del año 2002, a mí me sorprendió mucho ver ciertas actitudes de mujeres piqueteras, por ejemplo en la Corriente Clasista y Combativa, que se autolimitaban. Y que por ejemplo tenían miedo de hablar en público, en contraste con un gran trabajo comunitario. Ellas clamaban por más protagonismo pero a la vez reconocían el liderazgo masculino. Yo creo que ha habido mucho cambio en los últimos años, sobre todo desde 2002 en adelante.

¿A qué atribuís ese cambio?

–Porque desde entonces se configura un campo multiorganizacional que va desde las fábricas recuperadas, los colectivos culturales, cierto sindicalismo; el surgimiento de las organizaciones ambientales, y por supuesto las organizaciones piqueteras. Y es a partir de ahí que surgen otros espacios de circulación y de construcción de discursos identitarios y es ahí donde las mujeres comienzan a empoderarse, a partir de la consolidación de su participación en Encuentros de Mujeres, por ejemplo, y el desarrollo al interior de las propias organizaciones de desocupados de espacios de mujeres o de género. El caso del Frente Darío Santillán es un referente de eso. Con todas las ambigüedades o ambivalencias que tiene eso. He leído trabajos muy lindos en relación con estas dificultades que existen y de las distintas figuras de la mujer que coexisten en los espacios piqueteros: figuras tradicionales y figuras más innovadoras y disruptivas. El caso es que ha habido un empoderamiento muy importante.

Antes, teniendo las mujeres fuerte protagonismo, esto no era reconocido políticamente, salvo en el caso de Nina Peloso, a la sazón la mujer de Castells.

Una figura muy particular.

–Bueno, todas tienen que ser particulares y sobre todo muy fuertes para poder emerger en ese mundo netamente masculino y más en las clases populares, con fuertes contenidos patriarcales. Si no se imponen a través de figuras particulares, como ser la misma Milagro Sala, no hay posibilidad de consolidar un liderazgo femenino. Pero ahora sí hay reconocimiento del carácter político de esa participación social antes silenciada.

¿Se puede decir que esa emergencia tiene un costo? ¿No resulta más amenazador aun un liderazgo femenino, en tanto que la distancia hacia esa otra es prácticamente insalvable?

–No estoy segura. Aunque sí es evidente que hay una crítica a la no autolimitación. Pero a ver, cuando una piensa en movimientos históricos liderados por mujeres el rol siempre ha sido fundamental. Por ejemplo, el movimiento de Derechos Humanos: las Madres de Plaza de Mayo politizaron lo impolitizable. Es cierto, lo hicieron desde el lugar de madres. Pero dentro del movimiento piquetero también: en los orígenes, los primeros levantamientos comunitarios, tanto en Cutral-Có como en General Mosconi, las que lideraron las demandas de trabajo en nombre del hambre de sus hijos fueron las mujeres. Pero es cierto, lo hicieron desde un rol tradicional, ellas no son proveedoras pero tienen que asegurar la supervivencia. Y la verdad es que las mujeres le dieron tal fuerza al reclamo que pasó a ser urgente y ya no se lo vio como un reclamo político nada más. Fue un descubrimiento.

El problema es cuando queda totalmente velado el rol materno.

–Y sí, se le critica la no autolimitación. Sobre todo desde un discurso que la masculiniza. En ese sentido puede ser que se pague. Yo que trabajé el tema de los countries, en los asesinatos famosos en que las víctimas son mujeres hubo algo más que voyeurismo en la búsqueda del detalle de su vida privada, se la condenaba no solamente a ella como víctima sino directamente la libertad sexual. Era ejemplificador. En este caso tiene que ver con la libertad política, convertirse en referente en un mundo que les pertenecía a los hombres.

En el caso de Milagro Sala, el discurso desde los medios es sobre todo estigmatizador, a pesar de que se sienta la sospecha sobre un accionar supuestamente delictivo por el uso de armas o de la violencia, también se habla de, por ejemplo, su pertenencia a los pueblos originarios y hasta de su pelo “cortado a cuchillo”.

–Sí, pero los medios de comunicación adoptan un discurso que convoca e impulsa a la criminalización. Porque lo que hacen es, primero, reducir y simplificar la protesta, desdibujar la demanda de derechos y caracterizar como ilegal a la misma. Favorecen la judicialización del conflicto, los propios medios, sobre todo los televisivos, cada vez que enfocan una protesta lo primero que hacen es asociarla con el caos y establecer una jerarquía de derechos que pone sobre todas las cosas la garantía de circulación y no el derecho a tener derecho. Entonces sí es estigmatización mediática y social pero el camino de la judicialización está ahí nomás. Abre el camino a la criminalización y lo impulsa.

¿Cómo impactan estos discursos hacia dentro de las organizaciones sociales?

–Con mucha preocupación, porque cada vez que se agita el fantasma de la violencia política termina habiendo represión.

Y muertes. Como pasó en los casos que ya mencionaste: Cutral-Có, General Mosconi, la masacre del Puente Pueyrredón.

–Exactamente. Es muy preocupante y ya hay muchas organizaciones que hicieron declaraciones advirtiendo que cada vez que desde el poder, desde los medios, de los partidos políticos y en definitiva desde las fuerzas del establishment se asocia movimientos sociales a violencia política, lo que ha habido después son episodios de represión importantes. El último: la masacre de Puente Pueyrredón, donde antes se había escuchado incluso a dirigentes del partido radical hablando de violencia política.

También han aparecido como actores en los últimos años, organizaciones de pueblos originarios que antes eran más invisibles y que parecen muy fáciles de estigmatizar una vez que rompieron el cerco más difícil, el de la invisibilidad.

–Justamente, hace poco fui invitada por la asamblea de Loncopue a presentar el libro de la minería –Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales, Editorial Biblos– y había habido un hecho de represión hacia el movimiento de toma de tierras por parte de los mapuches. Los estancieros del lugar, autodenominándose así, estancieros, se habían reunido para condenar a las organizaciones mapuches diciendo que detrás de ellas estaban las FARC, la ETA. Nuevamente esta asociación entre organizaciones y violencia política, acusaciones groseras e inverosímiles pero que manifiestan un profundo malestar por parte del establishment ante el avance de las organizaciones que han recuperado efectivamente territorio, ante el avance de la legislación internacional como el Convenio 169 de la OIT que reconoce los derechos territoriales de los pueblos originarios, que la misma Constitución argentina reconoce. Y se está instalando un fuerte discurso criminalizador que va desde declaraciones –en los diarios de la zona que yo leí– diciendo que el mayor terrateniente son los mapuches hasta decir que no son argentinos, que son chilenos y como tal no tienen derecho a reivindicar territorio argentino. Son cosas que ponen los pelos de punta, porque detrás de eso viene una política de judicialización y de desalojos, no sólo por la tierra sino también por la frontera petrolera y minera. Más si tenés en cuenta lo que sucede en Chile, donde a las organizaciones mapuches se les ha aplicado la legislación antiterrorista de la época de Pinochet. Es complicado. En Tucumán, además fue asesinado el 12 de octubre Jorge Chocobar, algo totalmente silenciado por la prensa y por los políticos que ahora hablan de las organizaciones piqueteras, algo que no en vano sucede en este contexto.

A pesar de cierta “vuelta a la normalidad” de la que hablabas entre 2003 y 2004, parecen haber surgido otros tipos de organizaciones sociales en este período que no son del todo visibles, como las asambleas ambientalistas o los movimientos indígenas.

–Estoy segura de que hay un campo multiorganizacional muy sólido; muy heterogéneo, sí, pero en el que hay acumulación de luchas desde hace varios años que han implicado aprendizajes. Así que la criminalización es generalizada. Es una variable del modelo neoliberal que los distintos actores la usan según su momento político.

El caso de las asambleas socioambientales es particular, sobre todo aquéllas contra la minería, porque son movimientos novedosos. Hoy en día hay unas 70 asambleas –porque la explotación minera es más grande de lo que pensamos– y en ese sentido hemos visto un corrimiento de la judicialización hacia estos grupos. Y aquí la judicialización se ha dado aplicando enseguida la legislación penal en contra del corte de ruta. Efectivamente, el corte de ruta es una metodología utilizada. Y lo cierto es que al ser un fenómeno novedoso y la criminalización hacia ellas también lo es, no hay en Argentina organizaciones de derechos humanos que se ocupen de esta temática y que hayan elaborado herramientas para salir en defensa de conflictos que tienen lugar en pequeñas y medianas comunidades muy alejadas de los centros políticos. En los últimos tiempos se ha empezado a formar una red, pero es una construcción muy lenta que todavía no está consolidada.

¿Cuál es la composición de estas asambleas?

–Estas son asambleas multisectoriales, amas de casa, maestras, comerciantes; es heterogénea porque la implantación de este tipo de explotación en sus localidades afecta a todos y entonces es transversal, no hay clivajes de clase fuerte. Pero en La Rioja, por ejemplo, hay una muy fuerte presencia de mujeres que son emblemáticas, varias de las cuales son maestras a las que se les prohibió hablar de minería en las escuelas. Son cierres de canales de expresión muy fuertes que no son conocidos acá.

Esta es la última expresión de los procesos de criminalización que hay que leer en continuidad porque desde el 2004 ha habido un corrimiento del conflicto hacia lo sindical y lo socioambiental. Y ahora, con el recrudecimiento de la pobreza y el aumento de las brechas de desigualdad, el mundo de los excluidos reemerge desarrollando presencia en el espacio público demandando que lleguen los subsidios para cooperativas y que han empezado a inquietar el discurso del establishment.

Volvemos entonces a advertir un avance de la derecha encarnada en ciertos sectores de las clases medias, partidos políticos, propietarios.

–Creo que lo que ha habido es un avance muy neto de la derecha en un contexto de descomposición del modelo kirchnerista. Sin embargo, ¿por qué no soy partidaria de ver sólo el avance de la derecha? Porque creo que efectivamente ha habido aperturas por izquierda o por centroizquierda. Hoy la capacidad del kirchnerismo de convocar organizaciones sociales ya no la tiene más, se abrió entonces un espacio de izquierda o centroizquierda para desarrollar imaginación política, no solamente en el sentido en que lo pueden postular Pino Solanas o la Constituyente Social. Lo pienso desde el campo de las organizaciones sociales independientes o autónomas. Es un campo, también ése, interesante, para pensar posiciones de centroizquierda y pensar más allá del gobierno. Y eso estuvo invisibilizado sobre todo porque el kirchnerismo parecía invencible.

¿Quiere decir que podría abrirse el espacio para dejar de pensar que hay sólo dos opciones posibles?

–Mi tesis de doctorado, a mediados de los ’90, fue la lectura política y cultural de la dicotomía civilización y barbarie en el espacio político y cultural hasta los años ’70. Y me acuerdo que terminé ese libro señalando que esa dicotomía como lectura omnicomprensiva se había debilitado o desaparecido, que quedaba más bien como mecanismo de descalificación cuando se quiere tildar de bárbaro o antipueblo al otro. Sin embargo, esto se reactualizó. ¡Lo primero que escribí en torno del conflicto con los sectores agrarios fue sobre la reactualización de los esquemas binarios!

Por Marta Dillon


FUENTE: Pagina 12



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